La ruleta de la fortuna


Muchas veces no valoramos la suerte en su justa medida, puesto que tendemos a olvidarnos de ella cuando triunfamos y la culpamos cuando las cosas se tuercen. La suerte es importante y determina nuestro destino, por mucho que intentemos no hablar de ello o que pensemos que tenemos un control total sobre todo lo que nos sucede. La suerte no debe condicionar nuestros actos, pero no reconocer su existencia es un grave error que cometen muchos, poco conscientes de que, en ocasiones, los resultados no siempre reflejan el trabajo bien hecho. Los seres humanos tendemos a buscar causas siempre a los resultados positivos, buscando en la habilidad nuestra respuesta.

En algunas facetas de la vida, la suerte lo es todo, pero en las inversiones es tan sólo una parte. Jugar a la lotería no requiere habilidad, sino simple azar. En esta industria, en cambio, se requiere un poco de suerte y mucha, mucha habilidad.

En el mundo de la gestión separar suerte de habilidad es el gran reto de los inversores de fondos, que intentan buscar el santo grial en rentabilidades pasadas, la ventana a nuestro futuro. La justificación de que sólo quien ha sido capaz de batir al índice será el único capaz de repetirlo en el futuro es cuestionable salvo que se interprete como un comienzo, como una forma de empezar con un problema de múltiples soluciones. Negar que existe habilidad entre los gestores, como hace Boggle (fundador de Vanguard), basándose en la inconsistencia de los resultados es ir demasiado lejos. Los resultados son inconsistentes porque las situaciones a las que se enfrentan quienes invierten no son siempre las mismas. Pero siempre podemos encontrar habilidad entre gestores. Me niego a pensar que el mundo de la gestión sería mejor con chimpancés autómatas.

Hay muchas teorías que intentan explicar y separar suerte y habilidad, pero hay una especialmente interesante que habla de la “Paradoja de la Habilidad”, la cual viene a enunciar que “cuanta más habilidad hay, cuanto más talento unido, más importancia tiene el factor suerte”.

Pensemos en un peer group con muchos gestores con conocimiento y habilidad profundos, renta variable americana, por ejemplo, con una altísima cualificación entre gestores, siendo el factor suerte, paradójicamente muy importante. En otro caso, renta fija emergente, por ejemplo, el talento es incipiente y determina el éxito en su mayor parte, con poco margen para la suerte.

Esta teoría, que conocemos gracias a Maboussin, explica que son factores complementarios cuya importancia depende también del contexto del que hablemos. No es cierto que en renta variable americana no haya gestores con talento, sino que posiblemente sea todo lo contrario, dejando mucho margen para que la suerte marque diferencias. Si hay algo que es capaz de aclararlo todo en el mundo de la inversión, ese es el factor tiempo, el largo plazo. Nadie puede negar que la suerte tiende a ser un juego de suma cero y que el factor diferencial siempre es la habilidad. Al fin y al cabo, la suerte es para los que no se preparan.

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