La Gran Glaciación


Hoy en día, en la calle tan solo hay tres tipos de comercio: el mastodóntico “Carrefour”, el bazar chino “tolo a un eulo” y la tienda super especializada en prótesis ortopédicas para animales de compañía. Los ultramarinos han muerto; vender “un poco de casi todo”  ya no es suficiente: o vendes de todo, o lo regalas o te especializas.

Suena catastrófico, pero no es más que la constatación de que un nuevo tiempo se aproxima, es la consagración de que nuestra industria se dirige hacia un modelo antagónico: grandes gestoras y gestoras pequeñas, en el medio: ¿la nada? La presión regulatoria que soportamos acompañada de la mayor competitividad en costes nos llevan a replantear el futuro de entidades de gran tamaño… pero no el suficiente; entidades de gran valor… pero no el identificado por los inversores como el propio de un especialista. Las pequeñas boutiques podrán seguir apalancándose en su especialización pero no deberán dar el salto a terrenos inexplorados, ya no vale el crecer porque sí, ya no se puede perder la identidad en el intento.

Por su lado, las grandes gestoras son las únicas que pueden acometer el famoso prueba y error en un entorno de fuerte presión en costes y constantes cambios de regulación. Podemos estar en los primeros años de la Gran Glaciación y sólo los más fuertes sobrevivirán, previsiblemente los más especializados en lo que hacen y los que mayor capacidad de adaptación demuestren, ya sea por su bolsillo o por su capacidad de racionalización de sus propuestas. Las ballenas y los microorganismos, las grandes gestoras y las boutiques.

Todo esto puede que pase, puede que no, pero ya hay quien habla de la crisis de identidad de muchas gestoras de tamaño mediano, que deben huir hacia delante o encogerse y volver al tamaño que les vio nacer, haciendo aquello que les dio la vida. Abríguense, “el invierno se acerca”.

 

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