Las propuestas de Kenneth Roggoff para que los bancos centrales vuelvan a la ortodoxia


¿Han agotado los bancos centrales su arsenal de recursos monetarios? El economista Kenneth Roggoff, ex miembro del FMI y de la Reserva Federal, aborda esta cuestión en la última entrada de su blog, alojado en Project Syndicate. El economista da alguna pista sobre lo que opina de iniciativas como los programas es estímulo cuantitativo QE o la estrategia de forward guidance, al calificarlas como “medidas cada vez más extravagantes”. El experto considera que aún es pronto para ofrecer un análisis concluyente sobre los efectos de la heterodoxia monetaria, pero se muestra claro al afirmar que “no hay ninguna razón para dejar que el límite del 0% de los tipos de interés nominales continúe obstaculizando la política monetaria”.

Roggoff ofrece varias soluciones para evitar que se prolongue esta situación. La primera, la creación de una divisa electrónica, “donde pagar un interés, positivo o negativo, requiera sólo pulsar un botón”. El economista argumenta a favor de esta divisa electrónica que “con el papel moneda -particularmente los billetes de más valor- discutiblemente haciendo más mal que bien, la modernización de la divisa está bastante atrasada”. También considera que la divisa virtual permitiría a los bancos centrales seguir controlando la inflación de la misma forma que han hecho hasta ahora con el dinero físico. 

La segunda propuesta de Roggoff es una idea que han apoyado personalidades como Olivier Blanchard, economista jefe del FMI, el nobel de economía Paul Krugman o Ben Bernanke, ex presidente de la Fed. Se trata de elevar el objetivo de inflación de los bancos centrales desde el 2% al 4%. “Después de dos décadas diciéndole al público que la inflación al 2% es el nirvana, los banqueros centrales desconcertarían a la gente si anunciaran que han cambiado de idea, y no de una forma menor, sino completamente”, manifiesta el estudioso, poniendo como ejemplo lo que sucedió en mayo del año pasado cuando Bernanke anticipó el “tapering”. “La gente se puede preguntar por qué, si los banqueros centrales pueden cambiar su objetivo de largo plazo del 2% al 4%, no mucho después podrían decidir que debería estar al 5% o el 6%”, razona. “Al menos el objetivo existente de inflación del 2% está por algo, porque los banqueros centrales pueden retratarlo como el equivalente moral a cero”, indica. 

Roggoff advierte del peligro de caer en una dinámica parecida a la del periodo de entre guerras, cuando los bancos centrales trataron de volver al patrón oro después del colapso de los bancos por la inflación generada durante la guerra (los gobiernos abandonaron el patrón oro para imprimir dinero fiduciario con el que financiar la contienda). El economista cree que los intentos de retomar este sistema fueron estériles porque los gobiernos perdieron la confianza de la población. “Un movimiento de los bancos centrales hacia un objetivo de inflación del 4% en el largo plazo pone en riesgo desencadenar la misma dinámica”, concluye.  

Por ello vuelve a incidir en la idea de la divisa electrónica: “No requeriría un cambio desestabilizador del objetivo de inflación. Se podrían limar los problemas técnicos menores fácilmente. Por ejemplo, se podría permitir a los ciudadanos realizar transacciones a tipo cero, con un límite”, afirma. El experto va más lejos, al declarar que “los tipos de interés nominales se moverían hacia territorio negativo sólo como respuesta a una profunda crisis deflacionaria”. Y si se llegara a este extremo, con la divisa electrónica los bancos centrales podrían reaccionar más rápidamente de lo que es posible hoy en día. “Durante mucho tiempo los gobiernos han economizado en grandes asuntos y derrochado en tonterías para proporcionar billetes de alto valor, dado que las cantidades elevadas se utilizan en la economía sumergida y para financiar actividades ilegales. Cambiar hacia un sistema de divisas del siglo XXI también haría bastante más sencillo la transición hacia un régimen de banca central del siglo XXI”, concluye el experto. 

El economista Kenneth Roggoff ha ganado popularidad en los últimos años gracias a su coautoría – junto con Carmen Reinhart- de la publicación Crecimiento en tiempos de deuda, cuya conclusión de que resulta muy difícil que una economía haga crecer su PIB con una deuda superior al 90% fue desbaratada por Hernon, Ash y Pollin al demostrar fallos de cálculo en el estudio. 

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