La planificación patrimonial familiar constituye un acto de responsabilidad


La planificación patrimonial a nivel individual, y sobre todo a nivel familiar, constituye un acto de responsabilidad. Su objetivo es adquirir, conservar, administrar y disponer de lo necesario para garantizar, en todo momento —incluso después de la muerte—, el bienestar del individuo y de su familia. 

A estos efectos, es necesario hacer un análisis de las distintas opciones económicas, financieras y legales. Una planificación acertada determinará la tranquilidad y seguridad de saber que el individuo, y su entorno cercano, puede acceder a un patrimonio disponible tanto para garantizar sus expectativas a corto, medio y largo plazo como para cualquier eventualidad financiera que pudiera producirse. Se aseguran los recursos económicos necesarios para mantener en cualquier momento y ante cualquier circunstancia el nivel de vida deseado.

La crisis económica, los despidos laborales, la incapacidad permanente, la jubilación… son ejemplos de situaciones que pueden hacer reducir los ingresos familiares.

La estrategia más adecuada para cubrir las necesidades de la familia implica tomar decisiones en distintas cuestiones:

-Asuntos personales que tienen consecuencias patrimoniales, tales como matrimonio o convivencia estable, régimen económico matrimonial aplicable, gestión de patrimonio en caso de incapacidad sobrevenida, tutela de hijos…

-Ingresos: optimización fiscal de los mismos.

-Patrimonio: invertir en bienes inmuebles y productos financieros adecuados a su perfil inversor y edad. Se debe tener en cuenta, ahora más que nunca, además de la rentabilidad, el riesgo, la liquidez, el plazo de inversión y las necesidades de recursos financieros a corto, medio y largo plazo. 

-Riesgos empresariales: protección del patrimonio familiar de los posibles riesgos derivados del negocio.

-Jubilación: la situación de los sistemas de seguridad Social ha hecho indispensable obtener recursos económicos complementarios. El ahorro para la jubilación permitirá un retiro manteniendo el presupuesto deseado. El mismo debe ser dinámico, ya que las circunstancias del inversor cambian y los mercados también.

-Sucesión personal: establecer a quiénes  se desea dejar el patrimonio y en qué proporción (respetando las legítimas) puede evitar conflictos familiares. Además la atribución de determinados bienes a ciertas personas o utilizar la disolución matrimonial para minimizar los costes fiscales son instrumentos que pueden ser utilizados.

-Sucesión empresarial: organización de la misma, nombramiento de sucesor…

En la planificación patrimonial familiar, todo gira alrededor de la persona y su entorno más cercano, su familia. Se ha de evaluar el estado patrimonial actual, flujos de ingresos y gastos previstos, capacidad de ahorro presente y futura, impuestos, jubilación y herencia. Se trata de un proceso “vivo” que se desarrolla en el tiempo y se va adaptando a las diversas expectativas y circunstancias cambiantes a lo largo de la vida.

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