La neuroeconomía: territorio inexplorado


Imaginen la siguiente situación: se le ofrecen a un individuo dos bienes de idénticas características con el mismo precio. Según la teoría económica tradicional, este individuo debería ser indiferente entre ambos bienes, ya que ambos le reportarían la misma utilidad y, por lo tanto, si dicho individuo tuviera que tomar una decisión acerca de qué bien escoger, podría escoger cualquiera de los dos, puesto que sería indiferente entre ambos bienes.

Sin embargo, en la realidad un individuo puede preferir un bien al otro, lo que en la situación expuesta depende en gran parte de cómo se presenten, del impacto y de la sensación que ambos generen en el individuo. Esto es lo que se conoce como “efecto marco”. Y esto es así porque el proceso de toma de decisiones económicas no solamente es un proceso consciente en el que participa la racionalidad del individuo, sino que también es un proceso inconsciente en el que las emociones o la intuición de un individuo tienen mucho que decir.

La neuroeconomía se dedica al estudio de situaciones como la antes descrita y trata de relacionar la neurociencia, la psicología y la economía para poder explicar de una manera mucho más detallada el proceso de toma de decisiones de los individuos.

Más tiempo irracional que usted solvente

Por otro lado, el hecho de que el proceso de toma de decisiones no sea algo totalmente racional, tiene su mayor exponente en el mercado bursátil. En este punto hay que recordar la famosa cita de John M. Keynes: “El mercado se puede mantener más tiempo irracional que usted solvente”.

Por tanto, si el mercado puede ser irracional, puede ocurrir que algunos de los individuos que participan en él tomen sus decisiones de una manera “inconsciente”. En el proceso de toma de decisiones, aparte de considerar elaborados análisis económico-financieros, un inversor se puede dejar llevar también por la intuición acerca de cuál será la marcha de una determinada compañía. Si en la decisión de este inversor pondera más la intuición que la razón, se trataría de una decisión inconsciente, ya que la intuición le permite saber sin conocer por qué sabe y, es por tanto, un conocimiento obtenido sin recurrir a la deducción o el razonamiento, siendo eso lo que le da a esa decisión el carácter de “inconsciente”.

El camino que abrió el Nobel de Economía Daniel Kahneman fue muy importante, ya que sentó las bases de la neuroeconomía y, debido a sus investigaciones sobre los comportamientos irracionales de los individuos, hoy sabemos que lo que afirma la teoría del homo economicus quizás no sea válido a la luz de la neuroeconomía.

Además, habría que pensar qué pasaría con la mayoría de modelos económicos donde se modeliza el comportamiento humano de una forma racional. ¿Qué ocurriría con ellos? Lógicamente, habría que adaptar dichos modelos para que reflejaran también un comportamiento irracional.

Nuevo e inmenso territorio

Por tanto, la posibilidad de descubrir un nuevo e inmenso territorio del conocimiento económico nos la brinda la neuroeconomía, que tendrá que enfrentarse a numerosos retos y contratiempos en las próximas décadas.

Uno de los principales retos a los que la neuroeconomía deberá enfrentarse es a demostrar que la intuición puede estar a la altura de la razón y, por tanto, que una decisión inconsciente no tiene por qué ser menos válida que una decisión consciente.

Asimismo, otro reto al que la neuroeconomía se enfrenta es explicar por qué en un mercado de bienes se produce el efecto rebaño, bajo el que la decisión de un individuo se ve afectada por las decisiones de otros individuos. Como ven, es algo apasionante.

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