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Las gestoras reclaman el sello ISR


Actualmente no existe un marco regulatorio que defina y delimite las inversiones socialmente responsables, un marco que es imprescindible para el futuro desarrollo de la ISR y que demandan las gestoras de fondos. Pero la Comisión Europea (CE) ya está trabajando en ello.

La nueva regulación entrará en vigor previsiblemente en el primer trimestre de 2019, algo que el sector espera con impaciencia. En un desayuno de trabajo organizado por Funds People y patrocinado por BNP Paribas Asset Management, Carlos Andrés, responsable de selección de fondos y gestión de carteras de Banca March, comenta que “es un tema urgente”, pero también afirma que el regulador europeo se lo ha tomado en serio, lo que será una ventaja: “Hasta ahora todo era un lío, con varias agencias certificando. Pero, en realidad, ninguno nos creíamos al 100% ninguno de estos certificados. Tener un sello homogéneo nos va a facilitar mucho nuestro trabajo”.

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Según explica, “el ser capaz de definir todos lo que es ISR con un mismo criterio es algo crítico. Implicará que, efectivamente, la rentabilidad establecida y el efecto positivo en la sociedad puede cuantificarse”. En este sentido, comenta que el criterio de buen gobierno, aún siendo a su juicio el más importante, es probablemente el menos medible. En cualquier caso, está convencido de que “poco a poco vamos a ser capaces de decirles a los clientes, con números, las ventajas de la inversión en ISR”.

Sol Hurtado de Mendoza, directora general de BNP Paribas Asset Management para Iberia, también considera que el gran problema de la ISR es que en estos momentos “no hay un sello, no hay homogeneidad y cada uno hacemos las cosas conforme hemos aprendido. Pero se está intentando”.

Recuerda que la CE ha comenzado a desarrollar un marco jurídico de finanzas sostenibles y un plan de acción que incluye la creación de un Grupo de Trabajo, el cual tiene entre sus misiones elaborar la taxonomía como primer paso para llegar a una certificación pública, primero medioambiental, y luego ASG. Y en ese grupo de trabajo de taxonomía destaca que participa un miembro del equipo de sostenibilidad de la gestora, Helena Viñeas: “Se están analizando cuáles van a ser los benchmark, las referencias, para aunar a toda la industria con un único criterio”.

Un universo enorme

El universo ASG es enorme y cada uno se refiere a él de una manera, todas ellas válidas. Ignacio Perea, director de Inversiones de Tressis, comenta que ante esta falta de homogeneidad en el lenguaje han optado por escoger la línea de los Principios para la Inversión Responsable (PRI) de Naciones Unidas con el objetivo de, a partir de ahí, intentar trasladárselo al cliente: “Estamos intentando tener un lenguaje común y poder hablar al menos nosotros de las mismas cosas en los mismos términos, de forma que a partir de ahí sea más fácil traducirlo al cliente”.

A la hora de acercar estas inversiones al cliente utilizan como benchmark cuando se presentan los resultados de la inversión, un índice de referencia convencional. Además, informan sobre asuntos como lo que han votado los fondos en los consejos de las empresas en las que invierten. Y tienen lo que denominan Historias de sostenibilidad, donde se exponen casos del impacto positivo que ha tenido en determinadas compañías la inversión realizada por el hecho de ser sostenible: “Aunque es bastante complicado, el cliente, en alguna medida, tiene una experiencia. No se trata sólo de informar, por ejemplo, de la intensidad de la huella de carbono, sino de intentar trasladarlo. Además, una cosa son las métricas que utiliza el gestor y otra la forma en que se le explica al cliente y que este de alguna manera entienda las bases de lo que está buscando”.

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Álvaro Galiñanes, director de Inversiones de Santander Private Banking Gestión, afirma que “necesitamos que las compañías vayan obteniendo los sellos de ISR, que vayamos viendo que son sostenibles, que van cumpliendo. Cuando tengamos eso será cuando podamos empezar a discriminar fondos que realmente usan los criterios ASG en un porcentaje razonable de sus inversiones”. Considera que todavía será muy difícil, en un primer estadio, encontrar un producto con una cartera 100% sostenible, salvo que sea un fondo muy nicho, por ejemplo, de energías renovables.

A su juicio, el desarrollo va a ser lento, pero menos que en el caso de otros cambios porque hay muchas ganas de llevarlo a cabo, y no se trata de una moda. “No es una cuestión de colocar en la memoria anual que se cumplen determinados criterios, sino que realmente habrá un momento en el que, por un cambio generacional, la sociedad va a demandar que haya una ética en asuntos como el tratamiento del papel o del plástico en una empresa. Pero necesitamos ese sello calificador, y que sea muy homogéneo para que podamos juzgar que una compañía en España, Francia o Alemania cumple efectivamente con los criterios que desde nuestra perspectiva son razonables para invertir”.

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Carlos Garay, responsable de ISR en Sabadell Urquijo Gestión, coincide en que la ISR no es una moda. Considera que cada vez se habla más de ella y se distribuye más, pero todavía queda mucho por hacer, aunque está convencido de que el peso de este tipo de inversiones va a ir en aumento. “La clave es la velocidad a la que se vayan incluyendo estos criterios y la intensidad. Pero también la presión que hagan los inversores”.

Afirma que una cosa es que el gestor o el analista decidan incluir estos criterios bajo propia iniciativa, “y otra que los inversores demanden a su gestor que tenga en cuenta dichos criterios. Veo la ISR como un círculo virtuoso: conforme más cosas se van haciendo en este ámbito, más demanda habrá por parte de los inversores”.

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