La deuda emergente... un activo no tan seguro, según M&G Investments


El mercado ha estado tratando la deuda de los mercados emergentes como un activo refugio que en realidad no es, según Michael Riddell, gestor de renta fija de M&G Investments. De hecho, considera que la evolución del precio de los bonos en “hard currency” desde hace unos meses ha estado estimulada de forma artificial, pues por ejemplo el bono a 30 años de Brasil ha perdido 100 puntos básicos frente a los estadounidenses.

 

“Aunque parecía que los emergentes ofrecían aún valor en divisa local, y que el sobrecalentamiento necesitaba enfriarse permitiendo la apreciación de las divisas mientras los mercados desarrollados necesitaban una fuerte devaluación para restaurar la competitividad, restaurar el crecimiento y reducir la deuda, ahora tengo poca confianza en que esto suceda pronto”, comenta.

 

Para Riddel, la deuda emergente ha visto grandes flujos de entrada por parte de inversores tanto institucionales como retail, fondos soberanos y fondos de pensiones, en los últimos años, atraídos por los mejores fundamentales de estos países. Pero, a su juicio, aunque muchos de esos beneficios son válidos, “es importante tener la mente abierta sobre los riesgos de los mercados emergentes, que pocas veces logran captar la atención”.

 

El experto menciona los problemas que está causando el fortalecimiento del dólar (que encarece la deuda externa en dólares, y sobre todo porque la negociación entre divisas asiáticas frente al dólar es muy común), así como los grandes flujos invertidos en divisa brasileña frente a la japonesa, haciendo que los esfuerzos de las autoridades por contener la apreciación del real fueran vanas. Para Riddle, si la crisis de la Eurozona continúa, ello traerá consigo un dólar y un yen fuerte, lo que tendrá implicaciones en la deuda emergente en divisa local: entre ellas, el cambio de sentimiento hacia el activo, pues si hasta hace una semana estaba “a prueba de balas”, la situación está empezando a cambiar, con las fuertes ventas de la semana pasada.

 

“Un cambio de tendencia desde los flujos positivos hasta los negativos en la deuda emergente desembocaría en una gran falta de liquidez y mayores costes en los préstamos de estos mercados y sería injusto que los gobiernos dependieran únicamente en dichos flujos de capital para financiarse”, explica.
 

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