“Las empresas son las ganadoras de este entorno, pero sus precios aún no lo reflejan”


Las empresas han salido fortalecidas de la crisis, en un escenario que ha dañado enormemente a las entidades financieras y a unos gobiernos que han absorbido el desapalancamiento de los bancos. “Las compañías son las ganadoras de esta situación, pero esa idea aún no se ha visto reflejada en sus precios”, afirma Frank Groven, especialista de producto en renta fija de Robeco. De hecho, los bonos corporativos, aunque por fundamentales podrían ser verdaderos activos refugio, no lo son desde una perspectiva de reacción de mercado, pues aún no constituyen el lugar donde los inversores acuden en momentos de pánico.

 

En su lugar, siguen dirigiéndose a renta fija gubernamental, como los Treasuries estadounidenses o el Bund alemán, que mantienen ese estatus de activos seguros aunque sus fundamentales sean peores que los corporativos. Incluso en sus carteras de deuda pública han realizado cambios, sustituyendo la deuda periférica europea por la terceros países como Alemania, Francia, concebidos como más seguros. Unos movimientos que Groven tilda de exagerados ante la falta de liquidez, pues “los inversores tienden a sobre-reaccionar”, y que pueden estar gestando algunas burbujas en dichos mercados.

 

Sin embargo, el experto cree que la situación se ha normalizado en las últimas semanas y que, aunque el escenario de extrema aversión al riesgo restó capital a algunos de los fondos de renta fija corporativa de Robeco –sobre todo a los de mayor riesgo-, el fondo Investment Grade Corporate Bonds (IGCB), que invierte en bonos corporativos de alta calidad y que excluye compañías financieras, ha mantenido el tipo. De hecho, los flujos totales del verano han sido positivos, y su tamaño ya roza los 1.100 millones de euros.

 

Sea como fuere, la situación ha dejado buenas oportunidades en todos los segmentos de renta fija corporativa, a tenor de los actuales niveles de spreads –no tan amplios como tras la crisis de 2008, pero que presentan un gran atractivo teniendo en cuenta la mejor calidad de las compañías-. Y es que, además y a diferencia de en 2008 -cuando los inversores vendían masivamente y a cualquier precio y la extrema volatilidad vino apoyada por jugadores apalancados y sintéticos-, “ahora los inversores están más dispuestos a considerar el crédito aunque haya problemas en el mercado y hay más dinero real en el juego de la inversión”, dice Groven, refiriéndose al de inversores tradicionales, long only. Por todo ello, y aunque cree que la nueva regulación de Basilea III supone un riesgo en la medida en que contribuirá a reducir la liquidez y aumentar los costes de transacciones, ha decidido aumentar el riesgo de sus carteras, desde neutral en verano hasta una posición más atrevida.

 

Potencial de la deuda financiera

De hecho, cree que hay muy buenas oportunidades en toda la renta fija, aunque la elección de su segmento va en función del perfil de riesgo. Así, para inversores que consideren la posibilidad de una recesión, recomienda el segmento de bonos con grado de inversión europeo –el que compone su fondo de alta calidad que excluye financieras, nacido en marzo de 2009 para aprovechar el potencial del rally crediticio y que este verano ha vuelto a suscitar gran interés, muy conservador y con baja exposición a la Europa periférica-. Para aquellos más tolerantes al riesgo, cree que hay muy buenas ocasiones en deuda de alta rentabilidad, y para aquellos que tengan fe en los políticos europeos, recomienda deuda financiera, que compone exclusivamente la cartera de otro de sus fondos. “Los retornos más impresionantes podrían venir de este segmento, también ligado a los mayores riesgos”, explica.

 

Dicho fondo se posiciona en deuda de mayor o menor calidad de bancos europeos en función del país (por ejemplo, células o deuda senior en entidades de países como España debido al riesgo macro y deuda subordinada –Tier 1- en entidades de países con mejores fundamentales). Y es que Groven cree que las financieras se beneficiarán de la nueva regulación y que se producirá una transformación en las mismas, al igual que ocurrió con las telecos tras su crisis de los años 90, que las acabará volviendo “aburridas”, algo que es bueno para los bonistas pero menos atractivo para los inversores en renta variable.

 

Con respecto a la deuda corporativa emergente es más conservador: dice que ha actuado como refugio en la crisis “cuando sus fundamentales no lo justificaban”, pues las compañías pueden reflejar una posible recesión en el mundo desarrollado.

 

Importancia de la sostenibilidad

La selección de los nombres que componen las carteras de fondos de Robeco se realiza con una estrategia bottom-up y también incluyendo criterios de sostenibilidad a través de la entidad especializada del grupo, SAM. Este aspecto es importante en la medida en que puede tener impacto en la rentabilidad a largo plazo y en la medida en que, como gestores de renta fija, están más preocupados por evitar los riesgos que por maximizar las ganancias, debido a la asimetría de comportamiento del activo.

 

Nueva clase con cero riesgo duración

Robeco se dispone a crear una clase con cero duración del fondo IGCB, ante la demanda de los clientes y su preocupación ante potenciales subidas de tipos de interés. “La volatilidad de esta cartera de bonos corporativos con grado de inversión es más baja que una cartera de deuda pública gracias su diversificación –entre 60 y 70 nombres- y aún puede reducirse más eliminando el riesgo de tipos de interés”, comenta Groven.

Así, y aunque desde Robeco no creen que la inflación sea un problema a corto plazo, ni siquiera en 2012, esta clase del fondo estaría dirigida a aquellos que quieren cubrirse contra esa posibilidad a un precio muy bajo, y también a los inversores que ahora tienen su dinero en depósitos –y por tanto, ligados al riesgo de una entidad financiera- y quieren diversificar esa exposición. Con respecto a la crisis griega, Groven cree en un default ordenado.

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