Las malas prácticas (de cómo la envidia se convierte en muy mala consejera)


No quisiera volver a explicarme haciéndolo mediante metáforas futbolísticas, pero creo que, una vez más, es conveniente y – casi – necesario.

El deporte patrio ha encontrado este año dos equipos muy superiores a los demás, uno de ellos, el Barça que finalmente se ha llevado la liga, como ejemplo de juego; el otro, el Madrid, paradigmático en la envidia y en la justificación injustificable. Viendo estos últimos como no podían batir a los primeros en los campos de juego, inventaron una serie de patrañas que pasaban porque sus rivales eran diferencialmente favorecidos por estamentos federativos y arbitrales, cadenas de televisión y prensa, ampliando los embustes hasta el dopaje y más y más. Los célebres “por qué” de su entrenador han sido manifiestos y objeto de muchos comentarios jocosos.

 

Añado uno. ¿Por qué de tanta envidia? Porque los otros han ganado casi todo… Porque los otros han jugado mucho mejor… Porque los otros son bajitos… No lo se por qué, aunque pienso que todo es culpa de “los otros”.

 

En todos los órdenes de la vida hay quien gana (o lo hace mejor) y quien pierde (o lo hace peor). La distribución de fondos de inversión en España es un claro ejemplo. Cuando el mercado daba para todos, la comunión era clara y todos contentos, pero cuando el volumen a invertir se ha reducido drásticamente han comenzado las críticas a los que más han vendido, “casualmente” los que lo han hecho mejor. Que si esta gestora a saber en qué invierte y cómo valora sus carteras, que si esta otra solamente administra pequeños valores “manejables”, que si aquella está a las órdenes de sus propietarios para mantener la cotización de determinadas acciones, y, así, un más que largo y penoso etcétera.

Creo que en la inversión, al igual que en la vida, deben mantenerse los valores compitiendo con lealtad y limpieza.

 

Mi hija Cristina me obsequió por mi cumpleaños, el 22 de mayo para quien no tuvo oportunidad de felicitarme, que “el tiempo fugaz a cada instante roza el presente y se escapa resignando lo vivido al recuerdo y a nosotros a un final”. Conociéndola, imagino que estará copiado de algún libro de Federico Moccia...

Sobran las palabras y… ¡la envidia!

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