Las objeciones de las gestoras internacionales a la inversión en bitcoin


El lanzamiento de los primeros futuros sobre el bitcoin durante el pasado mes de diciembre ha supuesto la última excusa para espolear el precio de la criptomoneda… pero también como un argumento más para plantearse si existe una tesis convincente de inversión, o si lisa y llanamente estamos presenciando la gestación de una burbuja. Expertos de gestoras internacionales exponen a continuación sus críticas a la inversión en esta divisa de nueva creación.

Dificultad de valoración

Apelando a lo práctico, en Deutsche AM han desarrollado un proceso de valoración en tres fases para poder determinar si verdaderamente el bitcoin reviste atractivo como inversión. Este proceso incluye un método de valor económico añadido, un análisis de comparables y un modelo de descuento por dividendo, en base al cual se ha determinado que el fair value del bitcoin es de 18.685 dólares… una cantidad que efectivamente pagó algún inversor en la plataforma de criptodivisas GDax el pasado 19 de diciembre.

“Si estuviéramos escribiendo sobre una acción o un bono, mucha gente habría dejado de leer alegremente. Lo seguro es que cualquier método de valoración puede funcionar tan solo una aproximación con otras clases de activos. En lo que se refiere a la criptodivisa bitcoin, un acercamiento basado en la valoración fracasa por completo”, aclara Stefan Kreuzkamp, director de inversiones de Deutsche AM. Éste añade que las dificultades para poner un precio sobre este activo y, por ende, poder saber cuándo es el momento idóneo para comprar o vender, “son la razón por la que no estamos convencidos de que el bitcoin sea una inversión en estos momentos”.

Es un punto de vista similar al que expone el equipo de multiactivos de M&G Investments. Éstos recuerdan que “el manifiesto Bitcoinoriginal no menciona a la criptomoneda como una inversión o como protección contra la devaluación de las divisas tradicionales por parte de los bancos centrales; sencillamente presenta un sistema de pagos que no depende de terceros”. Los expertos declaran que, pese a que el bitcoin se ha convertido en una inversión para muchos, en realidad “representa un activo puramente especulativo en muchos sentidos”.

En la firma consideran que la valoración es un factor importante para determinar qué activos pueden representar una buena inversión. En el caso del bitcoin, a pesar de los intentos por determinar su valor, afirman que “existen muy pocos indicios de que exista un ancla de valoración alguna que nos permita evaluar la rentabilidad esperada en el largo plazo” (leer más).

Dificultad para articular una inversión

Desde Flossbach von Storch, los estrategas de mercados de capitales Philipp Vorndram y Thomas Lehr indican no tener bitcoins en cartera, pero que “ello no significa que no estemos atentos a la evolución del bitcoin”. Los dos expertos explican que los analistas de la gestora ya habían valorado en 2015 la posibilidad de incorporar criptomonedas a las carteras, pero que el resultado del análisis no fue satisfactorio: “Como gestora de fondos que somos no es fácil manejar una cuenta de criptodivisas. Bitcoin, por ejemplo, carece de identificador”. Sobre la posibilidad de invertir a través de certificados, Vorndram y Lehr explican que no cuadra con la filosofía de su gestora, dado que “conlleva riesgo de contrapartida, pues la quiebra del emisor del certificado perjudicaría gravemente nuestra posición”. “En resumen, las razones por las que las criptomonedas no encajan con la inversión en carteras clásicas son principalmente prácticas”, concluyen los estrategas.

Fuerte componente psicológico

Mark Dowding, co responsable de deuda con grado de inversión en BlueBay AM, ha observado en las últimas semanas indicios de avaricia en los mercados, junto con el fenómeno FOMO (fear of missing out- miedo a perderse la inversión). Según Dowding, este último “se está convirtiendo en una de las fuerzas motoras que están influenciando el comportamiento de los inversores”, y es en el bitcoin donde puede observarse mejor la tendencia.

“Sentimos la inclinación de pensar en el bitcoin como en la fiebre del oro de la generación millennial”, afirma Dowding. Como ya sucedió con otras burbujas, como el fenómeno puntocom de finales de los 90, el experto quiere monitorizar como esta supuesta fiebre podría empezar a afectar a otros mercados no relacionados, “al ver el deseo de enriquecerse rápidamente que empieza a evaporarse el conservadurismo que ha caracterizado a la toma de riesgos desde la crisis global financiera”.

El representante de BlueBay advierte que, al haberse incorporado en las últimas semanas nuevos inversores ávidos de rentabilidad, “puede que estemos entrando en una nueva fase más arriesgada, en una burbuja donde la acción de los precios al alza puede ser explosiva y es casi imposible ponerse corto”. Así, Dowding vaticina que “el estallido de la burbuja va a producirse en los próximos doce meses, cuando la oferta de nuevos compradores preparados para perseguir a la cotización se haya agotado”.  

Otras implicaciones

Stefan Kreuzkamp indica que el bitcoin “no es solo una tecnología, también un medio de pago”, una derivada que obliga a analizar una serie de implicaciones adicionales. El representante de Deutsche AM recuerda que “un sistema de pago sólo puede funcionar si un número suficiente de gente confía y acepta de común acuerdo acepta la divisa en cuestión”. En este caso concreto, el director de inversiones afirma que “los bancos centrales son probablemente el mayor obstáculo para las criptodivisas, dado que es poco probable que ninguno de ellos esté interesado en perder el control sobre la oferta monetaria, la creación de dinero y los sistemas de pago”.

La última parte del análisis de Deutsche AM consiste en una comparación entre el bitcoin y el oro. Kreuzkamp ha encontrado varios paralelismos: “Ambos tienen en común el hecho de que su “producción” es relativamente cara, pueden ser usados como cobertura frente al colapso del sistema monetario y tienen muy poca correlación con otras clases de activos. Ambos instrumentos dividen opiniones, y quienes los apoyan tienen miedo de una intervención gubernamental”. Sin embargo, el director de inversiones también establece importantes diferencias: “Sin embargo, tal intervención no ha dañado al oro (cuya posesión fue prohibida temporalmente en países como Alemania, Francia, Reino Unido y EE.UU. durante el siglo XX) en el largo plazo. El oro ha sido precioso para mucha gente durante miles de años, mientras que el bitcoin aún no tiene ni diez años, y está por ver la disposición de sus dueños para aguantar dolorosas caídas de valor”.

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