La renta variable: el activo más rentable relativo al riesgo en los últimos 112 años


La inflación erosiona el valor de la mayoría de activos financieros. Uno de los datos más llamativos sobre los efectos de la inflación es que, desde el año 1900, el poder adquisitivo ha caído enormemente en todo el mundo: un dólar de antes vale ahora 3,8 céntimos en un entorno en el que los precios en EEUU se multiplicaron por 26, en Reino Unido por 77 y en Italia, por 8.400, según el informe Credit Suisse Global Investment Returns Yearbook 2012, elaborado por Credit Suisse Research Institute en colaboración con London Business School, que, a partir de 112 años de datos internacionales analiza el grado de protección contra la inflación y la deflación de las principales clases de activos, cómo invertir controlando el riesgo de divisa y qué rentabilidad podemos esperar de la inversión en acciones, bonos y efectivo.

 

Cuando la inflación es alta, la renta variable sufre, pero de menor forma que los bonos o la liquidez y además las acciones también ofrecen una mayor recompensa que las inversiones en renta fija. Así, según las conclusiones, la renta variable es una buena cobertura si bien su capacidad de hacerlo es limitada, pues aunque la inflación quita valor real a la renta fija y a la liquidez, las acciones no son inmunes. “Lo que de verdad llama la atención para la renta variable es que, a largo plazo, la prima que ofrece por el riesgo asumido es mayor que en cualquier otro activo". 

 

Así, en todos los países considerados, las acciones locales batieron a la deuda pública y a las letras del Tesoro. A largo plazo, los bonos y las letras proporcionan a los inversores retornos reales bajos y en algunos casos incluso negativos, según el informe.

 

Con respecto al oro, el informe señala cómo se ha apreciado en los últimos años, pero a largo plazo su rentabilidad ha sido más bien modesta y muy volátil. Y mientras ese potencial ha sido limitado, los activos inmobiliarios se han apreciado a una ratio anualizada similar a la del oro, a la vez que sus dueños recibían el beneficio adicional de vivir allí, según el informe.

 

Y es que la mayoría de los inversores están preocupados por la capacidad adquisitiva de sus carteras, y quieren protección frente a la inflación. Pero esa protección también tiene su coste en forma de menores retornos. Así, una cartera con protección puede ir mejor cuando hay aumento de precios pero en entornos desinflacionistas o deflacionistas, su rentabilidad será menor que uno que no esté protegido.

 

Renta fija contra la deflación
Según el informe, los activos que mejor protegen frente a la deflación (más común de lo que se cree) son bastante distintos a las coberturas inflacionistas. Hay algunos activos que lo hacen, y sólo la renta fija lo hace de forma fiable, pues en un entorno de este tipo las bolsas lo hacen peor.

 

Y además, a la vez pueden cubrir contra la inflación. “Las carteras de renta fija pueden tener desde deuda nacional hasta global y bonos ligados a la inflación, a la vez que contar con riesgo de crédito asociado ahora a los emisores públicos”, dice el informe. Algo que también pueden tener las carteras monetarias, con la posibilidad de añadir bonos ligados a la inflación de largo plazo. “Los inversores adversos a la inflación deberían extender su cartera tradicional a activos que puedan aportar protección adicional pero la literatura indica que la sensibilidad a la inflación cambia con el tiempo”, dice el estudio.

 

En las carteras de renta variable, el informe concluye que es necesaria la diversificación internacional, de forma que la exposición a distintas divisas pueda trabajar junto a la exposición foránea de la cartera para proteger contra la inflación local, según el estudio.

 

Fuente: Credit Suisse

Lo más leído