La República


TRIBUNA de Iñigo Bilbao-Goyoaga, especialista en Fondos de Inversión e Inversión colectiva.

Para que alguien cambie, tienes que ofrecerle algo mejor de lo contrario siempre nos vamos a encontrar con el rechazo al cambio, tema muy estudiado en las Business School. Ofrecer una república en Cataluña sin antes haber destruido la credibilidad de la monarquía era muy complicado. Todos estábamos asustados de las cosas que le habían pasado a Juan Carlos I y a su familia durante los últimos 20 años, pero ahora ya vamos viendo todo con más claridad tras los acontecimientos de octubre.

Lo mismo ocurre en el mundo de los fondos de inversión. Puedes venir con grandes productos y grandes ideas de inversión pero el rechazo al cambio es algo natural que te vas a encontrar tanto en productos como en marcas. Recuerdo la primera vez que me tuve que enfrentar a esta situación. Eran los años 90 y tenía que vender un nombre suizo en el País Vasco. Es la primera vez que me enfrenté a un mensaje que poca gente se atreve a mentar en nuestra industria: misión imposible.

Casi nadie quiere aceptar que hay proyectos imposibles. Eso no quiere decir que no me atreva con proyectos difíciles. Recuerdo cuando una persona de mucha sabiduría me insistía que introducir un nombre de aseguradora en el asset management español era una misión imposible. Al final lo que hice fue darle la vuelta a la tortilla y centrarme en la renta fija. Descubrí que mis interlocutores eran capaces de escucharme si les hablaba de renta fija, pero como muy bien me anticipaba aquel profesional, la renta variable y sobre todo la gestión alternativa me iban a costar mucho.

El nuevo reto de la era moderna es liderar equipos. Algunos lo han convertido en una misión imposible. Ocurrió siempre. Nunca fue fácil elegir la tripulación de un barco. Ser capitán de barco y surcar los siete mares era una misión imposible. Por eso era uno de los trabajos más complicados. Los primeros estudios importantes que se empezaron a ofrecer en Vizcaya fueron los de la escuela naval de Portugalete. Y ya llegar a almirante era como de extraterrestres para los entendidos. Precisamente yo nací en la Avenida del Almirante José Mazarredo, ilustre vizcaíno que vivió entre de los siglos XVIII y XIX. Los rufianes, los pícaros y la gente desleal eran la tónica en la tripulación de los barcos. Siempre nos quedará la carta de recomendación de d’Artañan para recordarnos que la vida no ha cambiado tanto como creemos. Pero el que no se cortó un pelo fue el Vizcaino en su pasaje con Don Quijote. Don Quijote al verle con burro y sin caballo se metió con él diciéndole que no era de buena cepa y que no era Hidalgo. Cuenta Cervantes que aquel vizcaíno sacó su espada y al grito de “Vizcaíno en Tierra Hidalgo en la Mar” le cortó la oreja. Miguel de Cervantes en aquella frase tan breve, resumió la sabiduría que había en aquella tierra y lo poco dispuesto que estaba aquel vizcaíno a aceptar cualquier cambio, sino era para mejorar.

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