Las denuncias sobre la gestión de Madoff que la SEC ignoró


En mayo de 1999, un prestigioso financiero de Boston, Harry Markopolos, entró en la oficina de la SEC, el regulador de los mercados norteamericanos, para advertir de la presunta estafa que estaba realizando el bróker Bernard L. Madoff. Según publica Expansión, seis años después, en noviembre de 2005, entregó al mismo organismo de EEUU una extensa carta en la que daba hasta 29 razones de peso para justificar por qué Madoff estaba inmerso en un fraude piramidal que podía pasar factura al sector financiero.



En ambos casos, estas advertencias pasaron desapercibidas hasta que el mes pasado estalló el escándalo. Markopolos tenía razón y la comunidad inversora ha pagado las consecuencias con pérdidas cercanas a los 50.000 millones de dólares (37.600 millones de euros).



Markopolos era tajante en las conclusiones de su informe: “Demasiado bueno para ser realidad”. Para este experto financiero era insostenible que un inversor lograse las rentabilidades que obtuvo Bernard Madoff durante tanto tiempo y con caídas en tan sólo siete de los 174 meses que investigó. Y todo con unas rentabilidades por encima del 10% año tras año y con pérdidas mensuales de un 0,55% como máximo.



Prefirió enviar sus denuncias de forma anónima “porque estoy preocupado por mi seguridad personal y de mi familia”.



Razones de peso

Para justificar sus afirmaciones, este experto especializado en el mercado de derivados, en el que Madoff decía que se apoyaba, encuentra evidencias matemáticas que hacían imposible la inversión que el bróker decía mantener a sus partícipes.



El bróker norteamericano aseguraba en sus presentaciones a inversores que seguía una estrategia basada en la inversión split-strike, que consiste en comprar acciones de grandes compañías y derivados para cubrir las posibles pérdidas o aumentar las ganancias.



Según las estimaciones del autor del estudio presentado a la SEC, Madoff hubiera necesitado más derivados de los que cotizaban en Estados Unidos para realizar con éxito su estrategia.



Estrategia imposible

Es más, el coste que generan los productos derivados para las gestoras de fondos hacía imposible que Madoff presentase rentabilidades tan atractivas a no ser que nunca fallase en una inversión. “Significaría que es el mejor gestor de renta variable que ha habido desde 1990, por encima de Warren Buffet y Bill Miller. Pero si Madoff nunca ha sonado como gestor de renta variable, mucho menos lo ha hecho como el mejor”, ironizaba Markopolos.



Además, este experto opinaba que, por muy bueno que fuera Madoff, en algún momento se hubiera visto arrastrado por alguna caída de algunas de sus acciones en cartera. “Madoff tuvo que poseer en algún momento una WorldCom, Enron, General Motors o HealthSouth en su cartera cuando se dieron a conocer noticias que hicieron que estos títulos cayeran como rocas”. Sin embargo, el bróker norteamericano mostraba una habilidad impropia para evitar las pérdidas mes a mes.



Bajas comisiones

Otro tema clave era el de las comisiones. Madoff apenas cobraba a sus partícipes, cuando tenía la posibilidad de convertirse en un hedge fund con el que se hubiera embolsado entre un 1% y un 2% anual, más un 20% de los resultados positivos del fondo. Pero esta posibilidad le hubiera dejado vendido ante los reguladores, que hubieran descubierto que en realidad se trataba de un estafador.



Por ello, Madoff optó por otra vía: atraer a gestores de hedge fund que delegasen en él su gestión, desviando así la atención de los supervisores.



Le resultó fácil por su buen historial de rentabilidades y las bajas comisiones que cobraba y que permitían a fondos como el Fairfield Sentry enriquecerse a base de tasas del 1% anual y del 20% de éxito sin apenas hacer nada.



Vehículos opacos

Pero Madoff no sólo cobraba comisiones bajas por las mejores rentabilidades del mercado, además quería permanecer en el anonimato y que los gestores que le contrataban no le mencionasen en los folletos de sus fondos. “Si yo fuera el mayor hedge fund del mundo y tuviera rentabilidades tan atractivas, desearía toda la publicidad posible y aparecer como el mayor hedge fund en los ránkings de la industria”, señalaba el informe de 2005 de Markopolos.



Al parecer, Madoff usaba la misma estrategia para convencer al sector de que le confiase su dinero:“Decía que pasaría por alto el hecho de que sus fondos estuvieran cerrados para dejar entrar a los inversores que se lo solicitaban, porque ellos eran especiales”.



Markopolos va más allá al asegurar que cualquier gestor de fondos que recibiera una negativa de Madoff al solicitar una auditoría debería olvidar al momento su idea de invertir en él.



Según las averiguaciones del autor del informe, ninguno de los hedge fund que invirtieron a través de Madoff, como Optimal, Fairfield o Tremont, eran cómplices de la estafa, sino “gente ingenua con una notable falta de conocimientos en derivados y carentes de habilidad en finanzas cuantitativas”.



Tan claro tenía Markopolos el fraude, que ya en 2005 advertía que, “como consecuencia de este caso, muchas carreras de Wall Street se verán arruinadas”.

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