"La espiral de deflación-depresión europea no será muy distinta a la de los años 30 en EEUU"


En los próximos cinco años, el crecimiento global se desacelerará con respecto al que hemos visto en la última década como consecuencia del proceso de desapalancamiento y reducción de deuda a ambos lados del Atlántico, si bien en EEUU sólo afectará al sector público, mientras que en Europa, se notará tanto en éste como en el privado, lo que podría conducir a una recesión. “En los próximos tres o cinco años, incluso si Europa evita la recesión, la media de crecimiento en ambas regiones bajará ante la necesidad de reducción de deuda de los países y la falta de competitividad”, explica Saumil Parikh, director de Gestión y miembro del Comité de Inversiones de Pimco.

Un escenario de menor crecimiento complicado con la continuidad de la incertidumbre, que se mantendrá en niveles elevados, sobre todo en Europa, donde Parikh calcula que podría haber  sorpresas. “Lo que dominará la posición de los inversores es el riesgo de cola, referido a la aparición de soluciones positivas o negativas frente a sus expectativas, pues ambos extremos pueden ocurrir”, explica. Lo más peligroso para el Viejo Continente, además de ese proceso de desapalancamiento, son las reestructuraciones de deuda y de los sistemas financieros de algunos países, lo que dará continuidad a la contracción del crédito y de la economía en una espiral de deflación-depresión “no muy diferente a la vivida en EEUU en los años 30” y que hace que la inflación no sea un peligro inmediato.

Una situación diferente a la de EEUU en la medida en que allí se ha optado por una monetarización de la deuda, lo que tiene distintas implicaciones de inversión, pues la inflación será algo mayor en el medio plazo, aunque a largo plazo (hasta diez años) será un problema mayor para todos ante la presión del aumento de la demanda en el mundo emergente. “En los próximos de 3 a 5 años, en EEUU los inversores estarán preocupados por la inflación y por mantener el valor de la divisa, orientando sus carteras al crédito y a activos reales, mientas en Europa, ante el riesgo de deflación, la preocupación clave estará en la preservación de capital, un tema más importante que la búsqueda de crecimiento en activos como la renta variable”, indica.

Dos caminos divergentes

Por ello, cree que, como alternativa al camino de quiebras que le espera al Viejo Continente, Europa puede optar también por una monetarización de la deuda, siempre que Alemania tome conciencia de que lo que ocurre en la Europa periférica también pone en peligro su economía y, frente a esa "pura austeridad", se decida a realizar cambios y a permitir al BCE que ayude a la recuperación del sistema financiero, con la consiguiente mejora de las condiciones de crédito y la generación de crecimiento. “Las dos opciones son posibles, las presiones forzarán a que se vaya en una u otra dirección”, dice.

En este contexto, cree que los inversores han de empezar a posicionarse de forma global, para aprovechar el crecimiento mundial pero sin exposición a los problemas. De hecho, estar fuera de Europa es una de las posibilidades, pues el mercado no ofrece demasiada prima para compensar la actual incertidumbre. Y hay que estar en los emergentes que, aunque se verán impactados por los problemas en Europa a corto plazo, cuentan con herramientas para contrarrestar la menor demanda extranjera, a través de unas políticas monetarias que han empezado ya a moverse.

“Hay que abrir los ojos y mirar de forma global, pues algunos emergentes están comportándose como desarrollados y viceversa. Las agencias de calificación no aceptan el cambio con suficiente rapidez y son lentas al ver la realidad”, dice, hablando de las oportunidades en crédito en mercados en desarrollo y en la Europa más castigada, con ratings inapropiados.

Además de globalidad, otras claves de la gestión de Pimco son la flexibilidad -con productos de retorno absoluto que permitan también cubrirse ante potenciales problemas- y la atención a los riesgos de cola. Para ello, apuestan por una gama de fondos con una volatilidad típica de la renta fija -con fondos como el Pimco GIS Unconstrained o el Corporate & Income Opportunity- y otra multiactivos, algo más volátil pero que también permita aprovechar el potencial de la renta variable cuando las valoraciones sean más atractivas. “La renta variable global no ha puesto en precio el escenario económico”, asegura.

Para el experto, la represión financiera y rentabilidades reales negativas en bonos públicos persistirán, pues “es la única forma de que los gobiernos puedan desapalancar sus balances sin consecuencias significativas”. Buscar protección en el oro es otra forma de protección, aunque pagando el precio de una volatilidad mucho mayor.

Elecciones griegas

Para el experto, la incertidumbre podría empezar a despejarse tras las elecciones griegas, aunque Parikh cree que el proceso heleno sólo tiene “potencial para convertirse en un punto de inflexión”, y no lo será necesariamente. “El mercado espera una salida de Grecia del euro, y tiene razón, porque tarde o temprano Europa se dará cuenta de que sus transferencias de dinero al país tienen un resultado muy bajo, visto su historial de defaults”, explica, indicando que sólo es sostenible que se mantenga en la moneda única si sigue recibiendo dinero de fuera. 

En cuanto a las consecuencias, cree que Europa en conjunto tiene armas para frenar el contagio pero la clave está en la distribución de pérdidas, de forma que si Alemania no percibe grandes pérdidas de la salida griega, obligará a cada uno a construir de forma individual su pararrayos. Si se ve afectada, pagará el precio de construirlo para todos. Y es que Berlín "quizá puede permitirse la salida de Grecia, pero no de España".

Con respecto al rescate bancario español, cree que está claro que los actuales bonistas tendrán menor prioridad de cobro que los rescatadores europeos pero es confusa la forma de gestionar el rescate. Para Parikh, la mejor forma de hacerlo sería que el Gobierno tomara los 100.000 millones, recapitalizara todo el sector bancario y forzara a los bancos a comprar deuda pública para fortalecer todo el sistema y encender la chispa del crecimiento, aunque no hay pistas de que pueda ser así. El gestor tiene además la sensación de que el Gobierno está actuando de “forma orgullosa cuando no tiene otras opciones”.

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