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La política monetaria del BCE también se dará un respiro en 2020


Al igual que su homólogo norteamericano, el Banco Central Europeo también ha clausurado el año sin cambios en la política monetaria. La primera reunión de Christine Lagarde al frente de la entidad ha sido de transición. Su primera decisión ha sido mantener el tipo del depósito al -0,5% y las compras de bonos en 20.000 millones de euros al mes, en línea con lo anunciado en septiembre. Lagarde ha lanado un mensaje optimista. Siente que la ralentización de la economía de la zona euro está dando señales de que ha tocado suelo. Por eso ven poco probable un recorte de tipos en el futuro cercano.

Es, en palabras de AXA IM, el escenario soñado para la primera rueda de prensa de Lagarde. “Los datos son suficientemente malos como para justificar el último paquete de estímulos y desechar cualquier cuestión sobre si el banco central había sobrereaccionado en septiembre, mientras que no son lo suficientemente catastróficos como para desencadenar preguntas incómodas sobre cómo podría proporcionar el BCE estímulos adicionales”, explican.

Precisamente las gestoras internacionales esperan del BCE poca acción en los próximos 12 meses. “A no ser que haya algún apocalipsis zombie, o un milagro con la inflación”, afirma Konstantin Veit, gestor de carteras de PIMCO. O por lo menos, menos fuegos artificiales que en 2019. Mark Holman, consejero delegado de TwentyFour AM (Vontobel AM) contempla que reduzca la facilidad de depósitos otros 10 puntos básicos en 2020 hasta -0,60%, y que duplique su última ronda de compras de activos a 40.000 millones de euros al mes.

Lo más notable de la reunión ha sido la revisión de sus previsiones macro: una revisión a la baja del PIB, pero al alza en las de inflación. De ellas Paul Diggle, economista senior de Aberdeen Standard Investments Research Institute, destaca que las previsiones para 2022 se han publicado por primera vez y prevén una inflación medida del 1,6% en 2022. “Para algunos miembros del Consejo de Gobierno, esto será coherente con el objetivo de inflación. Lagarde dijo que esto iba en la dirección correcta pero no era consistente con el objetivo. Para nosotros, esto significa que es necesaria una mayor flexibilidad en 2020”, analiza el experto.

Será un año de transición para lo que espera a los mercados en 2021. Tal y como han anunciado en la reunión de este jueves, la entidad monetaria iniciará en enero una revisión estratégica que concluirá a finales del próximo año. Esto podría suponer, según Veit, la redefinición de la inflación para reflejar mejor el gasto de los hogares, ya que el diseño actual no lo captura correctamente. Y una nueva definición de inflación llevará el índice de precios más cerca del objetivo, lo que reduce la necesidad de más política monetaria acomodaticia.

Pero Martin Moryson, economista jefe de Europa de DWS, no es tan optimista con la posible revisión. “El mandato de un banco central, en particular el Banco Central Europeo, está definido con precisión, y los tratados europeos no permiten ningún experimento importante”, recuerda. Ni un cambio sustancial en la meta de inflación ni una política monetaria que esté fuertemente orientada a objetivos climáticos son lo que permiten los tratados existentes. “El BCE ya ha ampliado considerablemente su gama de instrumentos en los últimos años. No tendrá más remedio que centrarse en más de lo mismo y esperar pacientemente a que sus acciones surtan efecto”, vaticina.

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