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La guía definitiva de banqueros privados y asesores financieros para evitar que sus clientes entren en pánico ante caídas del mercado


El inversor final quiere elevadas rentabilidades asumiendo un mínimo riesgo. Es el clásico problema al que se enfrentan muchos banqueros privados y asesores financieros, que en sus conversaciones con sus clientes tienen que dedicar tiempo y recursos a explicarles que eso, hoy por hoy, es imposible. Para generar retornos que estén a la altura de sus a menudo ambiciosas exigencias hay que asumir riesgos. Incluso aquellos que tengan unas expectativas tan aparentemente fáciles de alcanzar como puede ser proteger el capital limitándose a batir a la inflación (rentabilidades del 2-3%) tienen que hacerlo. El entorno de mercado actual, con tipos de interés negativos, es el que es y de eso no tiene la culpa ni el banquero privado ni el asesor financiero.

La cuestión de fondo es que asumir riesgos significa ser capaz de tolerar la volatilidad. Nos referimos, por supuesto, a la que se origina cuando los mercados caen porque, cuando suben, no hay inversor sobre la faz de la Tierra que muestre la más mínima preocupación por que ésta sea elevada. Y ahí todavía hay mucho por hacer. El nerviosismo que generan las correcciones de los mercados entre los inversores finales hace que muchos descuelguen el teléfono para ponerse en contacto con su banquero privado o asesor financiero. Las conversaciones, en muchos casos, empiezan por una pregunta (dime qué está pasando) y terminan por un orden (reduce el riesgo de mi cartera). Dicho de otro modo: deshaz posiciones y materializa pérdidas.

La respuesta a la primera pregunta va variando: ahora puede ser el conflicto con Irán, ayer fue el miedo a una posible recesión, antes de ayer a los efectos del Brexit, días antes a las consecuencias de la guerra comercial… Todos los años se han producido episodios puntuales de volatilidad que han venido motivados por situaciones coyunturales que han tenido un efecto temporal y limitado sobre las cotizaciones. La prueba más evidente es que, desde marzo de 2009 la bolsa estadounidense ha subido hasta alcanzar niveles récord. No ha sido una trayectoria en línea recta, sino un camino curvo, lleno de baches en el que no han faltado situaciones inesperadas a nivel de política monetaria, resultados electorales y crisis geopolíticas de primer orden.

En el caso de la renta variable europea, la conclusión es exactamente la misma. El gráfico que trimestralmente publica J.P.Morgan AM en su Guía de Mercados es muy elocuente. En él se aprecia cómo, en nueve de los últimos 11 años, el MSCI Europe cerró el año ofreció rentabilidades positivas pese a que intra anualmente llegó a estar generando retornos muy negativos. En 2009 el mercado europeo llegó a estar cayendo un 28% y terminó con una subida del 23%. Quien se hubiese dejado llevar por el pánico y hubiese vendido en marzo de ese año habría materializado pérdidas y dejado escapar la oportunidad de ganar mucho dinero. Pero es que ha pasado lo mismo en 2010, 2012, 2013, 2014, 2015, 2016, 2017 y también en 2019, cuando la bolsa se recuperó tras la corrección del año anterior.

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El último trimestre de 2018 fue un periodo muy difícil para banqueros privados, asesores financieros y, por supuesto, también para sus clientes, sobre todo en diciembre, cuando las caídas de los mercados empujó a muchos inversores a vender y posicionarse en liquidez. Hoy se puede afirmar categóricamente que aquella fue una mala decisión. Efectivamente, 2018 fue un año en el que no hubo escapatoria y en el que prácticamente todas las clases de activo registraron rentabilidades negativas. Sin embargo, 2019 fue justo lo contrario. El gráfico de Candriam (el primero) expone lo que ha supuesto 2019 para todos aquellos que decidieron salirse de los mercados y también para los que fueron capaces de tolerar la volatilidad y se mantuvieron invertidos. El de Notz Stucki (el segundo) ofrece, con datos de Bloomberg, la misma información, pero a través de un gráfico de líneas.

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Al final, la conversación de un banquero privado o asesor financiero con su cliente no debería girar en torno al market timing. Tal y como explica Aitor Jauregui, responsable de BlackRock para España, Portugal y Andorra, “la rentabilidad de una cartera está determinada por cuatro componentes: asset allocation, sesgos factoriales estratégicos, selección de valores y market timing. Los estudios han demostrado que los dos primeros determinan más del 90% de la rentabilidad a largo plazo”. Por tanto, el tema de conversación más importante entre banquero privado o asesor y su cliente debería centrarse en definir el objetivo de inversión, para así poder planificar cuál sería la asignación estratégica para conseguir dicho objetivo y, por último, poder seleccionar cuáles son los vehículos más adecuados.

Esto no quiere decir que una cartera tenga que ser estática. Debe ir revisándose periódicamente para hacer los ajustes tácticos pertinentes. Pero esto no significa de ningún modo entrar y salir de los mercados al ritmo que marcan las informaciones que aparecen en las portadas de los medios de comunicación. Hacerlo a lo único que históricamente ha conducido es a socavar la rentabilidad de una cartera. Las subidas diarias más fuertes tienden a producirse tras periodos de abruptas caídas, en las que el inversor se asusta y vende. Y eso, tal y como recuerdan en Fidelity, a largo plazo se paga… y muy caro. “Como inversor, es importante tomar distancia en estos momentos y afrontarlos con amplitud de miras”, subrayan desde la gestora.

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Conseguir de la noche a la mañana cambiar la mentalidad del inversor final es muy difícil. La aversión a las pérdidas es un sesgo conductual muy humano, al que nadie es inmune. Por tanto, la única manera de evitar que el cliente vuelva a caer en el mismo error es a través de la educación financiera, insistiendo en el mensaje, poniendo delante de él los cinco gráficos que exponemos en este artículo. Quizás sean los más importantes para hacerle ver cuál es la manera correcta de invertir. Es lo que nos enseña la historia. Y, por último: para los que sigan obsesionados en anticipar la recesión, decirles simplemente que, efectivamente, en periodos de contracción económica los mercados suelen retroceder, pero siempre se han recuperado. Y también que en las fases finales del ciclo los retornos han sido tradicionalmente muy elevados.

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