Los hombres que no amaban a los fondos


No, no se preocupen, no me he vuelto loco, ni mis sueños más oscuros nada tienen que ver con los fondos y su siempre cuestionable atractivo; simplemente, aprovechando la actualidad del título quiero poner de manifiesto un hecho relevante: hay gente que no trata bien a los fondos, gente que no respeta la esencia misma de lo que constituyen y eso está feo. Hay gente que no entiende, que no sabe relacionarse con este instrumento de inversión, maltratándolo de manera constante, corrompiendo su esencia en una falta de comprensión absoluta.

Desgraciadamente en ese amplio conjunto de maltratadores podemos encontrarnos todos en un momento dado, todo tipo de entidades (gestoras, clientes, comercializadores, reguladores….) que olvidamos que todo esto, todo lo que hacemos, pretende ayudar y servir a nuestras necesidades, no llenarnos los bolsillos ni ocupar un puesto de trabajo desde el cual no se genera lo que los cursis llaman “valor añadido” (huyan siempre de estas tres palabras: “valor añadido”, “sinergia” y “alfa”; háganme caso). Con el paso del tiempo y con la comoditización de las cosas, todos tendemos a quedarnos con lo inmediato, con lo más directo, sin reparar en que casi todas las cosas tienen un porqué y han nacido por algún motivo.

La razón de ser de los fondos de inversión está en la misma naturaleza de la inversión colectiva, que se abre al gran público para que éste pueda canalizar su inversión de una manera segura, diversificada y accesible. Los fondos antes de ser un negocio, son una solución útil, una respuesta a una necesidad permanente y constante de un número amplio de personas a las que por encima de todo hay que satisfacer compartiendo esas premisas fundamentales. El negocio viene después; es muy importante y fundamental, pero por encima del negocio está el servicio que se presta, la finalidad útil de las cosas.

Los fondos no se deberían vender (colocar), sino que se deberían comprar; no deberíamos inducir tanto la venta, ni dejarnos llevar, sino que deberíamos buscar siempre entre las opciones disponibles la mejor de las soluciones a nuestros problemas, deberíamos de comprar servicios, en vez de “productos”. Deberíamos convertirnos en una industria que respetara más herramienta de trabajo, que cuidara más los servicios que presta y que intentara darle la vuelta a las cosas. No hay que olvidar que quien no sabe porqué compra una cosa, acabará antes o después vendiéndola por las mismas razones, y es ahí donde se socava la confianza de los inversores y donde perdemos el respeto al fondo y por tanto a todos nosotros.

Olvidamos muchas veces que hay que cuidar mucho más las relaciones entre los distintos agentes que intervienen en la distribución, sin corromper la relación entre ellos y respetando, por encima de todo el fin último que se pretende alcanzar cada vez que alguien está invertido en un fondo: la satisfacción de sus necesidades de inversión.

Nota al margen: no he tenido oportunidad de leer el libro, ni de ver la película en cuestión pero, al igual que hago con ABBA, me han recomendado evitar hacerlo para no perder la alta estima que tengo de los suecos, cuna de los Nobel, creadores de IKEA y de otros múltiples inventos increíbles.

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