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La tecnología acelera la disrupción, pero tecnología y disrupción no es lo mismo


Una de las tendencias del momento en el mundo de la inversión es la de apostar por compañías disruptivas. Pero para identificar estas empresas hay que plantearse primero qué es disrupción. Expertos en la materia analizan el concepto en un desayuno organizado por Funds People y patrocinado por BNP Paribas Asset Management.

Ramón Esteruelas, Senior Investment Specialist en BNP Paribas AM, y su equipo utilizan como referencia académica un artículo escrito en 1995 por el profesor de la Harvard Business School Clayton Christensen, en el que definió la tecnología disruptiva. Si se utiliza el ejemplo de la industria de la automoción, en los años 80 había un sector que producía un tipo de vehículo grande y poco eficiente desde el punto de vista energético, y de repente apareció Toyota con la fabricación de un coche pequeño y cambió la forma de hacer las cosas en la industria. Eso es disrupción.

Según interpreta Ramón Esteruelas, para este profesor de Harvard, Uber, por ejemplo, no sería una tecnología disruptiva porque lo único que ha hecho ha sido ampliar la demanda, no ha cambiado el servicio ni la forma de darlo. Por tanto, explica que, según este análisis, “lo que hace que una compañía sea disruptiva no es ni un producto ni un servicio sino que es un proceso a través del cual se llega a un producto o servicio que cambia la forma de hacer las cosas en una industria”, y añade que se trata de un fenómeno en alza y en aceleración “debido a que ha aparecido la tecnología, que es omnipresente, está en todas las industrias y en todos los sectores”.

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El debate está servido. Siguiendo con el ejemplo anterior, Pablo Martín, responsable de Fund Solutions de Quality Funds en BBVA, considera que Uber sí es una compañía disruptiva “porque lo que cambia es cómo las personas perciben sus necesidades y cómo interactúan con las compañías”. A su juicio, una empresa como Uber “ha cambiado la industria del taxi. No ha modificado los procesos, pero sí la forma de percibir el servicio. Estamos viendo en todos los sectores que gracias a la tecnología ha cambiado la forma en la que consumimos, se han creado nuevas necesidades”. Además, destaca que la aceleración viene por la conectividad: “Desde que existe Internet todo va más rápido”. Y aporta algunos datos: la radio tardó 40 años en llegar a 50 millones de usuarios, Internet cuatro, Facebook lo hizo en 3,5, e Instagram en seis meses. “La conectividad hace que una empresa crezca o caiga muy rápido”. 

Hablamos de empresas que están irrumpiendo en el mercado haciendo las cosas de una manera totalmente diferente, y son capaces de hacerlo de una forma mucho mas práctica, sencilla y barata en la mayoría de los casos, y eso al final es una fuerza que afecta a todo el mercado”, comenta María Moya, analista de producto del equipo de selección de IIC en Bankia Banca Privada, que añade que cuando “aparece una compañía disruptiva, ya sea Uber o Airbnb, al final es capaz de hacer que todos los precios del mercado se adapten y se ajusten”, y añade que “es una gran amenaza para las compañías que ya estaban posicionadas y que o bien se adaptan y tratan de emular o competir de esa manera o al final van a ser expulsadas del mercado debido a esa bajada de precios tan radical que se puede observar”. Además, insiste en que la innovación tecnológica es uno de los motores fundamentales para que haya compañías disruptivas.

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David Sánchez, analista de fondos en AndBank, coincide en que las compañías disruptivas son aquellas que o bien se fijan objetivos distintos o bien buscan llegar a esos objetivos por otros medios, pero hace hincapié en que las compañías disruptivas siembre han existido, “¿o acaso la invención de la rueda no fue una disrupción?”. Además, pone sobre la mesa la necesidad de poner en valor la separación entre disrupción y tecnología: “La disrupción puede venir de cualquier sitio”, y pone el ejemplo de Ikea, que ha provocado un cambio en la aproximación al cliente. Otro asunto que destaca es el hecho de que “de la disrupción no se puede vivir, al menos en el largo plazo, puesto que por definición la disrupción se acaba con el tiempo porque llegan otros competidores y la disrupción deja de ser tal. Creo que lo que está de moda es la palabra disrupción, pero no el concepto”.

Carlos Andrés, director de Gestión y Asesoramiento en Banca March, hace una aproximación a la disrupción a través del concepto de megatendencia, que “es aquella tendencia que tiene dos características: mucha capacidad de influencia y durante mucho tiempo. La megatendencia, por tanto, según esta definición, no es una moda o un shock de corto plazo”. Y pone varios ejemplos de compañías que han cambiado la forma de hacer las cosas: “Airbnb, el mayor poseedor de camas que no tiene ni una en propiedad; y Fortnite, el primer videojuego social, del que destaca, además, que ha logrado por primera vez atraer al público femenino”. Menciona también el caso de Amazon, que una de las últimas operaciones que ha hecho ha sido comprar una cadena de hipermercados, algo que, a priori, no parece muy disruptivo, pero “Amazon tiene claro dónde quiere llegar y en cada momento se adapta a lo que tiene que hacer. Es uno de los mayores inversores probablemente en tecnología de los últimos años, probablemente también uno de los mayores inversores en inteligencia artificial, pero no tiene miedo de dar un paso atrás”.

 

 

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