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La demanda y la oferta de fondos ISR, bajo el microscopio


El volumen que manejan los fondos de inversión ISR no deja de crecer; lo ha hecho a un ritmo superior al 20% en los últimos cuatro años. Los clientes los piden, y las gestoras los ofrecen. Expertos en inversión socialmente responsable analizan esta evolución en un desayuno organizado por Funds People y patrocinado por Nordea.

Hay mucha información que llega y cala en la sociedad y que está estimulando esa demanda, desde los temas relacionados con el cambio climático, la economía sostenible o la justicia social. Jorge González, seleccionador de fondos ISR para carteras discrecionales y fondos de fondos de Tressis, explica que hay muchos factores sociales que han propiciado que la sociedad tenga más en cuenta los factores éticos a la hora de tomar sus decisiones de inversión: la firma de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), la Cumbre de París, la encíclica presentada por el Papa Francisco sobre medioambiente… Pero no solo eso.

También hay factores económicos que lo propician: “El entorno de mercado, con unos tipos de interés muy bajos, ha empujado a los clientes a buscar alternativas de inversión, y ya que se salen de su zona de confort al buscar nuevas alternativas se han apoyado en estos valores”.

Jordi Balcells, responsable de ISR y de las inversiones de crédito de VidaCaixa, explica que los principales receptores de esos mensajes sociales son también los que cada vez piden más esos instrumentos de inversión, y esos son, según explica, la gente joven, los millennials, “es un segmento especialmente sensibilizado con este tema que demanda, cada vez más, una inversión responsable”.

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Mujeres y millennials, los más interesados

Alberto Estévez, responsable de fondos mixtos e ISR en el departamento de inversiones de BBVA, también percibe que hay determinados nichos que demandan más estos productos, como los clientes de alto valor patrimonial, las mujeres, los millennials o la Generación X. Pero añade que hay estudios que corroboran que las personas de mediana y avanzada edad, aunque no priorizan tanto estos temas, sí que muestran un gran interés por invertir con criterios ISR. Está convencido de que en un futuro la demanda irá a más: “No nos parece sostenible que tres de cada cuatro personas tengan como actitud de vida reciclar, y en cambio solo uno de cada cuatro invierta con criterios ISR. Pero también es verdad que, según algunos estudios, si lo que se plantea es la inversión de aquí a tres años, dos de cada cuatro tienen planes de integrar más este tipo de inversión en cualquiera de sus vertientes”.

David García, responsable de ISR de Santander Asset Management, considera que la demanda de estos productos está muy vinculada al conocimiento financiero: “En España el conocimiento medio a nivel financiero probablemente esté por debajo de la media en Europa, y este tipo de inversiones, que requiere de una mayor profundidad de análisis y de conocimiento está claramente vinculado a aquellos que llevan más años en el mundo financiero, más años invirtiendo, o que tienen más conocimiento”. Por este motivo, explica que la ISR se ha desarrollado fundamentalmente a partir del inversor institucional; y en segundo término, los clientes que más reclaman este tipo de fondos son los de banca privada.

Jorge González destaca que hace unos años tenían un nicho muy claro, el de las instituciones religiosas; y a partir de los últimos tres o cuatro años han observado el crecimiento de la demanda en el ámbito fundacional: “Fundaciones y ONG están empezando a tener en cuenta los factores ASG a la hora de gestionar el patrimonio para que los objetivos que tienen como fundación o ONG también sigan vinculados con sus inversiones”. Y de ahí, según explica, sale otro nicho de mercado, el de los patronos de esas fundaciones, que también se animan a invertir con esos criterios su patrimonio personal: “Ese ha sido otro nicho que hemos encontrado y en el que hemos visto crecimiento de la demanda”.

