La estocástica en macroeconomía


¿Y si la macroeconomía no tuviera nada de “estocástica”?. Que sorpresa si algún día el término estocástico en macroeconomía acaba siendo tan solo literatura ficción.

La Ciencia Macroeconómica, es una ciencia singular, caracterizada porque una cierta inmovilidad doctrinal en sus fundamentos ha presidido los últimos 100 años en el mundo occidental, estando el proceso liderado por intelectuales anglosajones. Este conjunto de teorías, hipótesis y proposiciones están compendiadas en la denominada Doctrina Neoclásica, cuyas aportaciones a la libertad de mercado, a la preservación de la propiedad privada, y al desarrollo económico mundial, son incuestionables y dignas de general agradecimiento.

Sin embargo, con la crisis actual, prestigiosos economistas, políticos, institutos internacionales y los Bancos Centrales sin excepción, todos fieles seguidores de la corriente neoclásica, han sido y siguen siendo vapuleados por los acontecimientos. Basta revisar sus declaraciones sobre la burbuja inmobiliaria USA y sus efectos colaterales y globales desde agosto 2007 hasta la fecha para comprender la magnitud del increíble desatino general. Pero, ¿porqué de tan magno descamino?.

La pregunta es afilada, sin embargo y entre las posibles explicaciones existe una que merece reflexión. El mundo de hoy presenta, frente a épocas pasadas, una característica netamente diferencial: hoy nuestro mundo económico es redondo, global. El grado de desarrollo tecnológico, la velocidad de las comunicaciones, la facilidad y amplitud del transporte, la agilidad y seguridad del mundo de las transacciones financieras y comerciales, la cultura y gustos cosmopolitas de la generalidad, hacen del mundo hoy un espacio único, hiper-activado e hiper-vinculado económicamente, situación que la humanidad nunca hasta la fecha había contemplado. No obstante, esta singular característica de la macroeconomía actual continua sin ser asumida por la Ciencia Macroeconómica y Política, todavía anclada en paradigmas que en algunos casos, a estas horas, tal vez ya sean solo historia. Por lo general, y a excepción de la universal Ley de Marshall (ley de la oferta y la demanda), la gran mayoría de hipótesis existentes perciben el fenómeno macroeconómico de forma doméstica, ya en materia monetaria ya productiva. Pero frente al dogma, la realidad. La realidad macroeconómica que vemos hoy, y que también sufrimos, nos dice con franqueza que la macroeconomía esta interconectada y es interdependiente, es holística, si bien este novedoso y trascendente fenómeno solo es posible verificarlo (empíricamente) al calor de la globalización. En cualquier caso, y dado que lo mencionado está muy alejado del pensamiento económico actual, bien pudiera ser que esta singular circunstancia sea la principal promotora del desastre intelectual acaecido con la crisis y por todos contemplado. Hace unos meses Robert B. Zoellick, Presidente de Banco Mundial, mencionaba “algunos de los paradigmas económicos deberían ser revisados…”. Es cierto, algunas de las hipótesis neoclásicas deberían revisarse, ya que no pocas de ellas se están disolviendo como azucarillos en agua.

Es posible que algunos economistas piensen que cuestionar al inicio del Siglo XXI “sólidos paradigmas macroeconómicos” es un brindis al sol a la vista de la larga y arraigada influencia doctrinal y pragmática que ejerce sobre la macroeconomía el tradicional pensamiento Neoclásico. Es verdad, pero la verdad científica, si es verdad, siempre encuentra felizmente y con el tiempo su lugar. Siempre ha sido así. Observemos un tema de interés general: los mercados financieros. El normal fluir y actuar de los mercados evidencia una situación paradójica con respecto a lo que afirma la “ley del mercado eficiente” elaborada por Eugene Fama de la Universidad de Chicago (“The behavior of stock market prices”, 1965) y posteriormente apoyada por los Nobel Samuelson, Modigliani, Miller, Sharpe, Black, Scholes, Stiglitz... Cualquiera que opere hoy en los mercados a nivel global puede confirmar por la experiencia (observación) la existencia de una elevada correlación mundial entre las variaciones de valor en el tiempo de activos financieros afines. Dicha evidencia nos llevaría a que los mercados financieros, y para satisfacción de Misses y del Nobel Hayek, se ajustan, de algún modo, en términos de valor relativo. Todo ello, y para redondear la paradoja, de forma natural, es decir, sin que ninguna autoridad monetaria ni renombrado académico hayan autorizado tan magnifica cabriola pragmática y matemática. Las evidencias son abrumadoras. Los mercados financieros no componen, ni de lejos, un sistema estocástico (azar) ni existe el simpático “random walk” como el pensamiento macroeconómico y financiero neoclásico se ha cansado de afirmar. Los mercados financieros a nivel mundial funcionan y se ajustan de manera dinámica en términos de rentabilidades reales relativas (en el caso de los mercados bursátiles en términos de PER relativo), lo que da lugar a una larga lista de importantísimas implicaciones monetarias y productivas a nivel mundial. ¿Será incierto el “equilibrio de Nash”?, ¿esta anticuada la visión neoclásica sobre la macroeconomía, hoy, y ya para siempre, global?.

Esta crisis, no es cualquier crisis. Con el tiempo veremos alteradas “sólidas verdades estocásticas”, profusamente vendidas durante decenas años, pero que al final, no eran tales. El visionario, el Nobel Friedman, que tuvo la intuición de que la macroeconomía en algún momento enseñaría su verdadera naturaleza, su naturaleza positiva.

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