Las razones por las que la convergencia en Europa es imposible


¿Es comparable lo que sucede en Europa en cuanto a la unión fiscal con lo que se vive dentro de la propia Alemania? Según explica Markus Peters, gestor de renta fija para M&G Investments, en Alemania las quejas de los länder más ricos por aportar más que los que se encuentran en una situación más desfavorable es constante desde la unificación del hace más de 23 años. Estos länder no entienden por qué deben trasferir sus ingresos fiscales a otros que quizás estén manejando sus cuentas de una manera irresponsable. “Si esto pasa en Alemania, existen dudas de hacia dónde se está dirigiendo el proyecto monetario de la eurozona”, afirma.

Según explica el experto, si se preguntara sobre cómo se pueden resolver los problemas estructurales en la eurozona, la respuesta más frecuente sería a través de una unión fiscal en la que se produjese una transferencia de los estados del norte de Europa a los periféricos. Pero… ¿sería esto posible? “La respuesta la hemos encontrado esta semana: y no me refiero a lo sucedido en Chipre”, afirma. Peters hace referencia al recurso presentado esta semana por los estados de Baviera y Hesse ante el Tribunal Constitucional alemán sobre el sistema de compensación financiera que rige entre los estados federados, cuyo objetivo es buscar la convergencia entre los estados.

Baviera, Baden-Württemberg y Hesse son actualmente los únicos contribuyentes netos, mientras que Berlín es el mayor receptor neto de estas transferencias fiscales. Baviera y Hesse sostienen que el mecanismo actual no crea incentivos para que los beneficiarios netos mejoren su situación financiera. Se dice que las sanciones por mala administración fiscal están desaparecidas, mientras que se disuade a los contribuyentes netos a consolidar sus finanzas si tienen que redistribuir su riqueza. “Básicamente, un estado alemán rico está argumentando por qué debería transferir sus ingresos fiscales a un pobre (y posiblemente irresponsable) de Alemania”, asevera el gestor.

En este sentido, si ya se percibe una significativa oposición a la creación de un mecanismo de redistribución de la riqueza dentro de un país, ¿cómo es posible imaginar a Alemania, los Países Bajos o Finlandia ponerse de acuerdo sobre las principales transferencias fiscales para el sur de Europa?, se pregunta Peters. En este contexto, merece la pena señalar que el Tribunal Constitucional alemán ya dijo el año pasado que cualquier proceso de integración europea, por ejemplo, una unión fiscal, requeriría un referéndum. “En última instancia, los contribuyentes alemanes podrían llegar a decidir si quieren que sus impuestos sean transferidos a otras partes de Europa”.

Por otro lado, queda la cuestión del potencial efecto a largo plazo de la unión fiscal. “En Alemania, las transferencias fiscales desde el sur hacia el norte y el este sin duda han ayudado a los länders a converger en términos de poder adquisitivo y nivel de vida desde la unificación en 1990. Sin embargo, después de 23 años la situación económica sigue siendo muy desigual. Por ejemplo, la tasa de paro en Alemania varía significativamente entre los estados federales. Mientras que el desempleo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental se sitúa en torno al 14%, en Baviera y Baden-Württemberg es del 4%”.

A esto hay que añadir, según el experto, que los lazos históricos de las empresas, la ubicación geográfica y los fundamentos como la disparidad de las infraestructuras o las diferencias cualitativas entre las instituciones educativas y de investigación son otros factores que pueden impedir que alguna vez lleguen completamente a converger. “En la eurozona, para mi este es el quid de la cuestión”, asegura el experto de M&G Investments. “Sólo si aceptamos el hecho de que la plena convergencia y homogeneidad en Europa no es alcanzable –incluso con unión fiscal- podremos ser lo suficientemente pragmáticos como para hacer frente a los problemas de la región”.

Para Peters, se podría llegar a la conclusión de que podríamos ser capaces de mejorar la prosperidad económica y hacer desaparecer la tensión social en la periferia, pero nunca que las economías del sur de Europa se vuelvan tan prósperas y competitivas como las del norte. “Tomemos como ejemplo Estados Unidos. Nadie espera que le nivel de vida, de ingresos medios y de competitividad sea igual o homogénea en todo el país. A pesar de su larga tradición de unión monetaria y fiscal, la situación económica y las oportunidades todavía varían enormemente si usted vive en Nueva York, Detroit, Michigan o Las Vegas”, afirma el experto.

Según explica el gestor, un ciudadano americano puede desplazarse razonablemente desde Detroit a Kentucky si quisiese: se habla el mismo idioma y gran parte de las tradiciones se mantienen. No será capaz de decir lo mismo de un movimiento de Atenas a Munich. Se ha tomado como un hecho en Estados Unidos que un cierto grado de desigualdad y heterogeneidad es la calve de una economía de libre mercado. Esta es una de las razones por las que el modelo de Estados Unidos ha tenido éxito. “Esto sería una idea incómoda e impopular en Europa, donde se cuestionan las ambiciones del proyecto de convergencia de la región, por lo que es legítimo preguntarse hacia dónde se dirige el proyecto del euro”.

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