La nueva carga fiscal perjudica a fondos con garantía externa y ETF


La subida del IRPF para las rentas del ahorro durante 2012 y 2013 orienta al inversor hacia el largo plazo. Los fondos se revelan como uno de los productos mejor situados para sortear estos dos años de elevada carga fiscal. Sin embargo, no todos dan el mismo margen de maniobra. En 2014, supuestamente, el pago fiscal volverá a ser menor al actual. Se volverá a unos tipos impositivos de entre el 19% y el 21% y se olvidarán los actuales que se mueven en el entorno del 21% al 27% de marginal. La lógica lleva a esperar hasta ese momento para materializar beneficios siempre que otros criterios financieros también lo aconsejen.

 

Pero si se necesita liquidez, si se opta por productos con rentas anuales, a un menor plazo o se acude a productos que impiden decidir cuándo desinvertir, se soportará el peso de la fiscalidad más elevada. En este grupo de damnificados están los fondos de reparto, los ETF y, bajo determinadas circunstancias, los fondos garantizados.

 

Fondos cotizados
Un ETF recibe en el IRPF un trato similar a la inversión en acciones cotizadas. Comprar participaciones de un ETF y venderlas va a generar una plusvalía sin retención que se integra en la base imponible del ahorro del IRPF. A veces, el reembolso de un ETF se realiza en especie. En lugar de dinero, el partícipe recibe títulos del índice o de la cesta de valores que componen el ETF o, incluso, participaciones de otro producto cotizado. En ninguno de estos casos habrá diferimiento en el pago del impuesto porque los ETF no disfrutan de traspasos sin tributación. Además, lo habitual es que los ETF repartan dividendo. Esto significa que el beneficio de la inversión se materializa cuando lo decide el fondo y no, el partícipe.

 

En un fondo de acumulación, el inversor maneja el momento de tributar, pero en uno de reparto no. El pago del dividendo del ETF lleva la retención del 21% y no se le aplica la exención de 1.500 euros en concepto de deducción por doble imposición del que disfrutan las acciones cotizadas. Los ETF son productos de gran liquidez y su cotización el día del pago del dividendo refleja esta operación, descontando del precio el reparto realizado. Por eso, al reembolso de un ETF que reparte dividendo se reducen las plusvalías por el valor de la cantidad distribuida.

 

Garantizados
Ante los fondos garantizados, el inversor también tiene las manos atadas parcialmente. Por un lado, porque tienen un vencimiento. Por otro, porque en el caso de que la entidad tenga que poner en marcha la garantía externa al no haberse alcanzado el nivel asegurado, debe entregar el dinero al partícipe. En este caso, se trata de un rendimiento de capital mobiliario sujeto a retención del 21%, que tributa en el IRPF cuando se percibe.

 

Aunque el partícipe no reembolse -porque se renueva el fondo y permanece en él o decide hacer un traspaso-, la garantía externa recibida tributa. Si la garantía es interna, se acumula en el fondo y, en ese caso, sí se produce un diferimiento porque se materializará en el reembolso final.

 

Junto a estos fondos, otros productos tampoco dejan total libertad al inversor. Un accionista decide cuándo vender, pero no cuándo cobrar el dividendo. De un depósito se reembolsa el dinero cuando convenga (aunque sea a plazo fijo y haya penalización), pero el cobro de intereses tiene su fecha. Quien compra un bono, ni puede poseerlo tras su amortización ni decidir cuándo cobrar el cupón. El partícipe en fondos es libre para manejar su tiempo, pero con pies de plomo y sin olvidar que pagar impuestos no es peor que estar en una mala inversión.

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