La gestión multiactivos


La gestión de carteras está evolucionando hacia formas de gestión más ricas y más complejas que ofrecen un abanico de posibilidades y oportunidades que el inversor no debería desaprovechar. Entre estas nuevas formas de gestión se encuentra la “gestión multiactivos”.

El desarrollo de los mercados financieros al que hemos asistido en los últimos años ha puesto al alcance de cualquier inversor una serie de clases y subclases de activos a las que, hasta ahora, sólo podían acceder inversores cualificados y con muy altos patrimonios. La gestión multiactivos es un estilo de gestión en el que incorporamos a nuestras inversiones todas las clases y subclases de activos disponibles en el mercado. El concepto de “gestión multiactivos” no es un concepto ni mucho menos novedoso, se viene realizando entre los grandes patrimonios desde hace muchos años. Lo realmente novedoso es que ahora se puede realizar este estilo de gestión para cualquier tipo de inversor, independientemente del volumen de su patrimonio.

La gestión de carteras persigue la optimización del binomio rentabilidad-riesgo, atendiendo al perfil de riesgo del inversor. Para optimizar este binomio hay que moverse sobre la frontera eficiente (puntos de máxima rentabilidad esperada para cada nivel de riesgo). Estudios empíricos demuestran que dicha frontera es tanto más eficiente cuanto mayor es el número de clases de activos incorporadas a la inversión. Combinando las diferentes clases de activos en una única cartera vamos a beneficiarnos de su diferente comportamiento según el momento del ciclo económico y de la asunción de un menor nivel de riesgo, gracias al efecto descorrelación.

Podemos enumerar las clases de activos accesibles actualmente: renta variable, materias primas, divisas, metales preciosos, capital riesgo, inmobiliario, arte, renta fija, gestión alternativa y activos monetarios. Dentro de cada una de estas clases de activos hay un universo de inversión amplísimo en función de: la zona geográfica, estilo de inversión, tamaño, sector, calidad crediticia, sensibilidad a tipos de interés, estrategia de inversión, nivel de riesgo, liquidez, inversión directa o a través de compañías cotizadas, etc.

Teniendo en cuenta que no existe rentabilidad sin riesgo, a la hora de incorporar activos a nuestra cartera tenemos que tener en cuenta el riesgo específico de cada activo y, también, el efecto sobre el total de riesgo de la cartera que supone añadir un activo concreto y no otro. A consecuencia del efecto “correlación” podemos disminuir el riesgo de una cartera conservadora incorporando un activo de riesgo, como puede ser la renta variable, por su comportamiento contrario al de los activos menos arriesgados que ya tenemos en cartera. Este fenómeno contra intuitivo, disminución del riesgo de nuestra cartera incorporando activos arriesgados a la misma, es la esencia de la gestión multiactivos.

La inversión en las diferentes clases y subclases de activos debe realizarse fundamentalmente a través de fondos de inversión y ETFs. No tiene sentido pensar que, como inversores, tengamos la capacidad de analizar todo el universo de inversión disponible bajando al detalle de valores concretos. Además, en el caso de España, la inversión en fondos de inversión es claramente favorable para el inversor particular por motivos fiscales.

Debemos escoger el activo o mercado concreto en el que queremos invertir y apoyarnos en los vehículos de inversión que existen en el mercado, fondos de inversión y ETFs, para materializar dicha inversión. De ese modo, a través de los fondos de inversión, podemos conseguir una gran diversificación en cada una de las subclases de activos. Esta diversificación es esencial para dar seguridad y liquidez. William F. Sharpe desarrolla esta misma idea en su último trabajo “Macro Investment Analysis, Electronic Work in Progress”.

La liquidez es clave a la hora de escoger nuestro vehículo de inversión: podemos invertir en capital riesgo de forma directa o a través de fondos de inversión que inviertan en compañías de capital riesgo cotizadas. Es conveniente invertir en vehículos de inversión altamente diversificados y con una elevada liquidez que deberá ser diaria o a lo sumo semanal. La liquidez proporciona un gran valor a nuestras inversiones y a nuestra cartera en su conjunto.

Otro aspecto a tener en cuenta es que este estilo de gestión aumenta el valor de los activos, que podemos descomponer en dos factores: su valor individual o intrínseco y su valor como cobertura respecto al resto de activos que componen la cartera. Este valor de cobertura es un beneficio que perdemos si no construimos carteras diversificadas usando todas las clases de activos disponibles.

La gestión multiactivos es un estilo de gestión con un horizonte temporal de medio plazo, por ello debemos de tener una asignación de activos estratégica, que es la que va a guiar la inversión de la cartera, pero del mismo modo nos tenemos que ir adaptando al momento de mercado mediante pequeños ajustes tácticos. Por ello debe ser una gestión activa, ya que los mercados cambian y con ellos las rentabilidades esperadas, los niveles de riesgo, así como las correlaciones.

