La duración vuelve a ser el mejor amigo del inversor en renta fija


Al igual que los bancos centrales han cambiado de rumbo en su camino hacia la normalización monetaria, el inversor en renta fija también debe adaptar su cartera al nuevo contexto. “Creemos que la Reserva Federal no volverá a subir tipos en este ciclo y el mercado lo está descontando”. Así de contundente se posicionó Marika Dysenchuk, especialista de producto de renta fija flexible de JP Morgan Asset Management, en una reciente visita a España. Y esto tiene implicaciones para las carteras de renta fija. Tras años en los que han destacado entre los selectores los fondos de corta duración, ahora la experta insiste: “La duración vuelve a ser su amiga”.

Es una apuesta que se está reflejando en dos de los fondos de renta fija más unconstrained de la firma, el JPMorgan Funds - Global Bond Opportunities Fund y el JPMorgan Funds - Global Strategic Bond Fund, ambos con calificación Blockbuster. El primero, que tiene un sesgo más agresivo, tiene una duración de 4 años. El segundo, de 1,6 años, pero Dysenchuk afirma que están trabajando para aumentarlo.

El equipo gestor detrás de ambas estrategias arranca con bastante optimismo el año, pese a la ralentización económica. “Hay señales tentativas de una estabilización”, explica Dysenchuk. Por ello, encuentran bastantes ideas interesantes en el universo de renta fija. La duración es una de ellas, porque además la inflación no parece que vaya a regresar a escena en el corto plazo.

También ven valor en el segmento de BBB, pese a la negatividad que le rodeó en 2018. “El mercado sobrereaccionó, fue como una cacería de brujas. De hecho, con las correcciones incluso se ha abierto ventanas de valor selectivas”, defiende la experta. Es cierto que el año pasado preocupó mucho el excesivo apalancamiento de algunas compañías, pero como recuerda, estas han demostrado saber escuchar a los inversores y corregido parte de ese exceso. 

Cómo reacciona la deuda emergente al fin de las subidas

El inversor que aún no ha asumido mayor riesgo en su cartera a la espera de mayor claridad puede estar preguntándose si ha perdido la ventana de entrada. “El dinero fácil ya se ha logrado, pero aún hay recorrido simplemente con el carry”, afirma Dysenchuk.

Un ejemplo es donde aún ven valor es en la renta fija emergente. 2018 fue un año muy complicado para la clase de activos, donde los vientos soplaban en su contra. Los bancos centrales de dichos países se vieron obligados a asumir políticas monetarias más restrictivas para mantenerse en línea con lo que hacía la Fed y no porque así lo requiriesen sus fundamentales. “Ahora pueden volver a centrarse en su historia doméstica”, asegura Diana Kiluta, gestora de renta fija emergente de JP Morgan AM.

Y esa vuelta a una postura acomodaticia por parte de los bancos centrales es lo que está dando alas a los activos emergentes. Como se aprecia en el gráfico a continuación, los emergentes tienden a subir con fuerza en los periodos posteriores a una pausa de la Reserva Federal.

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Es cierto que la deuda emergente ha tenido un buen recorrido desde entonces, pero no se puede decir aún que sea un nicho sobreexplotado. De nuevo en el gráfico se aprecia cómo incluso tras 60 días del último movimiento de la Fed hay recorrido.

Como recuerda Kiluta, el rally se explica sobre todo por el carry y la duración, y los inversores aún están siendo selectivos. Aún así, reconoce estar mirando en áreas menos favorecidas hasta el momento: high yield soberano, rotando de crédito a deuda local y favoreciendo duración en moneda local.

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