Inversor institucional vs. inversor retail

Cristian Balteo, representante de Ventas para clientes mayoristas e institucionales de Nordea Asset Management en la Península Ibérica, explica que la demanda a nivel particular (incluyendo el segmento de banca privada) es la que más ha aumentado, pero también es cierto que el punto de partida era más bajo. En cualquier caso, comenta que “el inversor institucional, más sofisticado a nivel financiero, tiene más claro lo que quiere y en qué tipo de inversión ISR quiere enfocarse; y si no lo sabe puede absorber la taxonomía más rápidamente”. En cambio, “la demanda a nivel retail es más difusa, viene más del lado de los valores; mientras que el institucional puede tener los valores o no, pero entiende el beneficio de tomar decisiones de manera informada y entiende que esa inversión no va en perjuicio de sus rentabilidades”.

Centrado en la demanda retail (en este caso sin tener en cuenta la banca privada), Javier Garayoa, director general de Spainsif, considera que su crecimiento es más lento, ya que supone la comercialización de la ISR en España a través de las redes bancarias minoristas: “Yo creo que todavía es una asignatura pendiente aunque las expectativas son muy positivas”.

Las características de la demanda de estos productos condicionan su propia evolución. David García explica que como quien la lidera son los clientes con mayor conocimiento financiero, que ya tienen experiencia en ISR, ahora lo que piden es mayor visibilidad de esa inversión: “Además de aplicar los criterios ASG, quieren ver resultados, el impacto de sus inversiones en las áreas ambiental, social y de gobierno corporativo”. Añade que se están enfocando mucho no solo en valorar el comportamiento de las compañías, sino en analizar qué negocios de esas empresas son sostenibles en el futuro, cuyo marco lo están creando los organismos reguladores con iniciativas como el Acuerdo de París.

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Hacia un concepto 100% integración

La evolución de la demanda en España también depende del grado de maduración de la oferta. Según Alberto Estévez, “ahora en España, a nivel general, solo se utiliza el criterio de exclusión, que es el más sencillo y el que integraría todo el mundo. Pero es importante llegar a un grado de maduración superior y alcanzar una integración en el análisis financiero, no solamente en renta variable sino también en gobiernos y en crédito porque son tomas de decisiones más completas y que añaden a lo mejor del mundo fundamental el mundo de la inversión socialmente responsable”.

Jordi Balcells comenta que la oferta ahora está centrada en inversiones temáticas: energía renovable, tratamientos de agua, microfinanzas…, “y creo que debería ir evolucionando hacia un concepto de 100% integración, a que cualquier inversión que se realice desde una entidad incluya ya los conceptos ASG porque hay información como para hacerlo”. Afirma que “en los primeros momentos eran conceptos muy éticos, muy de valores, muy conceptuales, pero ahora ya tenemos datos suficientes como para analizar una inversión, para tener no solo en cuenta los aspectos ASG sino también los financieros. No hay motivo para no incorporarlos y este es precisamente el enfoque que damos en VidaCaixa: todos nuestros activos se analizan bajo criterios de inversión responsable y hemos obtenido la máxima puntuación por parte de los Principios de Inversión Responsable de Naciones Unidas”.

La oferta crece como consecuencia de la mayor demanda, y no al contrario, al menos en el ámbito institucional. “En este segmento, casi siempre, quien tira es la demanda de productos y posteriormente va apareciendo la oferta, en algunos casos respondiendo de forma inmediata al detectar un potencial de negocio”, afirma Javier Garayoa, que pronostica que en este segmento España pronto se colocará al nivel del resto de mercados de nuestro entorno. Destaca sobre todo la evolución en el caso de los planes de pensiones de empleo, donde ya la incorporación de criterios ASG supera más del 50% del total.

Como conclusión, la demanda ha aumentado, la oferta ha aumentado, ahora falta una cosa, “conectar la oferta disponible con la demanda y llenar lo que llamamos el gap de expectativas entre lo que el particular va a pedir y lo que nosotros somos capaces de ofrecer”, explica Cristian Balteo.

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