La nueva ilusión monetaria y sus implicaciones para la gestión de patrimonios


Las inversiones seguras, como la renta fija, no son necesariamente buenas para preservar la riqueza y los inversores pueden ser sus víctimas igual que pueden serlo de las arriesgadas. Es una de la conclusiones del informe “La nueva ilusión monetaria y sus implicaciones para la gestión de patrimonios”, correspondiente a noviembre de 2010 y elaborado por Argonaut Capital (ver archivo adjunto). Así, según explica su socio Barry Norris, la llamada “ilusión monetaria” (ilusión de mayor riqueza causada por la política de relajación monetaria llevada a cabo por la Reserva Federal en EEUU y que dará lugar a inflación) es relevante a la hora de invertir, tanto que “debería de conllevar un cambio de actitud en el sector de gestión de patrimonios”. La cuestión en la actualidad es si la inestabilidad del dólar conduce a una situación en la que los accionistas ganan frente al os bonistas. “¿Ganarán los accionistas de hoy lo que pierdan mañana los tenedores de bonos?”, se pregunta Norris.

En el informe, explica cómo las medidas adoptadas por la Fed alentarán la producción a costa de inflación. Un contexto en el que el dinero que está parado en los depósitos y el dinero invertido en todas las formas de deuda valdrá menos relativamente, mientras el invertido en cualquier forma de renta variable se elevará. Norris critica lo difícil de entender que resulta la transferencia de riqueza desde los acreedores o bonistas (que han perdido riqueza) a los accionistas.

“A un alienígena con una licenciatura en económicas que visitara el planeta por primera vez le resultaría difícil entender la popularidad de la que hoy disfrutan los bonos y la impopularidad de las acciones, dadas además las ajustadas valoraciones a las que cotiza la renta variable en términos comparativos”, comenta en el informe, añadiendo que, en el pasado, siempre se había considerado una buena oportunidad de compra para las acciones cuando la rentabilidad del dividendo excedía la rentabilidad de los bonos del tesoro (a 10 años), algo que ocurre hoy, por primera vez desde la década de los 70. Como ejemplo pone a la compañía española Telefónica: “Sus acciones ofrecen una rentabilidad de un 7,4%. En el mundo de los bonos corporativos sólo una compañía con mucho riesgo pagaría tanto”, afirma, señalando la oportunidad que existe sobre todo en las firmas no financieras.

Como si estuviéramos en deflación

“Es discutible si las valoraciones de los bonos corporativos están en una “burbuja”, pero lo que es innegable es que la brecha entre las valoraciones de la renta variable, muy barata, y las altas valoraciones de los bonos sólo puede explicarse por los extendidos temores actuales de enfrentarnos a un crecimiento económico anémico. Los inversores en general, en otras palabras, no están convencidos de que la expansión monetaria cuantitativa funcione y continúan valorando el precio de los activos como si la amenaza de la deflación fuera todavía real”, añade.

Y es que la lógica de Bernanke ha sido puesta en entredicho ante el ejemplo de Japón, debido a una trampa de liquidez consistente en que la expansión de la base monetaria no viene acompañada por la demanda de crédito, pues, en las recesiones económicas, las compañías y los particulares sienten más aversión hacia el riesgo y priorizan devolver su deuda. Norris se pregunta si eso mismo podría suceder en EEUU, pero observa cómo la demanda de crédito está creciendo.

 

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