Lo que Bernanke puede y no puede hacer para mitigar el efecto de la crisis europea


La semana pasada, la Reserva Federal estadounidense anunció la introducción en un tercer programa de Quantitative Easing, mediante el cuál la autoridad monetaria seguirá imprimiendo dinero hasta que el mercado laboral se recupere. Esto representa, según UBS Global Asset Management, un gran cambio en la Fed, que habría decidido proporcionar más apoyo al mercado de trabajo y asumir el riesgo que supone socavar su compromiso con la estabilidad de precios. “Sin embargo, en el entorno actual, la deflación parece un riesgo aún mayor que la inflación”, aseguran desde la gestora suiza.

Según explican en un informe Joshua McCallum y Gianluca Moretti, gestores del equipo de renta fija de la entidad, la iniciativa impulsada por Ben Bernanke sitúa a la Fed a la cabeza de los bancos centrales de todo el mundo a la hora de relajar su política monetaria. “Desde su punto de vista, un repunte de la inflación es poco probable si se tiene en cuenta que soplan vientos en contra de la economía de Estados Unidos, como evidencia el abismo fiscal, la situación del mercado inmobiliario o los efectos de la crisis de la eurozona”. En algunos de ellos, Bernanke poco podría hacer. Sería el caso, por ejemplo, de la crisis que atraviesa el Viejo Continente.

“Además de aplicar una política monetaria ultraflexible y dar alguna conferencia a los europeos sobre cómo hacer frente a la crisis, no hay mucho más que pudiera hacer”. Algo más aporta Bernanke a la hora de favorecer la recuperación del mercado inmobiliario. En lugar de adquirir bonos del Tesoro, la Fed va a comprar valores respaldados por hipotecas (MBS) con garantía de las agencias Fannie Mae y Freddie Mac. En este sentido, tanto McCallum como Moretti esperan que estas compras hagan bajar las tasas hipotecarias, lo que fomentaría una mejora del mercado de la vivienda.

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