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La CNMV aprueba la EAFI número 75: Ramón Díaz Zárate EAFI


El sector del asesoramiento independiente sigue creciendo. Así, CNMV acaba de aprobar el registro de Ramón Díaz Zárate EAFI como EAFI número 75. Con ella, y contando con una baja producida recientemente, la industria se compone ya de 74 entidades de asesoramiento independiente según los parámetros recogidos en la normativa MiFid.

 

Registrado como persona física, Zárate ha emprendido su segundo proyecto en el mundo de las EAFI tras abandonar hace meses -junto a Zunzunegui- la entidad Lamothe & Zunzunegui, de la que fue socio y promotor. Una insistencia que demuestra su confianza y apuesta en el sector, aunque considera que la idea de lo que debe ser una EAFI no se ha entendido bien y existen aún muchos retos por delante. “Los modelos de negocio de las EAFI no son homogéneos, se están definiendo, y un porcentaje demasiado elevado de potenciales destinatarios del servicio desconocen su existencia”, asegura. Por ello, prevé que el crecimiento en cuanto a número de entidades no sea elevado aquí a final de año. “Habrá nuevas incorporaciones pero con cuentagotas”, afirma.

 

Zárate, que desde la solicitud ha conseguido la autorización definitiva en un periodo de tiempo relativamente corto “como consecuencia de la experiencia a la hora de plantear el modelo de negocio al organismo regulador”, concibe el negocio del asesor como “un médico de cabecera con una especialización, y con capacidad de diagnóstico y propuesta de tratamiento inmediata”, que equivaldría a dar soluciones financieras a las necesidades reales del cliente, y en función de su perfil de riesgo. “En el desarrollo de esta actividad, “se asesora al cliente,  nunca se gestiona”, matiza el experto. Una actividad por la que cree que hay que cobrar del mismo: “La EAFI, debe dejar claro al cliente que sus ingresos no son proporcionales a la mayor o menor contratación de instrumentos financieros por parte del cliente, sino del número de servicios demandados por éste”.

 

La especialización de la EAFI –que por activos es la renta fija, tanto pública como privada- viene definida por el perfil de cliente al que se dirige: los minoristas, tanto inversores privados como pequeñas empresas y micro-pymes. En el primer caso, “tratando de estimar la adecuación del riesgo de los instrumentos que componen la cartera del particular con respecto a su perfil real”, lo que exige, “una auditoría de los procedimientos previos de compra y, posteriormente, un análisis de su eficiencia”. Para ello, hay que ampliar la cantidad de productos  que se ofrecen al cliente, dice Zárate, ya que “un porcentaje muy elevado de las inversiones que éste realiza se materializan en activos con elevados comisiones y/o rentabilidad financiera nula”.

 

En el segundo caso, el de las empresas, su propuesta irá encaminada a “aquellos que no tienen capacidad económica de contar con un departamento financiero interno, lo que les ha llevado a cometer errores en el pasado que han cuestionado su propia supervivencia, al no tener especialistas en valorar y gestionar los riesgos del balance”. En este sentido, la propuesta de la EAFI a este colectivo pasa por “la externalización del departamento financiero”.

 

La EAFI justifica su solicitud como persona física, frente a la alternativa de forma societaria, porque “la capacitación profesional que se obtiene es idéntica en ambos supuestos, pero los costes de estructura de la opción elegida, son los que más se aproximan tanto a la realidad económica actual como a la maduración de los procesos en la toma de decisiones de los clientes a los que se dirige la oferta de servicios”.

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