Los ejes sobre los que se articula la estrategia de BLI-Banque de Luxembourg Investments


El excepcional entorno en el que nos encontramos y las políticas monetarias no convencionales hacen que los desenlaces posibles para el año en curso, en términos de rentabilidad de los mercados bursátiles, sean especialmente dispares: ¿un gran impulso a las cotizaciones inducido por las políticas monetarias no convencionales aplicadas en la mayoría de los países industrializados? ¿O bien un retroceso profundo a causa de la reaparición de tendencias deflacionistas, un recrudecimiento de la crisis europea o una normalización de los tipos de interés más rápida de lo que se asume actualmente?, se pregunta Guy Wagner, economista jefe de BLI-Banque de Luxembourg Investments.

Según explica el experto en un artículo, actualmente cobra más importancia construir carteras capaces de resistir ante diferentes escenarios, en lugar de buscar, cueste lo que cueste, una rentabilidad lo más elevada posible. De ello se deriva que cualquier estrategia de inversión debería articularse alrededor de unos determinados ejes. El primero: adquirir títulos, no mercados enteros. “El entorno actual aboga por una estrategia activa. La prioridad debería ser la búsqueda de empresas de calidad (con escaso endeudamiento, rentabilidad elevada y baja intensidad de utilización de capital) a precios razonables”. Si resulta imposible encontrarlas, Wagner cree que sería mejor mantenerse al margen del mercado incluso si el coste de oportunidad (perderse una subida) puede parecer elevado.

Eje número dos: apostar por empresas poco cíclicas que paguen dividendos periódicos y crecientes. Tercer eje: favorecer a los países emergentes. “Estos mercados no se ven afectados por los problemas de sobreendeudamiento y envejecimiento demográfico que lastran a los países industrializados, y su valoración sigue siendo razonable. De nuevo, se tratará ante todo de buscar activamente empresas beneficiarias de las tendencias estructurales vigentes en estas regiones (y en particular, de la transición hacia un crecimiento basado en la demanda interna), en lugar de invertir simplemente en determinados índices”, señala.

Eje número cuatro de Wagner: adquirir oro como forma de protección frente a un escenario de catástrofe y como activo refugio en un entorno marcado por el deterioro de las finanzas públicas y las políticas monetarias irresponsables en los países industrializados. “Más aún cuando el oro sigue gozando de una relación muy favorable entre oferta y demanda. La compra de títulos de minas de oro tiene igualmente sentido a los precios actuales, a condición de aceptar la volatilidad inherente”, indica el experto de BLI-Banque de Luxembourg Investments.

Por último, el economista cree que conviene subrayar que la renta fija podría tener, asimismo, un papel que desempeñar dentro de una cartera. “Es cierto que la inversión a largo plazo en bonos del Tesoro de muchos países no se justifica desde un punto de vista rentabilidad/riesgo, puesto que el rendimiento a vencimiento de estos títulos es, en muchos casos, inferior a la inflación, lo que implica una pérdida de poder adquisitivo. Ello no es óbice para que, durante periodos de inversión más cortos, estos títulos puedan generar un rendimiento atractivo si los tipos de interés a largo plazo siguen retrocediendo”. Al contrario que en el pasado, y de forma algo paradójica, Wagner reconoce que el equipo gestor adquiriría valores de renta fija en busca de una eventual apreciación del capital, mientras que confiaría más en la renta variable (que paga dividendos) con el objetivo de generar ingresos recurrentes.

Entre los productos destacados que tiene la entidad destacan un fondo mixto flexible, el BL-Global Flexible, y un producto de small caps americanas, el BL-American Smaller Companies.

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