La reforma fiscal en Estados Unidos ya es una realidad: primeras impresiones de las gestoras internacionales


Donald Trump logró acabar el primer año de su mandato con una promesa que le costó bastante cumplir: la mayor reforma fiscal desde la era Reagan, aprobada el pasado 20 de diciembre el Senado y la Cámara Republicana, aprovechando la mayoría republicana en ambas cámaras.

El punto más destacado de la lista de cambios que introduce la reforma es la rebaja permanente del tipo máximo del Impuesto de Sociedades del 35% al 21%, aunque en realidad la lista de cambios es bastante larga. Así, el tipo máximo ha sido rebajado del 39,6% al 37% y será aplicado a individuos cuyos ingresos superen los 500.000 dólares al año, o 600.000 para aquellos que hagan una declaración conjuntos.

El gravamen sobre los dividendos o las ganancias de capital de largo plazo se mantiene de forma similar, con un máximo del 20%. En cambio, la deducción por intereses pagados sobre nuevas hipotecas se ha reducido del millón de dólares a 750.000, aplicable también a segunda vivienda. Según la nueva norma, los impuestos locales y estatales sobre las rentas, los impuestos sobre transmisiones patrimoniales y sobre ventas de bienes limitarán las deducciones a 10.000 dólares. En cambio, se permitirán a las empresas de menor tamaño, empresas de un solo propietario o asociaciones a deducirse un 20% de la renta cualificada de su negocio.

“Aunque la legislación tocará a prácticamente todos los ciudadanos estadounidenses, el impacto sobre individuos y negocios variará”, afirman desde Franklin Templeton Investments Michael Doshier (del área de marketing para la jubilación) y Pierre Caramazza (responsable de la división de banca privada y de distribución de ETF). Los expertos advierten que, si bien muchos contribuidores verán una rebaja en sus impuestos, sin embargo “aquellos que han disfrutado de ventajas por una serie de deducciones y exenciones individuales pueden afrontar unos impuestos anuales más elevados de aquí en adelante”.

La reforma fiscal también presta atención a la tributación de los endowments universitarios. Desde este año, se impondrá una tasa del 1,4% sobre la renta neta de inversión de ciertas universidades públicas y privadas que dispongan de ciertas características, como que cuenten con 500 o más alumnos a tiempo completos y activo de al menos 500.000 dólares por estudiante. “La idea es gravar a ciertas instituciones que están acumulando endowments en vez de satisfacer las necesidades educativas de los estudiantes”, aclaran los representantes de Franklin Templeton.

Impactos

Según las gestoras internacionales, la aprobación de esta reforma histórica tendrá efectos variados y sustanciales para la inversión.  Según Jared Franz, economista especializado en EE.UU. de Capital Group, la reforma “probablemente estimule el crecimiento económico en 2018 y 2019 a través de un mayor gasto empresarial y en consumo”. Según cálculos de Franz, si la renta media de una familia americana ronda los 59.000 dólares al año, con la nueva reforma muchas familias americanas podrían recibir una deducción fiscal de alrededor de mil dólares al año. “Después de casi una década de desapalancamiento, es más probable que los consumidores americanos se lo gasten en vez de ahorrarlos”, afirma el experto. Según cálculos de Capital Group, la rebaja fiscal podría tener un impacto del 0,25% sobre el PIB estadounidense.

La otra cara de la moneda, sobre la que alerta el economista, es el más que probable incremento del déficit presupuestario y de la deuda federal. A esto se añade la posibilidad de que la Reserva Federal incremente los tipos de interés más rápido de lo esperado, “si una mayor fortaleza de la economía estadounidense y el incremento del consumo hacen saltar la chispa de una mayor inflación”, comenta Franz.

Desde BlackRock, el gestor Kent Hogshire muestra más dudas: “No estamos más convencidos de que vaya a producirse inminentemente una subida material del crecimiento estructural”. Hogshire explica que, si bien en la gestora prevén que la actualización fiscal “incentive a las empresas a acelerar su gasto sobre capital”, creen que esto “sólo proporcionará un impulso temporal al crecimiento económico, mientras que van a persistir los obstáculos, como los riesgos en torno al crecimiento en China o la desaceleración del crecimiento de los pozos de petróleo en EE.UU.”.

Además, el experto muestra un optimismo más moderado sobre el impulso del consumo: “Los nuevos límites sobre la desgravación de la hipoteca probablemente ralenticen la actividad compradora de casas hasta que los precios se hayan ajustado por completo a los menores incentivos a los propietarios”.

Impacto sobre la renta variable estadounidense

Elizabeth Mooney, analista contable de Capital Group, se fija en cambio en el impacto de la rebaja del tipo de sociedades. Según un análisis interno de la firma, la rebaja del tipo impositivo al 20% podría trasladarse en un empujón del 10% a los beneficios corporativos de las cotizadas del S&P 500. “Estas son claramente buenas noticias para las empresas americanas y, por tanto, podrían dar apoyo a unas valoraciones más elevadas para la renta variable estadounidense”, afirma Mooney. La experta cita entre los sectores potencialmente más beneficiados a los proveedores de telecomunicaciones, medios de comunicación y ventas minoristas.

“La reforma tributaria podría dar un nuevo impulso a la inversión empresarial y los beneficios” corrobora Kasia Kiladis, directora de inversiones en renta variable estadounidense de Fidelity. La experta añade que “las compañías estadounidenses que pagan los tipos impositivos efectivos más altos se beneficiarán enormemente de los recortes de impuestos”.

Se trata de empresas, comenta Kiladis, que suelen estar centradas en el mercado interno, en contraposición a las multinacionales y su posibilidad de realizar arbitrajes fiscales gracias a su presencia en otros países. “Estas multinacionales suelen concentrarse en los sectores de tecnología y atención sanitaria, donde hay más acciones de momento y crecimiento. Las empresas nacionales que registrarán los mayores ahorros de impuestos son las acciones con valoraciones, en general, más bajas”, aclara la directora de inversiones de Fidelity.

Otra de las grandes promesas de la reforma es la repatriación de beneficios fiscales a un tipo impositivo muy reducido. Los cálculos del analista global contable Dane Mott, también de Capital Group, es que actualmente las empresas estadounidenses tienen 3,2 billones de dólares en efectivo fuera de EE.UU., y que, como máximo, se podrían repatriar unos 1,5 billones “porque, en algunos casos, puede que no sea tan ventajosa la repatriación para ciertas compañías, dependiendo de cuánto efectivo en el extranjero tengan disponible”.

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