Las carteras españolas, a examen: qué ha funcionado y qué no


Una corrección no deja de ser un periodo de tiempo demasiado breve como para sacar conclusiones categóricas acerca de la resiliencia de una cartera. No obstante y por la particularidad de esta crisis, resulta interesante analizar el comportamiento de los activos durante las caídas recientes. Según datos del Barómetro de las Carteras Españolas realizado por Natixis IM, las carteras de los inversores nacionales han retrocedido de media un 10,5% entre el 19 de febrero y el 30 de abril, lo que les lleva de vuelta a niveles de 2016.

Por tener una referencia, una cartera moderada es un buen termómetro para comparar cómo se comportan los principales activos antes y durante una corrección. En los últimos tres años, con datos anualizados, el principal motor de las carteras españolas ha sido la bolsa, especialmente la renta variable americana. La renta fija en ese periodo también ha sumado en todo su espectro, desde gubernamentales a corporativos, de grado de inversión a high yield. En general, salvo los alternativos líquidos y la liquidez el balance es bueno, dando una rentabilidad del 4,2%.

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Ahora bien, durante la corrección y hasta el cierre de abril la imagen ha sido más dispar Hay que tener en cuenta que estas cifras recogen también la revalorización de las últimas semanas. Así, la renta fija ha demostrado que sigue teniendo un papel en las carteras. En efecto, ha actuado como colchón para mitigar las caídas y, más importante, han aportado rentabilidad durante el periodo. Pero es importante desgranar las categorías ya que como se aprecia en el gráfico anterior, la renta fija también engloba activos como el high yield o deuda de mercados emergentes que han generado pérdidas del entorno de los dos dígitos.

También es relevante profundizar en el buen comportamiento del oro. Aunque en el cómputo final la rentabilidad es positiva, Juan José González de Paz, consultor senior de Dynamic Solutions (Natixis IM), recuerda que en los días de mayor caída de las bolsas el oro no se libró de la corrección. “Es una cobertura imperfecta”, define el experto.

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Y esto nos lleva a un siguiente punto interesante: los cambios en las correlaciones durante la corrección. Con la única excepción de dólar americano, todos los activos de riesgo han aumentado su correlación. Hay que recordar que toda cifra inferior a 1 aporta correlación negativa y, cuanto más baja, mayor descorrelación.

En cuanto a estilos, es interesante analiza el caso del sesgo value en Europa. En el caso de otros sesgos, como el small caps, una mayor rentabilidad anualizada se ha traducido en mayor caídas y viceversa. Pero en el caso de la inversión en valor el hecho de que se quedase rezagado frente al growth no ha significado una mayor resiliencia durante las caídas. Según explica González de Paz, es un estilo muy castigado en los últimos años. Se nota el impacto de su exposición a sector de materias primas e industriales.

Screen_Shot_2020-05-26_at_18En renta fija también hay casos curiosos desde la perspectiva de la duración. En líneas generales, una mayor madurez ha sido sinónimo de mayor rentabilidad… y de mayor corrección. La excepción en esta crisis ha sido el high yield, que ha corregido prácticamente a la par, según explica González de Paz, por la gran dispersión de los spreads.

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Por último, el retorno absoluto. “Un estilo de gestión más fácil de decir que hacer”, reconoce el experto. En los últimos años las rentabilidades en general no han sido notables (claro que el retorno no es el objetivo final de este tipo de estrategias). “Esa asimetría positiva que se busca con este tipo de estrategias ha resultado más bien en una asimetría negativa”, reconoce González de Paz. El problema es que, más allá del retorno, su papel como descorrelacionador dentro de una cartera tampoco se ha cumplido.

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