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Las principales barreras de entrada a la ISR


No hay duda de que los criterios ASG en las inversiones van ganando adeptos. Es un proceso de menos a más que en el camino se encuentra barreras de entrada derivadas algunas de ellas del hecho de que se trata de un proceso, una evolución que empezó con la exclusión de empresas, como las armamentísticas o tabaqueras, y que ha ido incorporando otros temas, como el de la gobernanza. Sobre estos problemas han debatido responsables de gestoras de fondos de inversión en un desayuno organizado por Funds People y patrocinado por BNP Paribas Asset Management.

Una de esas dificultades con las que se encuentran las gestoras a la hora de incluir la ISR en las carteras de los inversores es el escepticismo, tanto del cliente interno, el banquero, como del cliente externo. Y en este aspecto la clave es explicar. “Creo que el problema no es tanto que la gente no quiera invertir con estos criterios sino que nos tenemos que explicar mejor. Tenemos que ser capaces de transmitir que no es un tema solo de concienciación con el que buscamos, por ejemplo, luchar contra el cambio climático, sino que es un tema también de puro capitalismo: si se aplican estos criterios a las inversiones la rentabilidad puede ser superior”, apunta Carlos Andrés, responsable de selección de fondos y gestión de carteras de Banca March.

En la misma línea, Sol Hurtado de Mendoza, directora general de BNP Paribas Asset Management para Iberia, comenta que falta formación en las redes y entre los clientes. Considera clave trasladar el mensaje de que se trata de obtener rentabilidad financiera y que, además, se obtiene una rentabilidad extrafinanciera que es la que aporta valor. “La rentabilidad está ahí. Con llegar a la misma que obtiene la gestión tradicional ya está bien porque encima cuentas con el extra de lo que aportan los temas no financieros, algo que es cuantificable o palpable”.

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Para Álvaro Galiñanes, director de Inversiones de Santander Private Banking Gestión, es un tema que la sociedad tiene que asimilar. Explica que lo positivo es que hay por delante una sociedad que ya ha cambiado con las nuevas generaciones, y “ahora lo que falta es aterrizar esos conceptos porque ahí radica la clave. Es necesario para no encontrarnos con un problema a la hora de decir qué es lo que es apto y qué no lo es desde el punto de vista socialmente responsable. Eso es lo que tenemos que trabajar mucho todavía”.

El gran reto, según Ignacio Perea, director de inversiones de Tressis, es que lo socialmente responsable y lo tradicional se mezclen. Si tras cubrir todos los parámetros, los ASG y no ASG, se llega a la conclusión de que un fondo es bueno, lo es no solo para una cartera sostenible sino también para una convencional: “Una vez superemos esa barrera de sostenible vs. no sostenible se integrará de forma natural. Eso es tiempo, es cultura y es formación, tanto de las redes de distribución como de los clientes, sobre todo de los minoristas, ya que el institucional, al menos el gran fondo de pensiones, está más acostumbrado. Todavía nos falta un elemento de aprendizaje”.

De la misma opinión es Carlos Garay, responsable de ISR en Sabadell Urquijo Gestión. Considera que se tiende a encasillar este tipo de producto, lo que, según explica, es un error porque encaja para todo tipo de inversores. Cree que hay mucho desconocimiento todavía: “Hay que hacer la labor de hacerle llegar al cliente que son inversiones que están disponibles, que funcionan y que tienen mucho sentido a futuro”. Además, destaca que falta gama de producto. Por ejemplo, no hay prácticamente fondos de renta variable americana ISR, “y es muy difícil intentar vender este tipo de inversiones a la sociedad si nosotros mismos no nos lo creemos. Tenemos que tener producto”.

Carlos Andrés aportó algunos datos reveladores en este ámbito. En EE.UU., la proporción de activos gestionados con criterios ISR es aproximadamente del 21,6% mientras que en Europa es del 52%. Pese a las cifras, asegura que en EE.UU. los inversores más sofisticados (prívate equity o hedge funds) sí aplican los factores ASG.

El test de idoneidad

Todos coinciden en que es necesario explicar e informar al cliente, un objetivo al que podría ayudar la propuesta de la Comisión Europea (CE) de modificar la Directiva MIfID II para que se incorporen consideraciones ASG en los test de idoneidad. Ignacio Perea cree que esta iniciativa va a forzar un diálogo, “que hasta ahora no tenía lugar”, que en un principio probablemente consista simplemente en rellenar una casilla, pero que poco a poco se irá enriqueciendo.

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Carlos Garay comenta que todo lo que sea institucionalizar es clave y fundamental para que lo conozcan los inversores, y cuantos más inversores sepan que existe la opción de invertir con criterios ASG, más se invertirá.

Informar al cliente, pero ¿hasta qué punto? Álvaro Galiñanes cree que no es necesario contar al inversor hasta la última línea de la cuenta de resultados de la compañía en la que se invierte. Lo que interesa es saber las consecuencias de los actos en los que se está incurriendo al invertir con criterios ISR, y explica que por eso es importante parametrizar, con el objetivo de informar de cuánto mejor es tener ese impacto ISR que no tenerlo desde el punto de vista del resultado de la inversión.

Sol Hurtado de Mendoza coincide en que el cliente no quiere conocer todos los detalles, de la misma manera que no quiere conocer los ROE de todas las compañías en las que se invierte. Lo que considera clave es explicar que se trata de una inversión rentable que, además, aporta un extra de valor añadido no financiero. Y para explicar ese extra hay que usar un lenguaje que la gente entienda: no hablar de kilos de CO2, por ejemplo, sino contar que con la inversión se han evitado emisiones de CO2 que equivalen a un vuelo de Madrid a Barcelona, o que se está contribuyendo a que los alimentos lleguen a todo el mundo, a que el agua sea más sostenible…

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