‘Liqui’ Luke


A mediados de los años 80, un hombre de carácter tranquilo y semblante despistado, se encargaba de poner orden en el lejano oeste americano. Éste era un vaquero de una de las series de dibujos animados más seguidas de la televisión de la época y tenía una cualidad innata: con su revólver, era un hombre más rápido que su propia sombra. Su nombre era Lucky Luke

Como pueden leer en el titular, me he permitido cambiar el nombre de dicho vaquero por el de “Liqui”. El motivo es muy sencillo. En un entorno económico de muy baja liquidez y con una multiplicación del dinero prácticamente nula, unos mercados financieros todavía muy cerrados, elevada desconfianza y muchos activos cayendo de precio, quien dispone de dinero líquido se convierte en un auténtico vaquero, no del oeste, sino de los mercados. En situaciones como la actual, el dinero es un revólver que, como el de Lucky Luke, es un ciclón que puede llevarse consigo muchos botines si se actúa con la rapidez, claridad de ideas, frialdad y decisión como la que utilizaba el bueno de Lucky.

En los manuales de planificación financiera y, dependiendo del perfil inversor y de sus objetivos, siempre se ha insistido y recomendado un determinado porcentaje de las carteras de inversión en los llamados activos del mercado monetario o cash, es decir, liquidez pura. En los años de bonanza económica, cuando la Bolsa, los inmuebles u otras inversiones multiplicaban varias veces la tasa de rentabilidad que ofrecía el cash, éste se fue convirtiendo en un activo olvidado y despreciado puesto que era abundante en el mercado y no hacía falta tener reservas del mismo. Cualquier activo menos líquido (ej. un terreno, un piso, etc...), podía ser pignorado como garantía en caso de necesidad y obtener así dinero de forma rápida.

Los pagarés, depósitos, cuentas corrientes, fondos de inversión monetarios, repos o las Letras del Tesoro entre otros, cumplen con las premisas que toda liquidez debe poseer: bajo riesgo y escasa rentabilidad pero con una disponibilidad inmediata. Su misión dentro de una cartera de inversión es la de atender a las necesidades a corto plazo del inversor y proporcionar un colchón de seguridad ante posibles oscilaciones del resto de inversiones. Además, en los actuales tiempos de escasez de crédito, la economía nos ha recordado la necesidad o casi la “obligación” de ahorrar y todos los anteriores vehículos son ideales para grandes y pequeños ahorradores que hoy generan un excedente en sus rentas pero que pueden necesitar ese capital a corto o medio plazo si éstas fallasen.

Como conclusión, tengan siempre presente la vital importancia de disponer de activos muy líquidos dentro de su patrimonio. Aunque su remuneración sea baja, considere esa liquidez como una valiosísima arma para poder hacer frente a inesperadas necesidades financieras o bien una arma cazadora de activos a buen precio. Si dispone de ella, podrá hacer lo que decía la sintonía de la serie “bang, bang Lucky Luke... bang, bang Lucky Luke...el más famoso cowboy del oeste...” disparando, financieramente hablando, a muchos activos con precios muy interesantes y que en algún momento seguro que se pondrán a tiro. No tenerla les puede llevar a hacer lo mismo que los hermanos Dalton, los principales enemigos de Lucky Luke y que siempre acababan muy mal: atracar bancos. Esto último, claro está, no se lo recomiendo...

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