La mediación entre Repsol y Argentina ¿preacuerdo eficaz?


En un mundo globalizado las relaciones comerciales cobran cada vez más importancia. Sirven para como ya dijo el economista David Ricardo que los países puedan aplicar “la ley de la ventaja comparativa” en un sentido colaborativo. Un(os) país(es) exporta)n) y otro(s) importan bienes o servicios.

La confianza es básica para las relaciones comerciales, y aún lo es más en sectores que, como el energético están tan regulados por su carácter estratégico. Sobre Argentina planea la sombra de la desconfianza internacional desde que hace año y medio expropiara a Repsol el 51% de las acciones de Yacimientos Petrolífero Fiscales (YPF).

La primera reflexión que cabe hacerse es que  preacuerdo que cerraron  Repsol y el gobierno argentino plantea dudas serias y razonables en cuanto a su cumplimiento. Repsol da carpetazo a un asunto enfangado en el Tribunal de Arbitraje del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI) en el Banco Mundial.  Argentina habría dilatado el asunto al no reconocer  el nombramiento de jueces-árbitro.

Repsol obtiene 5.000 millones en bonos argentinos a pagar a plazo y a interés aún por acordar. Esa cifra y modo de pago debe resarcir a la compañía petrolera española por la inversión que hizo en 1999: 8.014 Mn$ por el  51% y 15.400 Mn$ en total por el 98% de acciones de YPF.  La cifra que invirtió Repsol es notablemente mayor que la cifra recogida en  el preacuerdo logrado.  Adicionalmente hay que tener en cuenta que Repsol ha invertido desde ese año –y a través de YPF- una cifra cercana a  5.000 Mn$ en exploración y producción. La cifra del preacuerdo resulta aún menor si se tiene en cuenta que en 1999 YPF aún no había descubierto el yacimiento de Vaca Muerta en la provincia de Neuquén y donde se supone que existen ingentes reservas de gas y petróleo.

Además de sorprender la cantidad del acuerdo -que paradójicamente fue bendecido en forma de fuerte subida bursátil para Repsol-, también sorprende la forma de pago, que se ejecutará en bonos soberanos argentinos. Argentina es un país con una calificación de CC según S&P y por tanto con un compromiso de pago “muy vulnerable” según esa agencia de calificación

Repsol exigirá que dicho bono este emitido y tenga pagos de interés en dólares, ya que el peso argentino es una moneda no convertible. El plazo de los bonos también es una cuestión clave. No debe superar los 10 años. La falta de reservas en dólares del Banco Central de la República Argentina (tiene sólo 10.000 Mn$) obligará muy probablemente a que se combinen plazos con distintos vencimientos o a que directamente el plazo sea mayor.

El interés debe estar en consonancia con el riesgo del emisor, el elevado plazo y la moneda de emisión y de pago de intereses del bono. Teniendo en cuenta la cotización en el mercado secundario (de negociación) de bonos de similares características (10 años, y en dólares) el interés no debe bajar del 14%.

¿Qué es lo que ha motivado la negociación-mediación entre las partes? Repsol quería terminar cuanto antes con un dolor de cabeza. El gobierno español (que ha sido el mediador de esta operación ) deseaba que las partes alcanzarán un preacuerdo aceptable para ambas.  Y  Argentina quería lograr un acuerdo con Repsol que implicará pagar la mínima cantidad posible por algo que le generará ingentes ingresos en los próximos años. Argentina quería un acuerdo porque en ello se juega la inversión de otras compañías para desarrollar (entre otros) el yacimiento antes citado de Vaca Muerta. Además de paso Argentina ha logrado pagar con la emisión de bonos con unas condiciones aún por negociar. La naturaleza del preacuerdo y sus características explican por qué Cristina Fernández de Kirchner está exultante, y sirven para explicar y/o comprender la ausencia del presidente de Repsol, Antonio Brufau, durante las conversaciones del preacuerdo en Buenos Aires.

Argentina ha contado con un aliado extraordinario: Petróleos de México (PEMEX, una compañía del estado azteca), que posee el 9,4% y a que a su vez necesitaba también del preacuerdo para poder justificar sus futuras inversiones en el país austral.

¿Merece la pena el preacuerdo logrado? ¿Hubiera obtenido Repsol una compensación mayor en el arbitraje del CIADI en el Banco Mundial? A tenor de los datos parece que los números y el modo de pago sugieren que es una mala solución, aunque en cualquier caso, es mejor que esperar a ver lo que dictaría el arbitraje del CIADI tras varios años.

Otra pregunta clave es ¿Se cumplirá el acuerdo? Probablemente y a tenor de las reservas de dólares que atesora Argentina, no. Los intereses a pagar por Argentina podrían rondar la cifra de 700 Mn$/año.

Repsol gana tiempo para recuperarse de este mal acuerdo. De esa forma centrará sus esfuerzos en su presente y en el futuro de su negocio. Así podrá convencernos a analistas y a inversores de que ha tomado la decisión correcta. Más vale un mal acuerdo que un problema de incierto horizonte de resolución.

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