La reacción de los expertos a la fórmula elegida para salvar a Estados Unidos del abismo fiscal


A pesar del alivio con el que los mercados mundiales han recibido la solución al precipicio fiscal, su carácter de parche temporal va a dar mucho que hablar en los próximos meses. Si no se logran nuevos acuerdos, recortes de gasto público por valor de 110.000 millones de dólares entrarán automáticamente en vigor el próximo 1 de marzo, prácticamente al mismo tiempo en el que se tendrá que volver a discutir de nuevo el límite del techo fiscal.

La cuestión es que tras el acuerdo de fin de año, las posiciones de demócratas y republicanos están aún más polarizadas. Los republicanos tienen la sensación de que ya han cedido lo suficiente al haber permitido la primera subida de impuestos en dos décadas y querrán centrarse en la eliminación de subsidios y la reducción del gasto público. En cuanto a los demócratas y teniendo en cuenta que las rebajas fiscales de la era Bush sólo se han eliminado para ingresos superiores a 400.000 dólares anuales o 450.000 en pareja, frente al mínimo de 250.000 que pretendían, tienen la sensación de que todavía pueden hacer algo más en ese terreno.

Los recortes de impuestos de George W. Bush se aprobaron en 2001, fueron ampliados en 2003 y el presidente Obama decidió prorrogarlos en 2010. Según el Washington Post, habrían tenido un coste total de 2,8 billones (españoles) de dólares para la hacienda americana (por dar un dato comparativo, las guerras de Irak y Afganistán le han costado al contribuyente estadounidense 1,4 billones de dólares según la Oficina de Análisis del Congreso).

Tal y como ha quedado el acuerdo de enero, se espera aumentar la recaudación en 600.000 millones de dólares en los próximos 10 años, pero en el proyecto original de la Casa Blanca ese aumento era de 1,4 billones de dólares, lo que ha llevado al gurú Nouriel Roubini, a afirmar que lo que se aprobó el pasado martes no fue sino “la extensión de una rebaja fiscal insostenible a un 98% de los norteamericanos”, calificando el acuerdo de “victoria pírrica” para el presidente Obama.

En opinión de Roubini, los mercados van a convivir de momento y en el medio plazo con un déficit más alto, mientras la inflación y el crecimiento sean moderados y el dólar siga siendo la moneda reserva mundial, pero tarde o temprano, habrá que poner orden. Y en serio. Una perspectiva similar tiene el blog “Free Exchange” del Economist, que opina que los mercados se han acostumbrado a una “permanente disfunción del poder político” y a reaccionar de forma binaria ante sus actuaciones en escenarios de “desastre/no desastre”, aunque eso no signifique que estas situaciones no tengan costes, entre ellos, acostumbrarse a soluciones incompletas de última hora.

Las reacciones de las grandes gestoras

Según explica en un informe Richard Lewis, responsable de renta variable mundial de Fidelity, “no hay presión de los mercados para que los políticos se esfuercen más debido a la relajación monetaria sin precedentes que aplica la Fed, que justo antes de Navidad anunció un incremento en el ritmo previsto de compras de activos, de 40.000 millones de dólares al mes a 85.000 millones, hasta nuevo aviso. Así pues, los precios de los activos estadounidenses suben porque se ha evitado el abismo fiscal y porque continúa la relajación monetaria. Es posible que no veamos avances sustanciales reales en el plano presupuestario hasta que el dólar muestre una fuerte debilidad que ponga punto final a las poses políticas en Washington".

En cuanto al coste para la economía, en opinión de Keith Wade, economista y estratega jefe de Schroders, el conjunto de medidas aprobadas podrían tener un impacto de un 1% en el PIB, por lo que en un documento en el que detalla su visión sobre el acuerdo fiscal alcanzado en Estados Unidos mantiene su estimación de crecimiento del 1,9% para el economía estadounidense en 2013. Para Wade, así como para los analistas de Fidelity, lo que más impacto tendrá en el consumo será el incremento del 2% en las cotizaciones a la Seguridad Social.

Según Russ Koesterich, responsable de Estrategia de Inversión de BlackRock e iShares, el acuerdo atenúa el impacto completo de las subidas de impuestos y recortes del gasto público previstos, pero es incompleto en muchos aspectos. "El compromiso seguirá generando una presión fiscal, no logra abordar los retos presupuestarios a largo plazo a los que se enfrenta EE. UU. y deja sin resolver la cuestión del techo de deuda, que supone un reto a corto plazo". En este sentido, se muestra contundente: "es un arreglo temporal, no una solución".

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