Los efectos del Pervitin (II)


Todos estos eventos han hecho muy compleja la gestión. Cada día es más difícil encontrar empresas que sean capaces de hacer algo que antes era muy habitual, como es dar un guidance sobre la evolución de su negocio en el medio plazo. Cada vez son más conscientes de que sus ciclos de negocio no tienen el comportamiento que solían tener en el pasado. Una escasa visibilidad que, en general, se caracteriza por ciclos muy cortos, donde se alternan con gran rapidez movimientos expansivos y contractivos del negocio.

En este contexto, a mediados de 2015 se lanzó el fondo Alpha Plus Ibérico Acciones. En su primer año de andadura, hemos tenido cuatro eventos negativos que han convulsionado los mercados a nivel global, empezando por la enésima crisis griega de junio–julio pasado, prácticamente sin solución de continuidad la crisis china de agosto, ya algo más tarde los fuertes retrocesos de comienzos de 2016 con materias primas al frente y, para poner la guinda a este primer aniversario, las incertidumbres sobre el Brexit. Este último evento es hoy por hoy el que más incertidumbres genera en el medio plazo, ya que añade dudas a un proceso de construcción europeo, que si ya de por sí podría ser difícil, lo es más si cabe en un entorno donde son enormes los retos a los que se enfrente el sector financiero en la zona. El penúltimo episodio es resolver las necesidades de capital de los bancos italianos y la forma en la que acometer el proceso, dentro de un entorno donde la socialización de las pérdidas no es un proceso tan sencillo como lo era en el pasado.

Mucho nos tememos que este comportamiento anómalo de los ciclos micro sea una de los efectos secundarios de las extremas políticas de los bancos centrales en los últimos años. Cuesta ver esta relación en negocios que aparentemente están al margen de esta política pero, si ponemos el ejemplo de la banca, podemos ver directamente este proceso. A todos los temas regulatorios hay que sumar una política de tipos cero, que está dañando de forma dramática los márgenes. Además, no deja de ser paradójico que, para sorpresa de las autoridades monetarias, los tipos nulos escasamente incentiven la demanda de nuevo crédito, posponiendo sine die las decisiones de inversión. Si el ciclo estuviese normalizado, los tipos deberían de haber comenzado a subir y el crédito debería haber repuntado, por lo que algo no funciona correctamente en el ciclo política monetaria-ciclo crediticio.

Si los ciclos de negocio creemos que están alterados, no lo están menos los ciclos macro y de los mercados. Desde el lanzamiento del fondo, el Ibex 35 se ha dejado alrededor de un 25%, cuando el crecimiento del PIB ha estado por encima del 3%. Se puede justificar de muchas formas, pero no deja de ser llamativo. Por un lado, el peso de sector financiero en nuestro índice es de alrededor del 33%, con un peso en resultados del 45%, enfrentándose a un entorno muy adverso en prácticamente todos los frentes. Por otro lado, ese crecimiento del 3% no ha venido de la mano del crédito ni de la construcción, sino de un patrón de crecimiento mucho más equilibrado, que supuso renunciar al crecimiento económico de corto plazo como algo coyuntural a cambio de una sostenibilidad a medio plazo (estructural), donde han sido clave las ganancias de competitividad.

Todavía es complicado  encontrar  empresas cotizadas que se beneficien de este nuevo entorno y, normalmente, hay que hacerlo en pequeñas compañías y en nichos de negocio muy concretos. Este tipo de compañías son las que hemos buscado desde el lanzamiento del fondo. Posicionamientos en empresas como Fluidra, Europac, Iberpapel, Lar España o Euskatel podrían servir de ejemplo.

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