La inversión socialmente responsable es rentable


Actualmente, las crisis parecen estar en todas partes: inmobiliaria, financiera, de deuda, de uso de recursos naturales, alimentación y energía. ¿Podemos aplicar criterios de sostenibilidad para anticipar las crisis o salir lo más rápido posible de ellas? La respuesta es afirmativa. La inversión sostenible tiene cierta capacidad de resistencia, tanto en renta variable como fija, y es aplicable a países desarrollados y emergentes.

En concreto, el empleo de criterios de sostenibilidad extra-financiera –medioambiente, responsabilidad social y gobierno corporativo- puede aplicarse para seleccionar las empresas con sostenibilidad superior en cada sector. Es la metodología de “los mejores de la clase”, que elige a las compañías que muestran menor diferencia salarial entre hombres y mujeres, menor emisión de gases de efecto invernadero y mayor capacidad para crear empleo, y a la vez ofrecen más rentabilidad que sus competidores.

Tres niveles de acción de gobierno corporativo

Este enfoque tiene varias etapas e incluye diálogo con las compañías para tratar de cambiar las cosas. En la primera fase, para proteger al inversor de riesgos de reputación o éticos, hay que aplicar criterios de exclusión. Entre otras consideraciones es posible evitar empresas en riesgo de contribuir a violaciones de principios y derechos humanos, corrupción o daños al medio ambiente. 

Ethos, una fundación suiza adherida a los principios de inversión responsable de Naciones Unidas, que trabaja para fondos de pensiones suizos, colabora con las empresas seleccionadas proporcionando directrices y facilitando derechos de voto. Por ejemplo, la empresa Fibria en Brasil tuvo problemas con las autoridades en relación con la protección de bosques y Ethos trató con ellos sobre códigos de conducta. La empresa se ha comprometido a responder con medidas innovadoras y ambiciosas e incluso mejores prácticas. 

Por su parte, Syngenta, fabricante de fertilizantes, semillas y herbicidas, incluye el producto Paraquat, que no se vende en Europa ni EEUU porque tiene efectos secundarios y solo se puede emplear con protección, muy cara para agricultores de Latinoamérica, donde se vende con simple indicación de riesgo. Hubo casos de personas que enfermaron. Ethos propuso a Syngenta que adoptase rápidamente una ambiciosa estrategia con objetivo "cero uso indebido", con acceso restringido a Paraquat.

Hay que incluir componentes de sostenibilidad financiera

Pero para que esta estrategia de inversión sea verdaderamente sostenible hay que incluir componentes de sostenibilidad financiera. En contraste con el análisis financiero convencional a corto plazo, se trata de identificar factores positivos para la supervivencia a largo plazo de la empresa, que contribuyan además a la estabilidad de los mercados financieros y a que la economía esté mejor capacitada para resistir choques. Es el caso de nivel apalancamiento y estabilidad del crecimiento.

De hecho, el excesivo apalancamiento, especialmente en la industria financiera, es sospechoso de haber desencadenado la crisis. Hay que tener en cuenta que un mayor apalancamiento hace más volátiles los beneficios y las cotizaciones -especialmente en entorno de recesión- e incrementan la posibilidad de bancarrota. Además, el endeudamiento excesivo puede poner en peligro los mercados financieros y en última instancia la economía. Sin embargo, un apalancamiento moderado implica sostenibilidad y genera rentabilidad adicional, como se ha demostrado entre acciones europeas de 1990 a 2011.

Asimismo, muestran mayor rentabilidad las compañías con crecimiento moderado pero sostenido. Por el contrario, la volatilidad del crecimiento puede poner en peligro la cultura y motivación empresarial y minar la motivación de los trabajadores. Su adquisición mediante fusiones y adquisiciones puede conducir a recortes de empleos o fricciones, y a ocupar el tiempo y la capacidad de gestión.

Crisis de sobreexplotación de recursos naturales

Además, desde el punto de vista medioambiental, estamos en crisis de sobreexplotación de recursos naturales. Es el caso del agua, bien escaso, pues sólo el 0,2% en la Tierra está disponible para consumo y su distribución se enfrenta al problema de infraestructuras obsoletas. Representan un enorme reto para los gobiernos, que han de subcontratar los servicios. Además, el 75% del agua dulce disponible se emplea en agricultura. Hay que tener en cuenta que el crecimiento de la población, hasta 9.000 millones de personas para el año 2050, impulsará la presión y cada vez se precisará mayor consumo de cereales y proteínas, pero la cantidad de tierra cultivable no aumenta. Para 2050, habrá que producir las mismas calorías con un tercio de la tierra per cápita disponible.

