La muerte lenta de España


Todos los países periféricos sufren una situación muy similar: una carga de deuda totalmente insostenible y una divisa demasiado fuerte para sus economías, lo que impide cualquier mejora de la competitividad y el crecimiento. Por eso ya se ha intervenido a Grecia y a Portugal pero los resultados siguen siendo muy mediocres, porque no se han atacado las raíces del problema sino que sólo se ha alargado la agonía. Es totalmente imposible liberarse de estas ataduras sin poder devaluar su propia moneda.

Los políticos ven el euro casi como algo sagrado en contra de toda la razón del mercado y no quieren admitir sus errores, aferrándose a esta construcción absolutamente disfuncional. Por lo tanto, es sólo cuestión de tiempo que también España necesite ser intervenida. No creo que haya suficiente dinero y mecanismos de rescate para un país de estas dimensiones, teniendo además en cuenta que esas necesidades probablemente también se sumará Italia, pero es probable que vayan a intentarlo.

Obviamente la intervención puede venir también disfrazada para no herir el orgullo de algunos políticos y/o países. Las consecuencias serán más medicinas convencionales para curar los síntomas, en forma de recortes, cambios estructurales, estímulos puntuales y subidas de impuestos. Pienso que las dos primeras medidas sí son necesarias para reducir los excesos del pasado pero no son la solución al problema.

Para los países intervenidos y para España veo como única solución verdadera admitir que la divisa no es la adecuada y que la carga de deuda es insostenible y hay que reestructurarla. En otras palabras: hay que hacer un reinicio total y volver a la propia moneda. Será muy doloroso a corto plazo pero es la única forma de empezar a crecer, entre uno y tres años después de haber introducido esas medidas, como vimos en el ejemplo de Argentina o Islandia. No hacerlo será como una muerte lenta, tal vez a corto plazo más soportable, pero fatal a largo plazo.

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