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La retirada de los Bancos Centrales


TRIBUNA de Robert Casajuana i Alujas, economista, socio de SLM y director académico de ISEFi.

En la era moderna del sistema financiero internacional teníamos y tenemos una figura clave que siempre está ahí aunque puede hacer notar su presencia de manera más o menos activa. Estamos hablando de los bancos centrales, autoridad monetaria de una importancia crucial para el sistema financiero en su conjunto, para las entidades financieras y en última instancia para la economía real de un país o área económica.

Los bancos centrales con su política monetaria expansiva o acomodaticia, entre muchas otras medidas reducen el precio del dinero (tipo de interés de referencia) y/o inyectan liquidez al sistema comprando activos financieros (normalmente bonos) para dinamizar la actividad económica. En momentos en que la economía crece con fuerza y aparecen las presiones inflacionistas, las autoridades monetarias actúan en sentido opuesto; subiendo tipos y reduciendo la liquidez. Reducen en definitiva su presencia en los mercados.

Las inyecciones de liquidez, también denominadas QE (Quantitative Easing) por sus siglas en inglés, antes de la gran recesión del 2008 eran más raras y excepcionales en el tiempo. Sin embargo, este paradigma cambió totalmente con la tremenda crisis financiera, luego económica, iniciada en 2008. Lo que era una excepción pasó a ser norma y la fuerte presencia de los bancos centrales ha sido continua desde entonces. La FED (Banco Central americano) ha desarrollado su QE desde noviembre de 2008 hasta octubre de 2014. El BoE (Banco de Inglaterra) empezó poco después, en marzo de 2009, y aun sigue inyectando liquidez, el BCE fue quien más tardó en iniciar su QE oficial, lo hizo en marzo de 2015 y aún la mantiene actualmente a razón de €30.000 millones mensuales. El Banco de Japón articula dentro del marco del Abenomics la compra de activos financieros desde abril de 2013

Durante el presente ejercicio, la previsión es que estos bancos centrales reduzcan su presencia en el mercado. Por ejemplo, en EEUU donde las presiones inflacionistas, sin ser alarmantes son más evidentes, la FED podría intensificar su contracción monetaria con 3 o 4 subidas de tipos. El BCE, finalizará su QE el próximo setiembre, aunque su presidente Mario Draghi se guarda la carta de ampliarla si es necesario. El BoE (Bank of England) probablemente tenga que subir tipos para frenar una inflación ya en el 3%.

Es decir, previsiblemente este año lo finalizaremos con menor apoyo de los Bancos centrales. Este hecho conlleva un riesgo: si todo el dinero que venía de la autoridad monetaria de turno no se suple con el dinero de los agentes privados de la economía, tendríamos un problema y podríamos sufrir caídas en precio de los activos financieros por una menor demanda.

A mi entender, esto no ocurrirá porque precisamente los bancos centrales han empezado a retirarse cuando las economías sobre las que han actuado han llegado a un grado de recuperación y solidez suficiente para continuar el camino solas. Es decir, la hipótesis es que los excedentes de la economía serán suficientes para seguir manteniendo un buen nivel de demanda de activos financieros y así mantener sus valoraciones. Obviamente, sin perjuicio de la normal variación de los precios de los activos por el usual desarrollo de los mercados.

Por ello no creo que se cumplan esas tesis catastróficas que nos alertan de las burbujas financieras, sobretodo en bonos, que supuestamente se han creado por la extensa inyección de liquidez de los bancos centrales y que explotarán con su retirada.

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