Legg Mason sale en defensa de los dividendos estadounidenses


Aquellos que sigan la tradicional estrategia de invertir en empresas que entregan dividendos sostenibles están de enhorabuena: este año las cotizadas del S&P 500 han vuelto a incrementar sus retribuciones en efectivo a los accionistas, hasta el punto de que el dividendo en efectivo a 12 meses (tomando como referencia hasta el 31 de marzo de 2014) alcanzó un nuevo máximo en los 36,23 dólares, según hacen notar los expertos de Legg Mason Global AM. En particular, desde la gestora indican que de las 500 cotizadas del índice, 421 remuneran a sus accionistas y, de ellas, 128 incrementaron su retribución durante el primer trimestre de 2014. 

Para encontrar el anterior máximo de esta referencia hay que remontarse a septiembre de 2008; el repunte tomando como referencia esta fecha es del 25,5%. Asimismo, se trata de un incremento en la cuantía del 65,4% si se compara con los mínimos históricos de 21,9 dólares que se registraron el mes de marzo de 2010. “En un momento en el que los inversores aún se sienten frustrados por los bajos rendimientos de los bonos, los dividendos son muy valorados por los accionistas. De hecho, la rentabilidad por dividendo que actualmente presentan las acciones resulta bastante más convincente que la que ofrecen las inversiones en renta fija”, subrayan desde la firma americana.

Aportan datos que sostienen esta afirmación: la rentabilidad media por dividendo del S&P 500 es del 2% (a 14 de abril de 2014), frente al rendimiento del 0,37% de los bonos a dos años y del 1,61% del bono a cinco años. Si en cambio se toma como referencia el S&P 500 Dividend Aristocrats – compuesto por las compañías que han ido incrementando sus dividendos de forma consistente y constante en los últimos 25 años- ofrecía un rendimiento del 2,33% frente a los treasuries ya citados. 

La otra buena noticia es que el pay out de las compañías estadounidenses (la proporción del beneficio neto destinado al pago de dividendos) se mantiene muy por debajo de la media. Después de un largo periodo de ajuste, en el que las empresas se han dedicado a desendeudarse y sanear sus balances, ahora muchas de las grandes empresas cuentan en sus arcas con dinero suficiente como para mejorar sus remuneraciones, explican. 

“Los recientes incrementos de dividendos probablemente reflejan fuertes balances, fuertes flujos de caja corporativos y confianza empresarial en ganancias futuras. Pero algunos observadores ven estos incrementos como un signo de reticencia a incrementar el gasto sobre capital (capex) y el empleo”, señalan los analistas. El argumento que esgrimen los que tienen el segundo punto de vista es que si las oportunidades de crecimiento en el futuro fueran más sólidas, las compañías no emplearían el dinero de su caja para remunerar, sino para comprar nuevos bienes de equipamiento  y contratar a más personal. 

Desde la firma destacan las ventajas de optar por esta fórmula de inversión: los dividendos aportan rendimientos adicionales a la apreciación de la acción y ofrecen potencial de crecimiento. Asimismo, destacan que las acciones de compañías que retribuyen a sus accionistas ofrecen “un mejor retorno total a largo plazo comparado con las acciones que no reparten dividendo” y mayor calidad de negocio, en el sentido de que “el pago de dividendos de manera sólida y con un crecimiento constante puede ser una señal del status de calidad de una compañía”, constatan desde Legg Mason. 

La última característica a favor de esta estrategia según los expertos de la gestora es que “los dividendos pueden actuar como soporte frente a la volatilidad en el mercado en general, pues históricamente las acciones que pagan dividendos en general han tenido una desviación típica más baja frente a las acciones que no pagan dividendos”. 

 

 

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