Las lecciones que pueden aprender los inversores del Modelo Yale


Las universidades estadounidenses (al menos más de 60 de las que componen el mapa académico en el país) han conseguido ahorrar en conjunto más de 1.000 millones de dólares. Estos ahorros han sido canalizados a través de fondos de inversiones conocidos como endowments, de entre los que destacan los de universidades como Yale, Stanford o Harvard (leer más). Cameron Ho, miembro de Fidelity Personal Investing (parte de Fidelity International) recuerda cuáles fueron los orígenes de este modelo de inversión y reflexiona sobre la idoneidad de imitar a pequeña escala sus estrategias de asignación de activos.

“Hasta principios de la década de 1970, los endowments de las universidades estadounidenses tenían problemas para batir a la inflación, porque sólo podían invertir en activos muy seguros, como bonos soberanos”, comienza Ho su historia. Todo cambió con la aprobación en 1972 de la Ley de Gestión Uniforme de Fondos Institucionales, que permitió a estos vehículos invertir en activos de mayor riesgo para obtener retornos superiores. “En 1985, David Swensen asumió el rol de Director de Inversiones en el endowment de Yale. Durante los siguientes 15 años, hizo crecer los activos del fondo desde 1.000 millones de dólares a más de 7.000 millones, batiendo en rentabilidad al 96% de los endowments”, detalla Ho.

¿Cuál fue el secreto de la fenomenal rentabilidad de Swensen? Para el experto de Fidelity, fue “su acercamiento radical a la asignación de activos, al invertir hasta el 69% del fondo en alternativos incluyendo hedge funds, capital riesgo y activos inmobiliarios”. Para hacerse una idea de lo fenomenal de esta proporción, Ho aporta un dato sobre la asignación media de los fondos de universidades a alternativos: en 2006, suponían sólo el 22% de las carteras.

“El Modelo Yale de Swensen engendró incontables imitadores que estaban ansiosos de replicar su éxito”, continúa el experto. La Gran Crisis Financiera de 2008 lo cambió todo: después de años con rentabilidades anuales de doble dígito, el endowment de Yale perdió entre junio de 2008 y junio de 2009 una cuarta parte de su valor. “Como resultado de esta caída, Yale y sus discípulos detuvieron la construcción de proyectos, congelaron los salarios, efectuaron despidos, disolvieron equipos deportivos y cerraron bibliotecas”, indica el representante de Fidelity.

La buena noticia es que muchos de los fondos de universidades consiguieron recuperar el terreno perdido durante el mercado alcista post crisis. Sin embargo, el Modelo Yale vuelve a estar bajo sospecha, después de que el Financial Times se hiciera eco de una encuesta efectuada por la Asociación Nacional de Directores Ejecutivos de Universidades en la que se revelaba que los endowment habían perdido de media un 2,9%.

“No es difícil comprender la atracción por los alternativos, Siguiendo la lógica, estas inversiones a veces esotéricas pueden proporcionar mejor diversificación y retornos más altos al perseguir oportunidades exclusivas en vez de en bonos y acciones comunes y corrientes”, afirma Ho. La cara negativa de esta estrategia, continúa el experto, es “afrontar una corrección de mercado con una cartera de activos altamente correlacionados”. La clave de todo este asunto es que, si bien se supone que los activos alternativos están poco correlacionados con la renta variable y la renta fija, “no todos los alternativos cumplen con este objetivo”.

El representante de Fidelity se refiere a un estudio efectuado por Martin L Leibowitz y Anthony Bova, en el que se simuló la rentabilidad de una cartera inspirada en el Modelo Yale y la rentabilidad de una cartera modelo (60% renta fija y 40% renta variable) durante la crisis de 2008. “Descubrieron que la cartera de Yale se vuelve significativamente más correlacionada con el mercado general que una cartera tradicional. En otras palabras, que una cartera basada en el Modelo Yale pierde más dinero que una cartera media de acciones y bonos durante una corrección”, explica Ho.

Éste añade que las pérdidas durante mercados bajistas “pueden ser aceptables para un inversor de largo plazo que esté dispuesto a capear las recesiones en nombre de la segunda ventaja de los alternativos, unos retornos más elevados”. No obstante, la experiencia de 2008 demuestra que “muchos endowments no pueden permitirse este lujo”.

Finalmente, Ho afirma que “la experiencia de Yale es igualmente aplicable a los inversores individuales”. Por tanto, “tener en cuenta la propia tolerancia al riesgo, el horizonte de inversión y la necesidad de rentas es primordial, porque cada inversión alternativa sirve a un propósito diferente”.

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