“La gestión pasiva evoluciona hacia un oligopolio mundial que debe alarmar a las autoridades antimonopolio”


Desde la crisis de deuda de 2008 las carteras de renta variable más activas no han conseguido batir a sus índices y parece que reguladores y asesores han perdido la paciencia ante una enorme cantidad de productos con resultados mediocres y comisiones elevadas -desde finales de 2007 los ETF han llegado a sumar 1,7 billones de dólares netos, en contraste con los 1,2 billones retirados de gestión activa-. Para el particular estos productos indexados cobran comisiones más bajas y han generado rentabilidades superiores a la media de fondos de gestión activa deducidos gastos. Sin embargo, según Renaud de Planta, socio de Pictet AM y Supriya Menon, estratega multiactivos de una gestora que también comercializa fondos indexados, tiene sus inconvenientes.

“Los inversores pasivos son compradores y vendedores indiscriminados que no prestan atención al precio, valor o riesgo. Hay que tener en cuenta que seguir un índice implica que las acciones de mayor ponderación atraen más inversión, con independencia de sus fundamentales. Solo la inclusión en un índice puede aumentar la valoración hasta un 40%, facilitando a la compañía financiarse con nuevas acciones e influyendo en la calificación de su crédito. Pero es artificial y conlleva mala distribución de la inversión a largo plazo si la empresa no puede cubrir su coste de capital. Igualmente las empresas excluidas de índices pueden enfrentarse a costes anormalmente altos y proyectos inviables”, explican.

Además, la generación de precios precisa un número suficiente de inversores activos. “Cuando las acciones están en manos de inversores pasivos son propensas a mayor y más frecuente variabilidad de precio, lo que impacta en los consejos de administración, que tienden a usar esas señales, dados sus incentivos y que creen que el mercado agregado es más eficiente”, afirman.

“También hay que tener en cuenta que en inversión pasiva el aumento de activos bajo gestión depende casi exclusivamente de la capacidad para reducir costes, así que evoluciona hacia un oligopolio mundial de tres: BlackRock, Vanguard y State Street, que controlan el 70% de los activos gestionados pasivamente. Esto debe alarmar a las autoridades antimonopolio, pues en industrias donde se concentra el accionariado el vínculo entre remuneración y resultados se debilita. Los académicos han determinado que una mayor titularidad pasiva es responsable de un aumento en diez veces del sueldo de los directores generales en relación con otros ejecutivos”.

Otro efecto – a su juicio- más pernicioso es la erosión de fuerzas competitivas. “Para una gran empresa en EE.UU la probabilidad de que uno de sus mayores accionistas sea propietario de acciones de un rival es ya del 90%, cuando hace 20 años era del 16%. De hecho, las empresas de mayor capitalización tienden a exhibir niveles más altos de propiedad común y menor incentivo para innovar”.

“Además, antes los ingresos de los creadores de índices procedían de una amplia gama de empresas, pero con el aumento de la inversión pasiva los mayores tienen capacidad de fijar los términos e influir en la composición de los índices y tienden a la auto-indexación. Bloomberg señala que la gama BlackRock de ETF de renta fija ha acumulado 60.000 millones de dólares en activos a pesar de haber eliminado los índices Barclays. También ocurre que los asesores prestan poca atención a la marca del índice al seleccionar productos”.

En la gestora han presentado estas observaciones a inversores y a la industria en su conjunto. Consideran que si el aumento de la gestión pasiva conlleva mala distribución de la asignación de capital los gestores activos tendrán más oportunidades para generar exceso de rentabilidad. Sin embargo, consideran que no está claro que los gestores activos –especialmente los de mayor rotación de acciones- puedan explotar estas anomalías debido a costes de transacción y deterioro de liquidez, mientras que los gestores más débiles pueden quedarse fuera al tener que gastar más en análisis.

“También se dice que en realidad hay competencia en inversión pasiva, con una creciente gama de opciones de bajo coste, pero tres de cuatro billones de dólares en acciones gestionadas pasivamente en EE.UU. siguen el índice S&P 500. Además, hay una fuerte correlación entre capitalización bursátil y estrechamiento de base de accionistas. En inversión pasiva las inversiones fluyen hacia acciones de empresas muy grandes, independientemente del precio, excluyendo otras, que pueden dejar de cotizar y pasar a capital privado, el cual puede ser prohibitivamente costoso y menos accesible para inversores individuales, entre otras cosas por razones regulatorias. De esta forma, si el seguimiento de índices llega a ser la forma de inversión predominante, las consecuencias económicas pueden ser de gran calado”, concluyen.

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