“Los mercados sentirán los ‘efectos secundarios’ del QE durante años”


Después de tres rondas de expansión cuantitativa (quantitative easing, o QE) durante las que ha multiplicado por cuatro su balance, la Reserva Federal (Fed) anunció el pasado mes de junio que, si la economía estadounidense continúa recuperándose como hasta ahora, podría empezar a reducir sus compras mensuales de activos antes de final de año. “El anuncio pilló por sorpresa a muchos participantes del mercado que esperaban que la Fed continuase comprando activos al mismo ritmo al menos hasta finales de 2013. El cambio en las expectativas ha provocado la corrección de los precios de los activos y el repunte de la volatilidad experimentados últimamente”, explica Eric Chaney, responsable del equipo de Análisis y Estrategia de Inversión de AXA Investment Managers, en un reciente informe.

Según declara Leigh Harrison, responsable de Renta Variable en Threadneedle Investments, en el último comentario de mercado de la gestora, “la QE ha sido muy positiva para los activos de riesgo pero, ahora que sabemos que tiene fecha de caducidad, es importante considerar las posibles implicaciones de un mundo sin expansión cuantitativa y, lo que es más importante, con tipos de interés normalizados”.

En este sentido, la Fed ya ha señalado que mantendrá el tipo de interés de referencia en los bajos niveles actuales durante un largo periodo de tiempo para estimular el crecimiento y el empleo, siempre que la inflación no suponga un problema. Sin embargo, el tipo de interés del bono a diez años sí se ha visto afectado por el anuncio del fin de la QE. En AXA IM esperan “un repunte gradual y moderado de los tipos de los bonos estadounidenses. Creemos que el tipo de interés del bono a diez años cerrará 2013 cerca del 2,5% y alcanzará el 3% a finales de 2014, o incluso el 3,5% si la economía estadounidense creciese a un ritmo mayor del esperado”, explica Chaney.

Ambos expertos coinciden en que las inyecciones de liquidez han provocado distorsiones en los precios de todos los activos, “y no solo de los bonos gubernamentales”, apunta Chaney. “Al reducir intencionadamente el coste del riesgo, aumenta la posibilidad de que se generen nuevas burbujas y se multiplica el riesgo moral. Además, la compra ilimitada de bonos gubernamentales podría implicar una monetización de la deuda que acabe provocando un serio problema de inflación”.

La influencia de la QE sobre la renta variable también es obvia para Harrison: “Si dividimos el valor del mercado bursátil estadounidense por el tamaño del balance de la Fed, es evidente que gran parte de la liquidez se ha ido directamente a los mercados de activos y que los avances de las cotizaciones no se ven justificados por la débil recuperación de la economía mundial, pese a los avances registrados por las empresas en los últimos tres o cuatro años. Aunque somos optimistas con respecto a la renta variable, no cabe duda de que el fin del QE supondrá un reto importante y es probable que los mercados sigan sintiendo los ‘efectos secundarios’ de la QE durante años”, añade el experto.

No obstante, parece que los inversores han digerido el anuncio de la Fed durante el mes de julio. Como explica David Shairp, del Grupo de Multiactivos Globales (GMAG) de JP Morgan Asset Management, en un informe reciente, “la renta variable internacional ha vuelto a los máximos de finales de mayo y los tipos de interés de los bonos gubernamentales se han estabilizado en los nuevos rangos, algo más elevados”.

“En este entorno, seguimos apostando por el avance de los activos de riesgo en la segunda mitad del año ya que, en nuestra opinión, los bancos centrales mantendrán sus políticas expansivas al menos hasta finales de 2014, las valoraciones de los activos de riesgo siguen siendo atractivas, sobre todo en comparación con los bonos, y la economía mundial continuará con su proceso de recuperación, algo que resultará más evidente en los mercados desarrollados”, apunta Shairp.

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