Los gestores de bolsa española coinciden: "quien quiera retornos tendrá que mojarse"


A pesar de que en las últimas semanas los mercados han sufrido por las dudas generadas respecto a la duración e intensidad de las políticas monetarias de los bancos centrales, algunos gestores de bolsa española están convencidos de que la represión financiera está aquí para quedarse. Así lo indicaron José Ramón Iturriaga, gestor del Okavango y el Kalahari Alpha de Abante, Alfonso de Gregorio, director de gestión de Gesconsult, y Gonzalo Lardiés, gestor del fondo Banco Madrid Ibérico Acciones, reunidos en una jornada organizada por CUNEF y el profesor Rafael Hurtado. “Los tipos bajos han venido para quedarse y eso tiene una consecuencia clara en las inversiones, la represión financiera. El que quiera rentabilidad tendrá que asumir riesgo”, dice Iturriaga. “El que quiera retornos tendrá que mojarse”, coincide De Gregorio. Un consejo que dan con la perspectiva de que lo ocurrido el pasado verano no se repetirá éste.

Mojarse en un activo que los tres expertos consideran atractivo ahora por sus valoraciones y las oportunidades que presentan sobre todo las pequeñas y medianas empresas fuera del Ibex, que representan cerca de la mitad de la cartera de Lardiés (al que le gustan nombres como las farmacéuticas Almirall o Rovi, o Ence), el 55%-60% en la del fondo de bolsa española de Gesconsult y más del 70% en la cartera de Iturriaga (con nombres como Catalana Occidente, Mapfre y otros con exposición a la economía internacional como Tubacex o Técnicas Reunidas). “Antes todo subía y bajaba en bloque pero desde mediados del año pasado hay una descorrelación que explica el buen comportamiento de nombres como Grifols”, dice De Gregorio.

“Es el mejor escenario que existe para invertir y el peor para especular”, explica Lardiés, al contrario de lo ocurrido en Japón. “Ahora vemos un mejor escenario para invertir a medio y largo plazo”, añade, mientras Iturriaga considera que “la estrategia de comprar y mantener no está de moda pero volverá”.

En el caso de compañías con negocio nacional e internacional, Lardiés preferiría comprar la parte nacional debido a las valoraciones. “Las empresas con negocio en el exterior ya han recogido eso en su precio y las que salen ahora no confío en que tengan un esquema de inversión sensato”. Matiza que en España no hay grandes conglomerados multinacionales como en Alemania y que se trata más bien de compañías de tamaño moderado y negocio concreto, por lo que hay que ser muy selectivo y separar el grano de la paja. A pesar de ese apetito por las pymes, los tres gestores rechazan invertir en el MAB, pues Lardiés considera que muchos negocios buscan financiación para solucionar sus problemas, en lugar de financiar un crecimiento.

Una canción distinta este verano

De Gregorio considera que la historia vivida el verano pasado no se repetirá ahora, gracias al respaldo de los bancos centrales, a las reformas acometidas en España y en el sector financiero y a la escasa posibilidad de que se produzca una quita entre los tenedores de deuda española. “Este verano no será igual que el pasado, nadie se fija en la ruptura del euro sino que ahora todo depende de la prima de riesgo país”, dice. Coincide Iturriaga en que la clave está ahí y no tanto en otros aspectos como la velocidad de la recuperación económica: “Si se reduce la prima, las valoraciones y las dispersiones se normalizarán y la bolsa española saldrá favorecida por sus actuales niveles, pues el activo lleva tiempo fuera del radar del inversor institucional”.

Un inversor que según Iturriaga se comporta cada vez más como el minorista, lo que aumenta el riesgo de que entre tarde en bolsa. “El minorista entrará cuando haya subido y el institucional aún no lo hace a pesar de que es el momento”, por lo que cree que la historia de la gran rotación estará sobre la mesa durante los próximos años. “El dinero entra en fondos conservadores”, corrobora De Gregorio, mientras Lardiés considera que la renta fija en España ofrece retornos interesantes, al igual que la bolsa. El gestor considera que esa rotación se producirá antes en lugares donde los tipos están más bajos y dice que si sale el exceso de liquidez y el dinero en deuda global, los índices de bolsa se dispararán. Una situación que no desea por su artificialidad.

Continuidad de la represión

Los expertos consideran que los tipos bajos seguirán, pues el Banco Central Europeo “aún tiene pólvora seca” que podría llevarle a acometer mayores bajadas si la situación lo requiere, incluso dejando los tipos de los depósitos en negativo según el gestor de Abante. Para De Gregorio, el respaldo del BCE es nítido desde el verano pasado aunque matiza la necesidad de estar atentos a su papel tras las elecciones alemanas. Lardiés está de acuerdo en que los tipos seguirán bajos pero matiza la existencia de un “equilibrio inestable”, porque ésta es la primera vez que se utiliza la represión financiera para aliviar el endeudamiento de los países y las consecuencias son desconocidas. Por eso habla de potenciales desequilibrios fruto de algún shock inesperado, económico o político.

Un shock que no vendrá por parte de las elecciones alemanas pues, independientemente del resultado, se mantendrán las exigencias de reformas en países como España. “El mejor escenario es el de una coalición entre el Gobierno y los socialistas”, dice Iturriaga, mientras Lardiés explica que las reformas más importantes en España ya se han realizado y se ha producido un cambio de hábitos crucial.

Tocando fondo

En ese sentido, los gestores son positivos: Iturriaga considera que el patrón y los síntomas de los últimos años permiten ser algo más optimistas con la economía española, debido al tirón de las exportaciones y a los efectos de la reforma laboral, que ha mejorado la rentabilidad de las empresas. “El sector privado nos sacará de la crisis”, dice, confiando en la vuelta al crecimiento, aunque menor que antes. Lardiés coincide en que “el crecimiento del pasado no volverá" y calcula entre un 70% y un 90% el ajuste ya hecho. De Gregorio no tiene claro ni si hemos llegado a cambiar el patrón de crecimiento ni si el crecimiento tiene sentido. “Es un mantra que no sirve por sí solo, porque depende de su base. Si la austeridad significa realizar reformas estructurales de calado, bienvenida sea”, apostilla.

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