La jubilación de Bob Esponja


El mundo está loco, muy loco. No hay más que ver el telediario o pasearse un día por Preciados (realmente vale cualquier núcleo urbano) para que uno se dé cuenta de que muchas cosas no tienen sentido. Todas las plazas están llenas de Bob Esponja de franela y “Mickey Mouses todo a 100”, todos con globos en la mano intentado colocárselos a los niños y padres poco precavidos. Todo esto mientras un grupo de japoneses hacen fotos a una estatua humana que imita a la Torre de Pisa. No es un sueño, son mis vacaciones de Navidad. Son las siete de la mañana y no se me ocurre otra cosa que ponerme a leer la prensa. Dicen que tener un bebé de cuatro meses hace más fuerte, pero, tras tres hijos, puedo afirmar que esa frase es de un soltero sin hijos o de los protagonistas de Las Sombras de Grey, porque si no es así, “mí no comprender”. Abro mi iPad, que es lo único bueno que han traído las Navidades, y leo: “Hora de afrontar la bomba demográfica”.

Por un momento pienso que me he equivocado de web, que me he metido en La Sexta o algo así. Sigo leyendo: “En 2022, por cada diez españoles en edad de trabajar, habría seis ancianos y niños a los que mantener, uno más que en la actualidad”. Nuestro país amenaza con convertirse en uno de los países más envejecidos de Europa. Por lo tanto, la pirámide de la población española engordará en la cúspide y adelgazará en su base. Pocos cotizantes para muchos pensionistas. Para un sistema de reparto como el nuestro, el sistema de pensiones sería inviable si no se abordan modificaciones. Los supuestos de crecimiento económico no se cumplen y la inflación ahoga nuestro poder adquisitivo. Y pienso (en bajo, porque son las siete de la mañana): “no es una bomba, sino el futuro de todos nosotros, de todos los que estamos trabajando a día de hoy, y nadie se plantea cambiar el actual sistema, nadie tiene el coraje suficiente para diseñar un sistema distinto al actual, un esquema piramidal como la copa de un pino”.

Envidio a mi hijo porque uno con cuatro meses no es consciente de que los Bob Esponja son de mentira, no es consciente de que 20 años más adelante tendrá un futuro un poquito más complicado que el que nos ha tocado vivir a nosotros, que tendrá que pagar la factura de su padre porque su padre hizo lo mismo con su abuelo... Y todo porque nuestra generación no ha sabido adoptar unas decisiones comprometidas, que tienen un coste político que nadie quiere asumir. ¿Para cuándo la privatización de las pensiones? ¿Cuándo dejaremos de hipotecar a las nuevas generaciones? Muchas reformas, mucho Bruselas para arriba, Estrasburgo para abajo, y nadie, nadie se atreve a hablar de esto. ¿Por qué esperamos a que haya más Bob Esponjas que niños?

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