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La falta de comprobación de los datos amenaza la efectividad de Basilea III


Numerosas instituciones y expertos consideran que la crisis económica es el resultado de una cadena de fallos en el sistema financiero. Se han producido errores en la gestión de riesgos, siendo frecuente la infravaloración de los que estaban asumiendo las entidades. Se ha producido una falta de transparencia en algunos segmentos del mercado, lo que generó la “banca en la sombra”, no se han valorado adecuadamente los riesgos por parte de las agencias de calificación crediticia y se han generado numerosos problemas como consecuencia de políticas de remuneración inadecuadas. Además, ha habido fallos en la supervisión y en la regulación financiera.

Por todas estas razones se llegó a la conclusión de que se necesitaba un cambio regulatorio para que el sistema financiero fuese más transparente, probablemente de un tamaño más manejable y mejor regulado. Sin embargo, las dudas persisten. "Nadie está muy seguro de que por el hecho de que exista Basilea III mejore la situación de las entidades financieras a nivel internacional. Nadie puede asegurar que dentro de cinco años nos vayamos a sufrir otra catástrofe similar. Aquí falta una parte clave: ¿quién comprueba los datos que ofrecen las entidades?", señala José María Marín, de Grupo Alma, una corporación multinacional de empresas especializada en proveer soluciones tecnológicas a grandes empresas e instituciones, incluyendo el sector financiero. 

Para el experto, nos encontramos en un remolino. "Una de las cosas que creo están ocurriendo en todas partes, y de ahí la crisis, es que se está cumpliendo con Basilea dentro de la pura formalidad sin que se controlen realmente las cifras". Por tanto, muchos de los datos que se están ofreciendo actualmente no son totalmente reales y no hay nadie que los esté comprobando adecuadamente. "El problema es que los reguladores no se han preocupado por la trazabilidad, es decir, no se han preocupado por comprobar que lo que dicen las entidades sobre su salud financiera es correcto", explica.

Esta falta de seguimiento se pudo observar en los test de estrés que se aplicó a la banca europea. "En los primeros test que se llevaron a cabo, todas las entidades salieron estupendas. Tres meses después, quebró el Banco de Irlanda, y seis meses quebraron o quedaron en muy mala situación muchas cajas de ahorros españolas. De qué sirvieron, de nada. Son procesos estadísticos que no tienen garantías, por lo que en muchas ocasiones carecen de valor", señala. Esta falta de comprobación de los procesos amenaza con convertir Basilea III en sólo un remiendo, y que se requiera otra regulación posterior al verificarse que no ha surtido el efecto previsto.

"Mientras los reguladores no tomen la iniciativa para confirmar los datos que aportan las entidades, no sirve para nada los acuerdos que firmen en Basilea porque todos los datos que aportan tienen pueden contener cierto maquillaje, como se ha demostrado con la quiebra de algunos bancos que semanas antes estaban dando beneficios, caso de Bankia.

¿Por qué no se comprueban?

El problema está en la recopilación y cálculo de los datos estadísticos requeridos por la regulación. "Las entidades con modelo interno, es decir, aquellas que tienen aprobado un modo particular de obtener los resultados adecuándolo a su modelo de negocio y experiencia" emplean miles de datos para obtener las métricas estadísticas exigidas. Esto supone que para que el regulador pueda comprobar los datos que facilita la entidad, tenga que realizar una auditoría muy fuerte y complicada, donde se lleve a cabo una reproducción del modelo de cálculo utilizado. Sin olvidar que no siempre se cuenta con todos los datos necesarios para hacer la trazabilidad (volver al origen del dato). "Esto supone un trabajo de tal calibre que hoy por hoy los bancos centrales de cada país no pueden hacerlo, no tiene fuerza humana ni capacidad a nivel informático para llevarlo a cabo. Ni siquiera para empezar hacerlo".

Sin embargo, no es un problema imposible. "Esto se podría solucionar si se contara con un modelo avanzado creado a partir del regulador, el cual tuviesen que cumplir todas las entidades financieras. Un modelo con variables idénticas que puedan ser reconocidas por los sistemas informáticos de todas las entidades. Mientras no se realice una auditoría exhaustiva de la salud de las entidades, mientras eso no ocurra, Basilea II y III no darán los frutos esperados.", concluye José María Marín, del Grupo Alma.