La gestión de la cartera también debe ser activa en función del riesgo que el inversor está dispuesto a asumir en cada momento. Del mismo modo que cambia el riesgo de cada activo con el tiempo, también cambia el nivel de riesgo que el inversor está dispuesto a tolerar. En los buenos momentos del mercado de renta variable todos los inversores, incluso los más conservadores, están dispuestos a asumir algo más de riesgo para sumarse a la “fiesta”, los inversores se hacen más tolerantes al riesgo y las curvas de indiferencia –rentabilidad, riesgo- se hacen más planas. Además la frontera eficiente aumenta su pendiente, ya que gran parte de los activos disponibles aumentan sus rentabilidades esperadas y se reduce la volatilidad. De esta forma, el nuevo punto de equilibrio de la cartera del inversor sería una cartera con una rentabilidad esperada mayor y un mayor nivel de riesgo asumido.

Por el contrario, cuando la volatilidad en los mercados se dispara, los clientes más conservadores incrementan su aversión al riesgo e incluso, los más arriesgados, no se sienten cómodos en sus posiciones y desean disminuir el riesgo total de su cartera. Esto se suma a una mayor ineficiencia de los mercados, con un aumento de correlaciones, que nos lleva a una frontera eficiente con una menor pendiente, menores rentabilidades esperadas, y la cartera de equilibrio del inversor se corresponderá con un punto de equilibrio de menor rentabilidad esperada y menor riesgo.

El concepto de gestión multiactivos es fácil de entender pero es un estilo de gestión complejo a la hora de llevarlo a la práctica. Lo primero es realizar un análisis de los diferentes mercados, analizar el momento, momentos, del ciclo económico y escoger aquella combinación de clases de activos, asignación de activos, que consideremos óptima en cada coyuntura. Posteriormente, dentro de cada clase, seleccionaremos aquellos valores, fondos concretos que mejor se adapten a nuestra visión, atendiendo a los factores intrínsecos de cada activo y al efecto correlación entre ellos. Para poder poner todo esto en práctica necesitamos:

  • acceder a todo el universo de inversión disponible, fundamentalmente a través de plataformas de fondos de inversión y ETF. Estas plataformas no deben limitar el número de fondos disponibles o imponernos mínimos para su acceso.
  • diseñar herramientas informáticas para comparar, de forma clara y sencilla, los diferentes activos entre si y tenerlos clasificados según su riesgo y el tipo de inversión que están desarrollando.
  • practicar una arquitectura realmente abierta. No existe ninguna gestora que sea la mejor en todas las clases de activos disponibles. La selección de fondos y ETFs debe ser totalmente independiente, sin la existencia de conflictos de interés por parte del gestor. Debemos escoger la mejor gestora para el activo concreto en el que queremos invertir. La inversión en diferentes gestoras, incluso para una misma clase de activo, nos aporta también diversificación y nos reduce el riesgo asumido.
  • analizar de forma continua el valor en riesgo y las correlaciones entre los diferentes activos, ya que éstas cambian constantemente, evaluar el riesgo total de nuestra inversión y el efecto sobre el riesgo que dentro de nuestra cartera tiene cada uno de los fondos o ETFs que la componen.

Es fundamental conocer el comportamiento de los fondos o ETFs que componen nuestra cartera, para ello debemos intentar escoger aquellos que presenten un estilo y un índice subyacente claros. Si escogemos fondos globales, que invierten en diferentes clases de activos, o que se están moviendo constantemente dentro de una determinada clase de activo sin un índice concreto, estaremos llenando nuestra cartera de “cajas negras” y seremos incapaces de analizar las causas de las ganancias o pérdidas de nuestra inversión.

Necesitamos fondos que inviertan exactamente en aquella subclase de activo y en aquel segmento del mercado que consideramos adecuado, este tiene que ser nuestro objetivo prioritario. Posteriormente, analizaremos los fondos que cumplan esta característica y escogeremos aquel, o aquellos, donde el gestor aporte un plus. Debemos, por lo tanto, no caer en la tentación de escoger nuestros fondos exclusivamente por la reputación del gestor o las rentabilidades históricas.

En la gestión de carteras estamos usando unas piezas de un rompecabezas que están variando de tamaño constantemente y que nos obligan a recomponer continuamente un puzle que considerábamos terminado. Para intentar tener unas carteras eficientes necesitamos trabajar con todas las piezas que componen nuestro rompecabezas, nunca podemos lograr nuestro objetivo si nos limitamos a usar la mitad de las piezas que tenemos en la caja. Por todo ello, cuando analice su cartera compruebe si está aprovechando todas las posibilidades que los mercados le ofrecen actualmente, de no ser así, seguramente esté asumiendo un nivel de riesgo superior por el que no está siendo recompensado.