Por lo tanto, hay que hacer un esfuerzo por incrementar la producción con menos recursos. En este sentido, resultan de interés determinadas empresas relacionadas con eficiencia agrícola, como profesionalización de las granjas, fertilización o transporte eficiente. En Vietnam, el 40% de la cosecha de arroz se pierde porque no hay transporte suficiente para llevarlo a almacenamientos. Por ello, esta inversión tiene capacidad para generar grandes economías de escala y contribuir a resolver problemas de malnutrición y mejorar el nivel de vida.

Por otra parte, los bosques compiten con el negocio agrícola, básicamente por la tierra. En el caso de la fabricación de ropa a partir de viscosa de pulpa de madera, que emplea 21,8 veces menos agua y 2,4 veces menos hectáreas con mucho menor impacto medioambiental que el algodón. Además, los bosques son áreas de naturaleza donde la madera crece de manera continua, regular e independientemente de las condiciones económicas y su capacidad de almacenamiento de carbono puede desempeñar un papel fundamental en el cambio climático. De hecho, hay más CO2 almacenado en los bosques que en la atmósfera. Pero las personas son cada vez más ricas y consumen más y más madera, mientras hay límites biológicos a su producción y pérdida neta de superficie forestal, de acceso cada vez más difícil.

Además, hemos pasado por la peor crisis inmobiliaria. En EEUU se observa cierta recuperación, pero es difícil que los precios se recuperen a niveles máximos de 2004. Sin embargo, es posible sustituir la inversión inmobiliaria por propietarias de bosques de madera. De hecho, en EEUU, las propietarias de bosques se han mostrado más resistentes estos años respecto a fabricantes de casas, a pesar de la volatilidad. Además, comparado con el plástico, cemento y hierro, la madera requiere de 10 a 15 veces menos energía para ser útil.

Hay que tener en cuenta que muchas casas se construyen con madera y que su consumo aumenta con el incremento de la riqueza global. Esta inversión se recuperará con el mercado inmobiliario y, mientras, su valor aumenta constantemente con el tiempo. Además, los bosques son una fuente de energía renovable mediante biomasa de segunda generación.

Mientras, debido a la urgencia de la crisis actual, solamente algunos expertos siguen tratando el cambio climático y en la última cumbre de Copenhague en 2011 apenas tuvo importancia. Ahora se da más relevancia a la seguridad e independencia energética que a la energía eólica, solar o hidráulica. Pero lo verdaderamente relevante es la transición de energía sucia a limpia. Es el caso del gas, que emite la mitad de gases de efecto invernadero que el carbón o petróleo.

En estos cuatro temas ambientales -agua, energías limpias y eficiencia energética, agricultura y madera- aplicamos el criterio de inclusión, de manera que las empresas seleccionadas deben tener exposición mínima de ventas a cada tema de entre el 20% y 50%. La media llega al 80%. 

Las estrategias de inversión sostenible aplican a deuda soberana

A ello se añade que la renta fija es un componente importantísimo de la cartera de nuestros clientes y la sostenibilidad de la deuda es un criterio a tener cuenta al asignar estos activos.  La inversión tradicional en bonos globales sigue índices donde los países más endeudados tienen más peso. Así, la mayor parte de países desarrollados tienen un ratio de deuda publica/PIB mayor que los emergentes, lo que no es necesariamente malo si pueden pagar.

Es el caso de Japón, con un ratio de deuda/PIB del 220% y peso del 30% en los índices de bonos mundiales. Pero muchos países renuevan deuda con nueva deuda y pueden entrar en un círculo vicioso que afecte a su capacidad de pagar cupones y devolver principal. Es el caso de Grecia, donde ha venido acompañado de riesgo de expulsión del sistema del euro.

De hecho, hay que partir de la capacidad de generación de riqueza e ingresos fiscales del país de forma sostenible, en base a fundamentales, además de la capacidad y voluntad de pagar la deuda. Ello puede implicar una representación muy diferente a la de los índices convencionales. Hay que tener en cuenta a los países emergentes, que tienen la mayoría del peso de los factores de producción mundiales, elevado crecimiento de PIB y beneficios empresariales. Pueden suponer casi la mitad del PIB mundial para 2020 y, sin embargo, su representación apenas existe en los índices de bonos globales.

Además, mediante el análisis fundamental es posible prever una crisis de deuda en un país determinado. En este sentido, la inversión en deuda griega habría desaparecido de las carteras en 2004.

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