Larry Fink pide a las empresas participadas por BlackRock que sumen objetivos sociales a sus objetivos financieros: he aquí las razones


La carta anual de Larry Fink a las empresas participadas por BlackRock - que este año celebra su 30º aniversario- es y no es una sorpresa al mismo tiempo. Si bien la idea en la que insiste ya había sido tratada en misivas anteriores, el tono en el que está redactada sí resulta llamativo: el consejero delegado de la mayor gestora del mundo ha elegido este año como tema central la necesidad de que la contribución de las empresas a la sociedad no sea meramente financiera.  

Fink vuelve a mostrar en esta misiva su preocupación por la creciente desigualdad social, al declarar: “La evolución de la renta variable en 2017 fue extraordinaria, aunque, en paralelo, la frustración y el recelo popular sobre el futuro alcanzaron sus cotas más elevadas”. El experto interpreta la situación como una paradoja, la que constituye “un contexto de elevadas rentabilidades y gran nerviosismo”. Atribuye este fenómeno al hecho de que, mientras que las clases más pudientes han podido beneficiarse del buen comportamiento de los activos de riesgo desde la crisis financiera, al mismo tiempo “un elevado número de personas en todo el mundo tiene que hacer frente a una combinación de tipos reducidos, escaso crecimiento salarial y sistemas de pensiones inadecuados”.

A esto añade el hecho de que buena parte de esta población carece educación financiera, herramientas o simplemente de los recursos necesarios para ahorrar; de los que invierten, a menudo muchos suelen hacer una mala asignación de su capital, al dar un peso predominante a los activos monetarios. Estas observaciones se vinculan con una mega tendencia que BlackRock lleva siguiendo atentamente al menos desde 2014: el envejecimiento de la población y la dificultad para ahorrar en el largo plazo.

Fink denuncia asimismo que este descontento creciente se está desarrollando en un momento en que “numerosos gobiernos se muestran incapaces de abordar determinados retos de cara al futuro: desde la jubilación y las infraestructuras a la automatización y el reciclaje profesional de los trabajadores”. La consecuencia que ha observado el representante de BlackRock es que “la sociedad recurre cada vez más al sector privado y exige que las empresas den respuesta a unos retos sociales de mayor amplitud”. Estas observaciones le hacen de palanca para expresar la idea central de la carta de este año: “Para prosperar a lo largo del tiempo, las compañías deberán no solo generar rentabilidad financiera, sino también demostrar cómo contribuyen de forma positiva a la sociedad”. Dicho de otra manera: BlackRock da un importante paso adelante en la introducción de criterios ESG en su ya tradicional activismo.  

Hacia un mayor diálogo entre empresas y accionistas

Fink propone la creación y desarrollo de un nuevo modelo de gobierno corporativo, y lo hace apelando a los derechos de los inversores en productos indexados: “En el marco de los fondos de gestión activa por valor de 1,7 billones de dólares que gestionamos, BlackRock puede decidir vender los títulos de una empresa si albergamos dudas sobre sus líneas estratégicas o sobre su crecimiento a largo plazo. No obstante, a la hora de gestionar nuestros fondos indexados, BlackRock no puede manifestar su desacuerdo mediante la venta de los títulos de la empresa mientras esta permanezca en el índice en cuestión”. Fink llega a afirmar que, “en este sentido, los inversores en fondos indexados constituyen los inversores a largo plazo definitivos, ya que suministran capital de forma sostenida para que las empresas crezcan y prosperen”.

Fink denuncia que hasta ahora muchas empresas han puesto “un foco excesivo en los resultados trimestrales”, al tiempo que la participación de muchos accionistas “ha estado demasiado centrada en las juntas anuales y en los votos por poder”. Lo que está proponiendo el máximo representante de BlackRock es crear un nuevo diálogo entre empresas y accionistas, que sea más directo, fluido y proactivo. El punto de partida sería una descripción por parte de las empresas de su estrategia de crecimiento a largo plazo. Ésta debería ser comunicada de forma pública, con la confirmación explícita de haber sido revisada por el correspondiente Consejo de Administración.

Fink cree que la estrategia “debe trazar un camino para generar rentabilidad financiera” pero que, para mantener esa rentabilidad, “también debe entender la repercusión social de su negocio, al igual que la medida en que las amplias tendencias estructurales —escaso crecimiento salarial, incremento de la automatización, cambio climático...— afectan a su potencial de crecimiento”. Además, estas estrategias deberían evolucionar a lo largo del tiempo para reflejar los cambios en el contexto empresarial, identificando posibles áreas de descontento para los inversores. “La razón principal que explica el aumento del activismo —y de las estériles luchas por la delegación de los derechos de voto— es que las empresas no han sido lo suficientemente claras a la hora de transmitir sus estrategias a largo plazo”, sentencia Fink.

Asimismo, éste demanda la implicación del Consejo en el desarrollo de la estrategia a largo plazo. Este compromiso debe ser constante y prolongado en el tiempo, puesto que Fink afirma que “los consejeros cuyo conocimiento se deriva únicamente de reuniones esporádicas no están cumpliendo con su responsabilidad para con los accionistas”.

Finalmente, el experto subraya la necesidad de que haya diversidad en los Consejos: “Los Consejos cuyos miembros son de diferente sexo, procedencia, experiencia profesional y parecer cuentan, en consecuencia, con una mentalidad más abierta y diversa. Tienen menos probabilidades de caer en la trampa del pensamiento único o de pasar por alto nuevas amenazas para el modelo de negocio de la empresa. Además, están mejor posicionados para identificar oportunidades que fomenten el crecimiento a largo plazo”.

Con el objetivo de mejorar este diálogo, Fink aprovecha su carta para anunciar que la firma se ha marcado como objetivo duplicar el tamaño del equipo de protección de inversiones en los próximos tres años. Liderado por Michelle Edkins desde 2011, ha sido instrumental en el cambio en el trato de la gestora con las empresas en las que invierte, al pasar de un enfoque centrado principalmente en la votación por poder a uno cimentado en la interacción con las empresas. “El aumento de la gestión pasiva exige que ahora llevemos esta función a un nuevo nivel”, sentencia Fink.

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