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La gestión discrecional gana protagonismo con la llegada de MiFID II


Una de las primeras consecuencias de la entrada en vigor de MiFID II –más allá del hecho de que la mayoría de las entidades se hayan declarado no independientes– ha sido la clara apuesta de las entidades de banca privada por la  gestión discrecional, un servicio que “aporta numerosas ventajas a los clientes y a las entidades”, afirma Alfonso Martínez Parras, director general de BNP Paribas Wealth Management en el marco del Think Tank de BNY Mellon.

“A los clientes les permite delegar la gestión de su patrimonio en manos de expertos, que velarán porque siempre esté invertido cumpliendo su nivel de riesgo y aprovechando las mejores oportunidades que se puedan encontrar en el mercado. Por su parte, para las entidades es un marco de actuación claro y seguro, con un contrato que define los límites de actuación marcados por el cliente. Además, si se vehiculiza es operativamente más eficiente”. Aun así, “no todos los clientes quieren delegar la gestión de su patrimonio, ya que prefieren mantener el control último de las decisiones de inversión”, recuerda.

“La industria está apostando por la gestión discrecional y creo que esta tendencia crecerá en la nueva era MiFID II, consolidándose a largo plazo”, asegura Luis Antoñanzas, Vice Chairman de Deutsche Bank Wealth Management España. No obstante, el experto resalta la importancia de “gestionar al cliente de forma integral: planificación fiscal, patrimonial, sucesoria, filantrópica y de sus activos. Luego, el cliente decidirá si prefiere gestión discrecional o asesoramiento”.

Para Gadea de la Viuda, directora general de Abante Asesores, un aspecto que hay que tener en cuenta es que, “con frecuencia, el cliente contrata gestión discrecional porque cree que es un servicio más personalizado y que va a obtener más rentabilidad porque le vas a mover más la cartera. Y eso puede ser un poco engañoso porque no necesariamente es así. Cada entidad tendremos que explicar qué ofrecemos bajo la etiqueta de gestión discrecional”.

Diferenciar entre coste y valor

Respecto al tema de los costes, y teniendo en cuenta la transparencia que impone MiFID II, “el cliente debería valorar la expectativa de rentabilidad o la calidad del servicio que está recibiendo de su banquero privado”, apunta Fernando de Roda, socio de Orienta Capital. “Si pensamos, por ejemplo, en los fondos de inversión, a veces la diferencia entre la comisión que cobra uno u otro fondo es pequeña y, sin embargo, la diferencia en rentabilidad de un fondo bien gestionado es significativa. Así que, en este sentido, tenemos que educar más al cliente para que exija calidad en vez de fijarse simplemente en el precio del servicio”, concluye.

Puede consultar todas las noticias y los vídeos del Think Tank BNY Mellon en la web dedicada www.thinktankdebate.com.

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