La solución incómoda de la crisis


 

Mientras el mundo mediático se centra en justificar todo a partir de las notas que ponen o dejan de poner las agencias de calificación crediticia, y eso que los últimos dos años dichas entidades han sido puestas a parir acusándolas de no valer para nada, se sigue ignorando la mayor a ambos lados del Atlántico. En el lado europeo, lo que el mercado está reflejando es que el problema de la crisis no es griego ni portugués: es de todos. Las interconexiones bancarias hacen que sea tan alemán como español, tan finlandés como italiano. Hasta que no pongan encima de la mesa un plan global, donde se ofrezca refinanciación a largo plazo a cambio de cesiones de competencias fiscales, y se diseñe una nueva garantía paneuropea para la deuda existente, es lógico que "los especuladores del mercado" (gente que tiene dinero y no se atreve a volver a prestarlo estando además en su derecho) sigan castigando a las bolsas y a los mercados de crédito. Hoy el señalado es un banco francés y de paso se castiga a otro alemán. Mañana serán otros pero estamos todos juntos en el mismo barco aunque hablemos idiomas distintos. La solución es incómoda, castigará las cuentas de resultados de bancos y reducirá el margen de maniobra de los políticos nacionales, pero los que elegantemente apuntan a que la solución de Europa es más Europa, lo que están sugiriendo es que vamos hacia una unión fiscal. Salvo milagro divino, las economías no van a crecer a la velocidad que necesitan para pagar lo que deben por si solas, y los que pongan la pasta para financiar los excesos de determinadas economías, van a querer controlar las cuentas de verdad.

 

En lo que a Estados Unidos se refiere, es curioso ver que cuando se está cuestionando "la solvencia del Tio Sam", lo que hacen los americanos es comprar más Treasuries. ¿Compran dólares si lo que creen es que las cuentas del Estado van camino de la quiebra? Siendo conscientes que la Reserva Federal tiene una maquina buenísima para imprimir elegantemente el dinero que haga falta, lo preocupante no es si el Tesoro vaya o deje de pagar. Lo que da miedo, y puede acabar degenerando en una recesión que ningún indicador económico respalda, es que las luchas políticas en año preelectoral, las declaraciones cruzadas y las ingerencias en temas técnicos financieros de los servidores de lo público sean tan cotidianas como perjudiciales.

 

La economía está politizada, quien la despolitizará, el político que la despolitice, un gran político será.

 

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