La gestión a corto plazo como respuesta a los bajos tipos del mercado monetario


Los fondos monetarios europeos, cuyas rentabilidades anuales han estado durante mucho tiempo cercanas al 3%, luchan hoy en día por ofrecer rentabilidades positivas. Algunos, incluso, rechazan nuevas suscripciones para evitar tener que invertir a tipos muy poco rentables. Otros simplemente se cierran hasta nueva orden. ¿Por qué está situación?

A mediados de año, el BCE bajó los tipos de interés en 25 puntos básicos, llevando así el tipo de interés de referencia y el tipo de depósito al 0,75% y 0% respectivamente – en niveles mínimos históricos. El objetivo era alentar a los bancos a que inyectasen liquidez en la economía real a través de préstamos a los hogares y las empresas, en lugar de dejarlo en depósitos. Tras esa acción, y con toda lógica, el índice Eonia, tipo interbancario de referencia para los depósitos día a día en Europa, se redujo en 25 puntos básicos –situándose en el 0,072%.

Al mismo tiempo, las persistentes preocupaciones sobre la eurozona llevó los tipos de los préstamos a corto plazo de los países “core” (valores refugio) a terreno negativo, poniendo aún más presión sobre los fondos monetarios que tenían tradicionalmente bonos soberanos alemanes, franceses y holandeses. Los gestores están a tiempo de compensar los bajos tipos a corto plazo integrando en las carteras, dentro de los límites reglamentarios que les sean impuestos, valores con vencimientos más largos o emisores con más riesgo, a través de deuda privada con menor calificación, o de los países “semicore” o incluso periféricos. El entusiasmo de los inversores por buscar rentabilidad y la abundancia de liquidez en los mercados han provocado (muy rápidamente) un estrechamiento de los spreads de dichos emisores.

Las rentabilidades que conocimos años atrás de los fondos monetarios eran las de un contexto de tensión en la parte corta de la curva de tipos (crisis interbancaria, pérdida de confianza de los inversores); pero esta tendencia no iba a extenderse en el tiempo. Las primas ofrecidas vuelven a ser las de los productos sin riesgo - a excepción de crisis sistémica importante -, con rentabilidades cercanas a las del Eonia. Los inversores que busquen mayores rentabilidades tendrán que asumir más riesgos, por ejemplo mediante la ampliación de su horizonte de inversión o mediante la diversificación de los activos invertidos.

¿Qué soluciones hay?

Alternativas coherentes, con un riesgo controlado, se han desarrollado estos últimos años sobre varios tipos de expertises. Entre ellas, la que ofrece la gestión de retorno absoluto en renta fija a corto plazo. Una gestión cuya filosofía agrupa en muchos aspectos la de la gestión monetaria, con una cartera líquida y valorada diariamente, un presupuesto de riesgo de seguridad para proteger el capital en todos los entornos de mercado, y por último, un retorno estable en el tiempo. Una gestión, sin embargo, más flexible y reactiva, que puede invertir en toda clase de activos de renta fija, a nivel global, para beneficiarse en tiempo real de las oportunidades que ofrecen los mercados, fuera de cualquier índice tradicional.

Una gestión más dinámica, con una rentabilidad anual superior al Eonia en 100 o 200 puntos básicos de media. El universo de inversión explica dicho valor añadido. Particularmente amplio, permite siempre encontrar una fuente de rentabilidad son los bonos de gobierno, crédito financiero, crédito corporativo, bonos convertibles, tanto con grado de inversión como de alta rentabilidad y en países tanto desarrollados como emergentes. Algunos incluso ofrecen motores de rentabilidades adicionales -o de cobertura, en función de las convicciones del gestor -, de diversificación, entre los que están la volatilidad, las divisas, materias primas, arbitraje sobre la curva de tipos, o incluso gestión activa de la sensibilidad. Todo esto, en un marco muy restringido, con límites a la exposición en activos de mayor riesgo.

Perspectivas

Estimamos que las palancas de rentabilidad en la renta fija –como el crédito– deberían seguir presentes en 2013, bajo el impulso de las políticas monetarias (todavía muy laxas) y la abundante liquidez. La dinámica oportunista acometida en 2012, sobre todo a través de la gestión de la beta y el arbitraje de títulos, continuará. Tenemos firmes convicciones en los bonos de alta rentabilidad. Las restricciones regulatorias excluyen a muchos inversores de esta clase de activo, mejorando así las oportunidades. Por último, los activos refugio, descorrelacionadores, continuarán ofreciendo coberturas baratas, y por lo tanto, mantendrán la excelente relación riesgo/rentabilidad.

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