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La volatilidad es un arma de doble filo sin la que los inversores no pueden vivir


TRIBUNA de Eugene Philalithis, gestor del fondo Fidelity Funds Global Multi Asset Income Fund. Comentario patrocinado por Fidelity International.

La inquietud en torno a la guerra comercial, la inversión de las curvas de tipos y las desaceleraciones económicas ha puesto nerviosos a los inversores. Una mejor comprensión de la volatilidad y su función en las carteras puede ayudar a los inversores a posicionarse de cara a las posibles turbulencias.

No es ningún secreto que hemos vivido una década sin precedentes desde la crisis financiera en la que los precios de los activos han contado con el apoyo de una política monetaria extraordinaria y han subido de forma generalizada.

Hemos vivido un periodo relativamente benigno con una volatilidad que se ha movido en niveles atípicamente bajos, sobre todo comparado con la década anterior, que fue testigo de la explosión de la burbuja puntocom y la crisis financiera, y que ha provocado que comprar durante las caídas haya sido una estrategia muy rentable. Entretanto, los rendimientos en mínimos históricos han estimulado la búsqueda de rentas, aumentando con ello la demanda de clases de activos de mayor riesgo, como los bonos high yield y la deuda de los mercados emergentes.

No obstante, los inversores que se han acostumbrado a estas excepcionales circunstancias podrían sufrir una sorpresa desagradable cuando los mercados retornen a la normalidad. Resulta imposible predecir con exactitud cuándo llegará el final del ciclo de inversión actual, pero sin lugar a dudas estamos en un entorno de mercado muy maduro y la incertidumbre está elevándose.

A consecuencia de ello, los mercados probablemente se vuelvan más volátiles, pero es importante recordar que la volatilidad actúa en dos direcciones: no todo es riesgo bajista. A largo plazo, los inversores dependen de la volatilidad para generar rentabilidades; es un ingrediente esencial de cualquier estrategia de inversión basada en la exposición al mercado.

La volatilidad en el contexto de la asignación de activos

A largo plazo, cada clase de activo presenta unos promedios de volatilidad y estos suelen converger hacia la media a lo largo del tiempo. De hecho, los niveles relativos de volatilidad en las clases de activos suelen ser más estables a lo largo del tiempo que sus niveles relativos de rentabilidad.

La idea anterior se aprecia en los gráficos que figuran debajo (en inglés), que clasifican las rentabilidades en años naturales de una gama de clases de activos (gráfico 1) y su volatilidad anual (gráfico 2). Mientras que el gráfico 1 presenta un mosaico casi aleatorio de rentabilidades relativas, el gráfico 2 ofrece una imagen más constante de los niveles relativos de volatilidad.

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Fuente: Banco Mundial, Fidelity International, abril de 2019.

Podemos usar estos estudios de volatilidad relativa para configurar carteras de clases de activos con características complementarias y, con ello, mejorar las rentabilidades ajustadas al riesgo.

¿Cómo podemos utilizar el VIX y otras herramientas para medir la volatilidad?

Si tomamos cierta distancia, vemos que la volatilidad es simplemente un indicador de la dispersión en torno a una media y que se mide comúnmente mediante la desviación típica. El índice de volatilidad de la CBOE (VIX) es un índice en tiempo real que mide la volatilidad implícita de los precios de las opciones de venta y compra sobre el S&P 500; dicho de otro modo, mide las expectativas del mercado en relación con el movimiento de los precios de los activos. Denominado a menudo el índice del miedo, el VIX indica periodos de mayor volatilidad bursátil implícita cuando arroja lecturas elevadas, y a la inversa.

Sin embargo, no ofrece una panorámica completa. Más allá del hecho de que el S&P 500 es solo una parte, aunque grande, de la bolsa mundial, el VIX también es un índice a corto plazo, ya que está basado en opciones que expiran a los 30 días. Si nos fijamos en las opciones con vencimientos más largos, surgirá a menudo una imagen más matizada de las expectativas del mercado. Lo mismo ocurrirá si se observa la asimetría (la diferencia de la volatilidad implícita entre las opciones de venta y de compra), que puede poner de relieve el sentimiento imperante en el mercado o la demanda de coberturas.

Los inversores también pueden fijarse en indicadores que cubren la volatilidad realizada histórica, en lugar de la volatilidad implícita futura, ya que esta última generalmente está sesgada a tenor de la prima de riesgo de volatilidad integrada en los precios de las opciones. En otras palabras: las opciones generalmente se venden con una prima para compensar a los vendedores de la protección, lo que puede provocar que la volatilidad implícita sea estructuralmente más elevada que la realizada.

La capacidad de negociar con el VIX es otra posible limitación. Aunque muchos inversores aprecian la capacidad para jugar con la volatilidad directamente a través del VIX, este puede verse influenciado por la dinámica de la oferta y la demanda de sus derivados negociados. Así pues, la proliferación de instrumentos sintéticos podría haber tomado un concepto útil para abordar la volatilidad y haber reducido su utilidad como indicador para los inversores.

Aunque el VIX deriva de las bolsas, existen otros índices similares en otras clases de activos, como las divisas, los tipos de interés y las materias primas. Nosotros usamos una combinación de estos parámetros para calcular un indicador de volatilidad multiactivos que puede representar mejor el sentimiento del mercado para una cartera multiactivos.

En última instancia, los inversores deben recordar que el VIX no es un indicador independiente del riesgo o la aversión al riesgo en el mercado. Puede ser un punto de partida útil para abordar la volatilidad, pero los inversores necesitan ampliar miras y buscar otros datos a la hora de tomar decisiones.

Lecciones clave

Cuando se mide y controla adecuadamente, la volatilidad puede ser útil a la hora de configurar carteras multiactivos, dado que la volatilidad relativa de las diferentes clases de activos se mantiene bastante constante a lo largo del tiempo. Aunque los periodos de volatilidad han escaseado durante la última década, los inversores no deben perder de vista el impacto potencial que pueden tener en las carteras, para bien o para mal. De hecho, la ausencia de volatilidad también conlleva una falta de rentabilidades. Como reza el dicho: Sin riesgo, no hay recompensa.

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